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EN EL DÍA NACIONAL DE LA PRENSA: PERIODISMO, VERDAD Y FUTURO EN LA ERA DIGITAL por Luis Fernando González

 

Cada 13 de febrero, Chile conmemora el Día Nacional de la Prensa, en recuerdo de la publicación de La Aurora de Chile, el primer periódico del país. No se trata solo de una efeméride para mirar el pasado con legítimo orgullo, sino también de una instancia propicia para examinar, con espíritu crítico, el presente y el porvenir de una actividad que ha sido esencial en la construcción de nuestra vida republicana.

 

Desde sus orígenes, el periodismo ha cumplido una misión insustituible: informar con veracidad, fiscalizar al poder, dar voz a la ciudadanía y contribuir a la formación de una opinión pública libre. En cada etapa de nuestra historia, la prensa ha acompañado los procesos sociales, políticos y culturales, asumiendo aciertos y errores, pero siempre bajo la convicción de que una democracia sólida requiere medios responsables y comprometidos con la verdad.

 

Hoy, sin embargo, el escenario es radicalmente distinto al de décadas atrás. Los medios de comunicación enfrentamos transformaciones profundas que no solo afectan nuestros formatos, sino también nuestros modelos de financiamiento, nuestras rutinas profesionales y la forma en que las audiencias se relacionan con la información.

 

La transición desde el papel hacia las plataformas digitales ha sido vertiginosa. Periódicos con más de un siglo de historia han debido reinventarse en un ecosistema marcado por la inmediatez, donde muchas veces la velocidad compite —y no siempre de buena manera— con la profundidad y el análisis. A ello se suma un cambio estructural en la industria: la publicidad, que durante décadas sostuvo el trabajo informativo, migró en gran parte hacia gigantes tecnológicos globales, reduciendo de manera significativa los ingresos de los medios tradicionales y debilitando su capacidad para sostener equipos robustos de investigación y cobertura especializada.

 

Se configura así una paradoja inquietante: mientras la ciudadanía demanda más información, más transparencia y mayor fiscalización, los recursos disponibles para producir periodismo de calidad se ven tensionados como nunca antes.

 

En este contexto, la irrupción de la inteligencia artificial ha abierto un nuevo capítulo. Las herramientas basadas en IA permiten automatizar procesos, analizar grandes volúmenes de datos en segundos y optimizar la distribución de contenidos. Bien utilizadas, pueden convertirse en aliadas del quehacer periodístico, liberando tiempo para la investigación y mejorando la experiencia de los lectores.

 

Pero también plantean riesgos evidentes. Los algoritmos que seleccionan y priorizan información pueden reforzar burbujas ideológicas y sesgos invisibles, limitando el acceso a miradas diversas. Más preocupante aún es la proliferación de contenidos falsos o manipulados con un nivel de sofisticación que desafía los métodos tradicionales de verificación. La llamada “desinformación” ya no es un fenómeno marginal: se ha transformado en una amenaza real para la deliberación democrática.

 

Frente a ello, el rol del periodista se vuelve más relevante que nunca. Si antes bastaba con recoger declaraciones y contrastar fuentes, hoy se exige un paso adicional: verificar con rigor, contextualizar con responsabilidad y jerarquizar con criterio profesional. En un océano de datos, opiniones y rumores, el periodismo debe reafirmar su función como filtro confiable y guía para la ciudadanía.

 

La ética, en este escenario, no es un adorno ni un discurso retórico. Es la columna vertebral del oficio. La adopción de nuevas tecnologías debe estar siempre subordinada al compromiso con la verdad, la transparencia y el servicio público. La inteligencia artificial no puede reemplazar la conciencia profesional ni el juicio crítico que distingue a un medio responsable.

 

Al mismo tiempo, la digitalización ha abierto oportunidades inéditas, especialmente para los medios regionales. Las barreras físicas han desaparecido. Hoy, un lector puede acceder a la edición digital desde cualquier punto del país o del extranjero. La comunidad ya no está limitada por la geografía. Para un medio con arraigo territorial como El Rancagüino, esto significa ampliar su alcance sin renunciar a su esencia: informar con cercanía, identidad y conocimiento profundo de la realidad local.

 

Los medios regionales cumplen un papel que difícilmente pueden suplir las grandes cadenas nacionales o las plataformas globales. Son los que siguen de cerca las decisiones municipales, los proyectos comunitarios, los conflictos vecinales, las historias humanas que no siempre alcanzan titulares nacionales, pero que dan forma concreta a la vida cotidiana de miles de personas. En ellos, la democracia se ejerce a escala humana.

 

En momentos complejos de nuestra historia reciente —como el estallido social o la pandemia— quedó de manifiesto la importancia de contar con información oportuna y contextualizada. Los medios regionales fueron, muchas veces, el puente entre las autoridades y la ciudadanía, y el espacio donde se visibilizaron realidades que de otro modo habrían permanecido en la sombra.

 

Por ello, en este Día Nacional de la Prensa, la reflexión es clara. El periodismo atraviesa una etapa de cambios profundos, marcada por la revolución digital y la irrupción de la inteligencia artificial. Pero su misión permanece inalterable: buscar la verdad, fiscalizar el poder, contribuir al debate informado y servir a la comunidad.

 

Adaptarse a las nuevas tecnologías no significa renunciar a la esencia del oficio. Al contrario, implica fortalecerla. En tiempos de desinformación y sobreabundancia de contenidos, la credibilidad se transforma en el principal capital de un medio de comunicación.

 

La prensa no es solo una industria; es un pilar de la vida democrática. Cuidarla, fortalecerla y ejercerla con responsabilidad es una tarea compartida entre periodistas, medios y ciudadanía. Porque, al final del día, sin información confiable no hay deliberación auténtica, y sin deliberación auténtica no hay democracia que pueda sostenerse en el tiempo.

 

Luis Fernando González V

Sub Director

Diario El Rancagüino

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