
Ahora entiendo cuando se dice que la educación es una batalla permanente. Es una batalla que se repite una y otra vez. Para ajustar la postura de esta tesis, podemos decir, incluso antes que “permanente” que es “cíclica”, porque cada cierto tiempo requiere de actuar con más y nuevas fuerzas. Es permanente esa hondura, esa pérdida, esa necesidad, el analfabetismo se vuelve reiterativo. Digámoslo bien ahora, la educación es una batalla reiterativa, que requiere cada cierto tiempo volver a levantarse con la energía suficiente como para cambiar aquello que amerita. Mientras exista educación existirá esa energía.
Ciencia y esoterismo coinciden en el transcurso en espiral de los crecimientos, de la Historia. Desde la ciencia dicho en tanto dialéctica como resultados de un cruce entre tesis, antítesis y síntesis, la que se torna tesis para una nueva antítesis y así; figura de la espiral. La figura del uróboro es como una medalla de la espiral, porque la reiteración existe, pero como bien nos muestra Deleuze en “Repetición y diferencia” (1968), la reiteración existe, pero nunca es de lo mismo, es como unir las caricaturas de Parménides con Heráclito, el río es el mismo en tanto que se repite, pero esa repetición no significa que sea exactamente la misma, es una repetición diferente en todo momento. El uróboro entonces, como un extracto de la espiral.
Ciñámonos a la realidad que amerita, a la sociología de la causa, a la contemplación de la vida actual, allí donde la educación no se mancha con las expresiones políticas, que si bien inmiscuidas, fluyen por vertientes diferentes que acontecen con mayor facilidad y con causas mayormente identificables, sus expresiones se comprenden propias de lo político. Da miedo decir esto, porque los defensores y por tanto, beneficiados del orden establecido, podrían querer clausurar las escuelas y fomentar en su costosa propaganda un culto a la educación atomizada, a la instrucción en casa sin compañeros, ni compañeras. Prohibir todo lugar donde se reúnan muchas personas, donde esas personas aprendan juntas y que más encima se organicen, eso no, porque en lo colectivo está la revuelta. En tiempos de crisis podemos advertir la simpleza de las estructuras, y así volvemos a lo más básico, poder contra población. Gracias a Dios existe la democracia, para que los beneficiados no se impongan. En el fondo las manifestaciones generan mucho menos violencia que las individualidades. Las decisiones individuales han generado mayor daño a la humanidad que las expresiones colectivas.
Por eso cuesta tanto atender a la filosofía de política deliberativa, porque parten desde la idea de que no existe un sistema trascendente (como el del neoliberalismo), no existe una disparidad entre quienes idean las realidades y quienes las padecemos. Por eso la educación es una batalla, es una acción, igual que la democracia, son verbos, algo que hacer para que funcionen, si no hacemos nada no funcionan. La realidad de los cuerpos, horarios, rutinas, ejercicios, goces, alimentaciones, que corresponden a la forma de vivir, es una consecuencia de sistemas ideados, eso es lo primero que debe considerar la política, por lo que hacerse histórico, que antes era volverse marxista, implica que las cosas las veamos puestas en su historial contextual. Si se quiere conocer la historia del neoliberalismo se puede encontrar en el libro de Christian Laval y Pierre Dardot titulado “La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal”, es un libro que analiza y profundiza el “Nacimiento de la biopolítica” de Foucault. Ya más en lo filosófico el Mil mesetas o el Anti Edipo de Deleuze y Guattari, y tantos otros autores que evidencian los problemas que tiene poner al mercado como lo más alto de la pirámide política. Cuando dice la ciencia ficción que vivimos en un simulacro se refiere a eso, a que hay sistemas que producen y reproducen las formas de vivir de las personas, y ahora para peor, las formas de sentir, de pensar y de actuar. El sistema comienza a dar coletazos como un cocodrilo enfermo. Que vuelva el espíritu de Pedro Aguirre Cerda.
La sociedad convertida en Gollum, perseguidora del anillo, abatida por la ambición que lo arrastra detrás de la argolla dorada. La explotación sigue siendo la misma, antes notoria. El empleado de fábrica podía lesionarse un brazo y se le notaba, pero ¿cómo se nota el estrés crónico del laburo actual? El trabajo siempre a costa del sacrificio del cuerpo. Antes fueron los músculos, hoy es la cabeza, y se lo estamos trasladando, para peor, a todas las generaciones. Niños con ansiedad, estrés. Abuelos tensos y sobre pensadores. Deterioros laborales que ya no se ven, sino que se sienten.
Hoy, una vez más, como tantas veces, necesitamos volver a Educar. No lo digo melancólicamente como para decir “que vuelva Teleduc” a la tele, aunque si lo tomara la UCM sería espectacular, con estudiantes aficionados al Teatro recreando escenas familiares y personales. Teleduc estuvo más de 20 años en TV, tenía capítulos de “Comunicación efectiva” o incluso pequeña serial tipo programa de aprendizaje llamado “Creación de nuevos negocios” y con Claudia di Girolamo y Pancho Reyes por lo demás. Solo lo digo ante esta sospecha por la carencia educativa donde las infancias marginales se desprenden de los deberes y derechos de la infancia. Diluyen su formación instructiva y la escuela se torna una participación opcional. Por otra parte, se habla de universidades escolarizadas, de resecamiento de ojos en el scroll (acción de deslizar texto, imagen o video por una pantalla o monitor), de nuevos analfabetismos. Sucumbimos ante una realidad estrecha.
La Educación vuelve a estar en el tapete, si se extendió con la ley LOCE de 1990 para llegar a todos los rincones del país, ahora habría que hacer lo mismo, a diferencia de que si antes la necesidad del alcance fue geográfica, ahora tendría que ser socioeconómica ¿El SLEP podrá contribuir, como jugada del Estado, a la distribución equitativa de la educación? Todavía no lo sabemos, al menos es un cambio; en el papel contribuye a equiparar las aguas, cuando las municipalidades se administran como almacenes independientes del supermercado que las solventa. A futuro podremos saber si el SLEP sirve para equiparar los talentos los cuales están —como reza el programa PACE— “distribuidos de manera equitativa en la población”, lo que significaría que mi ciudad, mi pueblo, mi Municipalidad, no me determina según nivel de riqueza o pobreza, lo que ya es significativo. Pero eso lo dirá el tiempo, ojalá sea como el Transantiago que pasó de ser vapuleado a un orgullo para el país.
Franco Caballero Vásquez









