
No sé si el Lector se ha dado cuenta, pero estamos a punto de cerrar el primer cuarto del siglo XXI. Los que nacimos a mediados del siglo pasado frecuentemente bromeábamos imaginando que, en estos tiempos, la humanidad se desplazaría en autos voladores, contactaría vida extraterrestre y los robots harían nuestro trabajo. Los supersónicos eran un buen resumen de cómo sería el mundo en el siglo XXI. Sin embargo, cuando ya llevamos un buen trecho de este siglo, tal parece que muchas de las maravillas imaginadas han quedado reservadas para la ciencia ficción, y que nuestro devenir no ha sido tan asombroso como lo pensábamos.
No obstante, si el Lector tiene unos minutos, le invito a revisar un breve listado (incompleto, por cierto) de acontecimientos notables que sí han ocurrido en los últimos 25 años. Las cumbres de este listado no podrían omitir el atentado a las Torres gemelas, la tremenda crisis económica de 2008, la expansión universal de internet, los avances biotecnológicos, la incipiente privatización de la exploración espacial, el surgimiento del poderío chino y el cambio climático.
En la primera década de este siglo asistimos, horrorizados, al atentado del 11S en Nueva York, el que demostró que todos somos vulnerables ante la violencia terrorista. También presenciamos la revolución cultural que significó el nacimiento de Google y de las redes sociales. En economía el liberalismo se hizo hegemónico, el dólar y el euro se hicieron ubicuos y aprendimos que la globalización no transportaba sólo mercancías sino, también, crisis como subprime de 2008. En política, Putin demostró, a partir de 2000, que se puede ser un Zar sin lucir una corona y que algunos son más iguales que otros, pese a lo que el mapa del genoma humano, culminado en 2003, afirma. Pero, por sobre la política o la economía, es probable que el mundo de hoy se haya gestado en virtud de las transformaciones tecnológicas y sociales ocurridas en esa primera década. Es que la revolución digital transformó la forma en que trabajamos, nos comunicamos y vivimos. La llegada de los smartphone, el lanzamiento del iPhone ocurrió en 2007, marcó un antes y un después en la conectividad global. El desarrollo de las redes sociales, Facebook (2004), Twitter (2006) e Instagram (2010), redefinió las dinámicas sociales, pero también las políticas, permitiendo la organización de movimientos como la Primavera Árabe o los Indignados.
La década siguiente se abrió con los movimientos sociales señalados (Primavera Árabe y los Indignados, en 2011), dando paso al auge del Estado Islámico (en 2014); el inicio de la crisis de refugiados sirios (en 2015) y augurando el fenómeno migratorio que aún no se acaba. Ya en 2014 Rusia se anexa Crimea y Putin empieza a mirar con apetito el resto de Ucrania. En 2016 los británicos dijeron “mejor solos, que mal acompañados”, y aprobaron el Brexit; los norteamericanos normalizaron su relación con Cuba (en 2016), y en Corea del Norte, su líder comenzó a jugar con misiles, aumentando la intranquilidad mundial a partir de 2017. Ese mismo año, la primera elección de Trump hizo algo similar. Pero la inquietud no sólo era política en esa década. También era social, como lo demuestran los movimientos contra la discriminación (#MeToo y Black Lives Matter). La naturaleza también estaba inquieta: En 2010 tuvimos nuestro terrible terremoto (hubo otro en Haití, pero sin el ímpetu de Piñera), el cambio climático se hizo incuestionable, la preocupación mundial fue creciente, el Acuerdo de Paris (en 2015) fue un hito para limitar el calentamiento global y las emisiones. Nosotros íbamos a hacer la COP-25 (en 2019), pero ya sabemos lo que ocurrió a fines de ese año en Chile. Finalmente, la década se cerró con los rumores de que venía una epidemia muy grande que se llamaba COVID-19.
El lustro siguiente (que estamos terminando en 3 días) se abrió con la pandemia global en 2020, que transformaría la economía, las cadenas de suministro y las interacciones sociales. Dicen que el bien que trajo aquel mal fue el acelerado desarrollo de la Inteligencia Artificial, el Big Data y el Internet de las Cosas. En estos años, de nuevo, Putin invadió otro pedazo de Ucrania (2022); Trump volvió a la Casa Blanca (en 2025) y la crisis medioambiental persiste y se acentúa, demostrando que, en este primer cuarto del siglo XXI, todavía no logramos llegar a dónde imaginábamos hace medio siglo. Los Supersónicos tendrán que esperar otros 25 años.
Juan Carlos Pérez de La Maza
Licenciado en Historia
Egresado de Derecho








