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EL FUTBOL SE JUEGA CON LA CABEZA por Ricardo Moya

 

Es tremendamente delicado hablar sobre la inteligencia de las personas, pero también muy necesario. Todo lo bueno o malo que nos ocurre en la vida pasa, en gran medida, por las decisiones que tomamos en determinados momentos. Todos sabemos que una decisión impulsiva —es decir, sin análisis y guiada solo por las emociones— puede acarrearnos grandes problemas personales. Por el contrario, una decisión bien pensada, reflexionada y medida suele entregarnos resultados positivos, acordes a nuestros análisis previos.

 

El fútbol, obviamente, no escapa a esta realidad. Desde la elección de los jugadores que conforman un equipo hasta el sistema de juego que se decide utilizar, existe una enorme cantidad de decisiones relevantes que influyen directamente en los resultados semana a semana.

 

En esa misma línea, el rendimiento individual y colectivo de cualquier equipo pasa por un factor determinante: la calidad de las decisiones que se toman a cada segundo dentro de la cancha. Estas decisiones corresponden tanto a los jugadores —cuando controlan el balón, eligen un pase o interpretan una situación de juego— como al entrenador, que debe tener la claridad suficiente para dar instrucciones precisas y realizar los cambios adecuados según lo que el partido va exigiendo.

 

Si el técnico no es lúcido al momento de decidir, perjudica inevitablemente a sus dirigidos, porque el equipo pierde claridad y rumbo. Del mismo modo, si son los jugadores quienes no manejan bien el balón, los tiempos del juego o muestran errores técnicos y tácticos constantes, las posibilidades de éxito se reducen considerablemente.

 

Muchas veces observamos futbolistas que no logran interpretar correctamente las situaciones de juego, y eso se evidencia en pérdidas frecuentes de balón, escasez de ideas para atacar, pelotazos sin destino, ansiedad excesiva y reproches constantes entre compañeros. A su vez, el entrenador tampoco ayuda cuando ubica a los jugadores en posiciones que no dominan, entrega instrucciones confusas o realiza cambios inexplicables que terminan desarmando al equipo.

 

Son estos detalles los que nos permiten entender que el fútbol no es para cualquiera. No se trata solo de correr y golpear un balón; es mucho más que eso. Es un deporte para personas con cualidades distintas, capaces de pensar en cada momento lo que están haciendo. Tal vez sea precisamente este factor el que nos permita evolucionar: pasar de correr y patear sin pensar, a hacerlo en el momento justo, en el lugar correcto y con la intención adecuada.

 

Ricardo Moya Sánchez
Profesor de Educación Física
Licenciado en Educación
Técnico de fútbol amateur
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