
Hace unos días, yo titulaba esta Columna como “Giro a la diestra”, intentando explicar el fenómeno político que se ha venido configurando estos últimos años, particularmente desde 2020, por el cual la ciudadanía de numerosos países ha decidido, democráticamente, entregar su conducción a líderes identificados con ideas y posturas conservadoras en lo político y liberales en lo económico. Con matices, porque el mundo no es uniforme y las posturas políticas tampoco (hay diferencias entre el conservadurismo moderado, la derecha liberal o una derecha populista, nacionalista o autoritaria), los norteamericanos, los ecuatorianos, los italianos, los argentinos, los japoneses y varios más, han elegido gobernantes con aquellos planteamientos. Si es que el mundo tiene oleaje, pareciera que las olas se alejan de la izquierda socialista y estatista, aproximándose más a la derecha. El oleaje ya se advierte en nuestras costas. Es cosa de esperar, unos pocos días, para comprobar este rumbo hacia la diestra.
La pregunta, que hago nuevamente, es: ¿qué ha llevado a estas sociedades a tomar tal determinación? La cultura, la madurez y la responsabilidad cívica de muchos de ellos no se pone en duda. Algunos podrán ser democráticamente más recientes y otros más experimentados, pero supongo que todos aprecian la democracia y valoran tomar decisiones políticas soberanas. Entonces, ¿qué les ha hecho alejarse del “progresismo”, como dice el eufemismo actual cuando se quiere decir izquierda?
En una primera aproximación, habría que señalar que este auge de gobiernos de derecha se explica por una combinación de factores económicos, culturales y políticos, que han generado descontento con las élites tradicionales y han favorecido discursos nacionalistas, autoritarios y anti-establishment. Se advierte un enorme desencanto con el progresismo y las élites. Por ejemplo, tras décadas de gobiernos progresistas en América Latina y Europa, muchos ciudadanos perciben que sus problemas no fueron resueltos: inseguridad, desempleo, corrupción y desigualdad persisten. En algunas sociedades, más bien se han acentuado. Mientras, la derecha se presenta como una alternativa “fresca”, que promete orden, eficiencia y ruptura del statu quo.
Por otra parte, no se debe subvalorar el impacto que ha significado la actual crisis migratoria y el miedo identitario. Así, por ejemplo en Europa, el aumento de la inmigración musulmana e hindú ha sido oportunamente utilizado por varios partidos de derecha para promover políticas antiinmigrantes y reforzar la identidad nacional. El discurso que exalta la “defensa de la cultura” frente a lo extranjero, ha calado profundamente en amplios sectores de la población. Así también, en esta somera aproximación al fenómeno político conservador se debe considerar el impacto de las redes sociales. La desconfianza en los medios de comunicación tradicionales, ha llevado a muchos a informarse en canales alternativos, donde la derecha ha sabido posicionarse. Numerosas plataformas digitales han amplificado mensajes simplistas, emocionales y polarizantes, que favorecen a líderes de derecha con discursos directos y provocadores. Trump, Milei y otros, son ejemplo de lo dicho.
En este breve listado no debe olvidarse que en países como Argentina, México o Brasil (y Chile), el aumento de la criminalidad ha sido aprovechado por candidatos de derecha que prometen mano dura, mayor control policial y más rigor en las sanciones penales. Tampoco debe omitirse el que la inflación (pensemos en Argentina), el desempleo y la precarización laboral han generado frustración. Mientras, la derecha propone con singular sintonía, medidas de liberalización económica, una drástica reducción de la administración pública y una mejor focalización del gasto social.
Pero lo que es indudablemente cierto, es el riesgo de caminar por el borde del autoritarismo. Muchos ciudadanos de las sociedades comentadas ven la democracia como crecientemente ineficiente o corrupta. Y este eventual desprecio democrático puede ser la puerta que permite que líderes autoritarios, que prometen resultados rápidos o extra-institucionales, crean que el respaldo ciudadano les autoriza todo, les permite todo o les justifica todo. La vieja divisa de Manuel Montt, “la libertad dentro del orden” cobra más sentido que nunca.
Juan Carlos Pérez de La Maza
Licenciado en Historia
Egresado de Derecho








