Patricio González Colville señala que el estudio proporciona una base para la formulación de acciones de mitigación y adaptación frente a los desafíos que plantea el cambio climático.Fue en noviembre del año pasado, durante la realización del 72° Congreso de la Sociedad Chilena de Ciencias Agronómicas, en Iquique, que el agroclimatólogo e investigador del Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología (CITRA) de la Universidad de Talca, Patricio González Colville, presentó el estudio «Análisis Climatológico e Indicadores de Tendencias mediante Ajuste Lineal de las Temperaturas Máximas Extremas de Verano en Santiago, Talca, Chillán y Los Ángeles», análisis que marca un hito significativo para la estimación probabilística respecto a la ocurrencia de temperaturas máximas extremas.
En particular, el estudio estableció indicadores de tendencia que proyectan registros térmicos entre 37°C y 41°C durante enero y febrero para los años 2024 a 2026, fenómeno que ya está en desarrollo. El período analizado abarcó desde 2000 al 2023, detectándose señales que indican que cada año se debieran registrar temperaturas máximas extremas superiores al año anterior.
Uno de los colaboradores del estudio y especialista en modelamiento matemático, William Campillay-Llanos, destaca los resultados obtenidos, poniendo énfasis en la complejidad intrínseca respecto de la estimación meteorológica estacional.
Campillay-Llanos ilustra la dificultad de anticipar las condiciones climáticas mediante la analogía del efecto mariposa, teoría presentada por el matemático y meteorólogo Edward Norton Lorenz en 1963. Esta noción sugiere que pequeñas perturbaciones en un sistema altamente sensible, como el aleteo de una mariposa en Chile, pueden desencadenar resultados caóticos e imprevisibles, como provocar una tempestad en Nueva York.
Al respecto, el experto explica que, a pesar de los desafíos inherentes a la interpretación de datos climáticos, “hemos logrado identificar una tendencia y señal clara, desde nuestra perspectiva elegante, en las temperaturas extremas máximas, lo que nos capacita para estimarlas, dentro de ciertos rangos, en el corto plazo y mediano plazo”. No obstante, acota, lo expuesto “no significa un pronóstico con fechas determinadas, sino que establece escenarios, para enero y febrero, respecto a qué valores máximos extremos se podrían registrar, dentro de probabilidades calculadas”.
Mientras tanto, Patricio González Colville resalta la importancia de esta investigación al establecer un patrón preciso, “proporcionando así la base para la formulación de acciones de mitigación y adaptación respecto a políticas públicas frente a los desafíos que plantea el cambio climático”. Este enfoque innovador, agrega el investigador, “no solo permitirá enfrentar los efectos adversos, en temas de vulnerabilidad agrícola y de escenarios propicios para incendios forestales expansivos y eruptivos, sino también construir un futuro sostenible, frente al incierto panorama climático que se avecina”.