
El placer de hacer rutina el ejercicio de las ponencias, ese hábito al borde de lo delirante cuando se replica en más de tres días hablando y escuchando sobre el tema puntual de la filosofía política y su objeto contemporáneo en la democracia. Así fue el Congreso Nacional de Filosofía en la UCM entre el 4 y el 7 de noviembre, que tuvo desde una estupenda feria de libros en la alamedilla de la universidad hasta cena de cierre en la ya clásica Quinta la Chanchá, y un tour por supuesto por la viña Erasmo. Incluso un shot de lluvia quiso decir presente. Es que el hálito de producción y experiencia educativa fue más que significante, sobre todo cuando la ciudad se vestía de protesta al enfrentar a la Municipalidad y sus finanzas con respecto a la siempre convocante intención educativa. Educación y política refractaron, desde Talca, una vez más, como capital de acontecimientos, lo que en síntesis introduciría las nuevas elecciones presidenciales, por algo el tópico del congreso se titulaba: “Los demonios de la Democracia”.
Pensando en las presidenciales 2025, en vistas de los diversos contenidos tratados en el reciente congreso podemos rescatar una idea, una sola idea aislada de su ponencia incluso, una molécula que abre otra nueva sospecha por la democracia contemporánea, la que se dijo como sin relevancia, pero que a las intuiciones de la filosofía de la inmanencia (Spinoza, Deleuze, Negri, Foucault) ablandó, como cuando se cosecha un níspero, el vigor del movimiento donde se nutra la desplazada soberanía social. Esta idea es la siguiente: “el sufragio es una unidad contable”, es decir, se convierte en una unidad contable, que pierde su movimiento colectivo y la sociedad como conjunto queda irrepresentada. De esta manera, la sociedad entera, no puede sumarse al poder. El sufragio entonces es una expresión atómica, individual y no colectiva, cuando en el fondo la democracia es la expresión del conjunto entero.
Por ejemplo, coloquémoslo así: ¿cuánta es la presión necesaria que debiese manifestar lo colectivo, digamos una marcha de cuatro cuadras como la de estudiantes y profesores, para generar un cambio? Lo ocurrido con el PADEM 2026 de la Municipalidad de Talca me refiero, tal manifestación, significativa en adherentes, al menos hizo modificar un poquito el Plan Anual de Desarrollo Educativo, pero ¿cuánta manifestación podría haber sido necesaria para haber cambiado el curso de su aprobación? Solo intento colocar las cosas en perspectiva, ¿cuánto cambio genera un voto y cuánto una manifestación? Considerando, además, que las posibilidades que refiere el voto son las ya dadas de antemano por los interpretadores de la realidad que son la clase política representativa. Lo podríamos dejar hasta aquí y con eso ya diríamos bastante, pero no desaprovechemos la instancia divulgativa.
El autor de la idea es Claude Lefort que plantea que “ante el telón de fondo del totalitarismo [la democracia] adquiere un nuevo relieve” (Ensayos sobre lo político. 1990). Este filósofo, que conocí en una de las charlas, es instituyente, igual que Negri, y es también otro pilar para el castillo que se levanta por quienes ven en el movimiento una verdad por sobre la fijación y la trascendencia. Cuando se dice que la democracia es un ejercicio, y no algo prefijado, arjoniano incluso, “Jesús es verbo y no sustantivo”, se habla de esto, del movimiento antes que la estipulación dada. Entonces el voto, ¿qué es el voto? Qué hace el voto más que repercutir y refractar, palabra nueva favorita, el sistema político que aún variando de un gobierno azul a rojo sigue estableciendo el mismo orden de vida injusto y desigual. Ya lo hemos reiterado harto, los cambios necesarios son constitucionales, el resto es arroz para sostener el orden establecido.
Eso nos hace preguntarnos, y bueno ¿cuáles fueron los cambios de Boric? ¿Se acabó el neoliberalismo? Enfermedad y vicio brutal de libertad excesiva del mercado que en Chile está inserto en la Constitución como muy pocos países en el mundo. Bueno, no, estuvo a punto eso sí, le faltó un pelito en el plebiscito. Pero ¿hizo de la educación su pilar de gobierno otorgando gratuidad al 100%? O ¿acabó con las AFPs que humillan y desplazan a nuestros jubilados? El ánimo por el bienestar nacional no se traduce entonces en un gobierno, se traduce en cambios instituyentes. Por eso Lefort dice que la “democracia” en este sistema que conocemos es la validación y reconocimiento de una minoría por parte de las mayorías, y que cuando la mayor condición de lo social que tiene que ver con las fuerzas de las relaciones y las comunidades, el encuentro y la multiplicidad, el ejercicio representacional diluye todo eso y “el ciudadano se ve extraído de todas las relaciones en las cuales se desarrolla la vida social para ser convertido en unidad contable: un hombre, un voto. El número sustituye a la sustancia” Sergio Ortiz Leroux, en “La interrogación de lo político: Claude Lefort y el dispositivo simbólico de la democracia”. Eso es lo que llama el francés “el vacío simbólico del poder”. Para nosotros, el maquillaje artificial de la democracia, el ajuste “participativo” de la derogación de la monarquía, pero de eso ya han pasado casi 240 años. En el fondo, la premisa monterrosa “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Franco Caballero Vásquez









