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Entrevista: “Si se ve el mundo actual, tendríamos que pensar que Freud no se equivocó”

En “El Psicoanalista desnudo”, Gabriel Dukes se sumerge con las herramientas del psicoanálisis para comprender el complejo mundo actual. “Ser psicoanalista es una formación difícil y larga”, precisa Dukes (por Mario Rodríguez Órdenes)

“El psicoanalista desnudo” (Editorial Forja, 2025) de Gabriel Dukes, presenta una narrativa que entrelaza con soltura la intimidad del consultorio con intrigas institucionales, amores ilícitos y un pasado marcado por la culpa y la pérdida.

Con una prosa ágil, confesional y cinematográfica, el autor ofrece una historia que invita a mirar de cerca los mecanismos del deseo, los vínculos y la fragilidad humana. La novela también se nutre del oficio de su autor.

Psiquiatra y psicoanalista con años de experiencia, Dukes logra construir personajes complejos con conflictos internos creíbles y profundamente resonantes.

Su formación le permite traducir el lenguaje del inconsciente a una narrativa accesible y atrapante, permitiendo al lector adentrarse en el laberinto emocional de sus protagonistas casi sin darse cuenta.

Si bien hay ciertos guiños autobiográficos —especialmente presentes en su primera novela— en “El psicoanalista desnudo” predominan las experiencias universales que permiten al lector reconocerse en los relatos.

Seguramente una de las virtudes de la novela es que muestra cómo funciona el psicoanálisis, se trata de una ventana donde el lector se asoma y puede observar en vivo y en directo.

La novela no solo entretiene, sino que también ofrece un espacio para la reflexión personal, ayudando al lector a explorar sus propias emociones. Creo que acerca a las personas a una dimensión de la vida que, en solitario, a veces, puede ser bastante inaccesible.

 

 

Gabriel, escribe para indagar en la condición humana ¿hasta dónde es posible llegar?

“Una de las motivaciones que yo tengo para escribir es que, a través de la escritura tengo una vía perfecta para poder indagar sobre el misterio de la vida y el ser humano. Lo hago desde la perspectivas de conflictos que he tenido yo, como la relación de pareja, la enfermedad. Y los personajes que construyo, viven una trama, con las distintas perspectivas que ellos tengan de estas situaciones”.

 

Pienso en cómo habrán sido los últimos años de Freud. ¿Habrá advertido la naturaleza del nazismo que se venía encima?

“Sigmund Freud vivió prácticamente toda su vida, a excepción de sus últimos años, en Viena. Vio el crecimiento y auge del nazismo, a partir de la I Guerra Mundial.  El psicoanálisis es despreciado por la cultura alemana, que decía que era una ciencia judía. El año 1938, gracias a gestiones diplomáticas, Freud y parte de su familia, se puede, trasladar a Londres, donde muere poco después. Otros familiares de Freud mueren en los campos de exterminio en la II Guerra Mundial. En sus últimos años tuvo un gran pesimismo. Escribió dos o tres artículos. Entre ellos: El malestar por la cultura y Mas allá del principio del placer”.

 

¿Qué sostenía en ellos?

“Sostenía que el ser humano es un ser lleno de impulsos. Y que la cultura que estaba para controlarlos, y hacer posible la civilización, era una capa extremadamente delgada, que se podía romper con mucha facilidad. Y que el ser humano se podría convertir en un animal despiadado. Fue extremadamente pesimista y no se equivocó. Si se ve el mundo actual, tendríamos que pensar que Freud no se equivocó”.

 

¿Cómo fue construyendo al protagonista Lev Kogan?

“Lev Kogan se construye a partir de historias que inventé para el suplemento Viernes del diario La Segunda. En vez de escribir acerca de temas teóricos, como la culpa, por ejemplo, escribí sobre pacientes ficticios y desde ahí el doctor Lev Kogan desarrollaba la temática y la cruzaba con sus propios conflictos. Una de esas columnas se convirtió también en mi primera novela: Malamente (2018)”.

 

¿Tiene algo suyo?

“Claro que sí. A ambos nos gusta andar en bicicleta. Pero también lo quise construir como un hombre muy solo, que carga con un duelo. No tiene familia que le permita amortiguar los golpes de la vida”.

 

¿Cuál ha sido el impacto del psicoanálisis en su propia vida?

“En principio me interesó la medicina. Luego la siquiatría. Pero siento que el psicoanálisis da profundas posibilidades de conocer a los demás y a uno mismo. En algún sentido, siento que la escritura y el psicoanálisis son primas hermanas. El psicoanálisis es una forma de indagación del inconsciente. Por ejemplo, a través de la interpretación de los sueños. Y también es un ejercicio permanente de honestidad consigo mismo. Me permite, en parte, comprender cómo funciona el mundo y uno mismo”.

 

¿Quién fue su maestro en el psicoanálisis?

“Uno podría decir que la formación de psicoanalista está apoyada en tres pilares. Primeramente, la formación teórica donde aprende los conceptos. Por otro lado, las supervisiones clínicas donde un analista de experiencia le entrega las herramientas para tratar a un paciente. Por último, el análisis personal donde uno se ve con sus propios pacientes. Ser psicoanalista es una formación difícil y larga”.

 

 El psicoanálisis, ¿es una forma de escritura?

“Cuando uno trata un paciente no es como si uno estuviera frente a una verdad reprimida y el paciente descubre una especie de trauma del cual no tenía conciencia. Aunque a veces ocurre. Pero en general, el doctor con el paciente le da distintas narrativas a las cosas que le van pasando al paciente. Uno siempre tiende a pensar las cosas desde la mirada de uno. Cuando uno está con otra persona que piensa distinto en relación a un mismo evento y le da otras opciones. Se abre un mundo. Esa posibilidad de tener más opciones, para pensar lo que a uno le ocurre, de alguna manera, permite el crecimiento mental. Eso permite tener una vida más plena y feliz”.

 

¿Podemos esperar otro relato de Lev Kogan?

“En este momento estoy escribiendo, para tener una trilogía de este atribulado doctor Lev Kogan. Pero al mismo tiempo concibo la escritura como un ejercicio de libertad. Y en ese sentido no me amarró a la posibilidad. Escribo, porque me da placer”.

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