Este 11 de marzo Juan Antonio Coloma dejará su cargo de senador por el Maule, poniendo fin a una carrera legislativa de 36 años. Con su salida no sólo se extingue la generación que condujo a la UDI durante la transición y consolidación democrática, también se cierra un capítulo de una de las figuras más influyentes de esa colectividad y del espectro político nacional (por Juan José Vega Rodríguez para Diario Talca)
En los pasillos del Senado, donde las conversaciones se susurran más de lo que se declaman, Juan Antonio Coloma Correa cultivó durante décadas un poder silencioso. No era el más estridente. No era el más carismático frente a las cámaras; pero estaba siempre. Y en política, permanecer es una forma sofisticada de victoria.
Cuando en algunos días deje su escaño, no sólo se pone fin a una carrera parlamentaria de tres décadas. Se cerrará un ciclo… el del último de los llamados “coroneles” de la UDI.
Quienes lo conocen describen su estilo metódico, de conversación larga y cálculo fino; y es que mientras otros liderazgos del gremialismo construían épica o confrontación, él construía acuerdos.
Muchos reconocen su espíritu de consenso, de conversar y sobre todo de buscar resultados más allá de cálculos personales o partidistas. Por eso, en cada una de sus etapas fue tejiendo redes: en comisiones, en bancadas, en sobremesas políticas donde se decidían cosas, y que no siempre salían en la prensa.
Juan Manuel Hernández, novel dirigente maulino a fines de los 70, recuerda los inicios de Coloma en el Frente Juvenil de Unidad Nacional; época en la que ya destacaba por su locuacidad y una forma apasionada y dialogante de hacer política.
“Formó parte de las comisiones a cargo de la elaboración de la Constitución del 80, donde compartió con una amplia gama de personajes de la vida política nacional. Eso habla de sus capacidades, pero también de que ese roce, forjó su formación y lo que es hoy”, detalló.
El ex consejero regional y uno de los fundadores de la UDI en el Maule, César Muñoz, refrenda ese ánimo de consenso, pero además esa especial sensibilidad para exponer sus planteamientos.
“Su opinión siempre ha sido respetada. Su manera de comunicar y de expresar le permitió lograr grandes acuerdos en el país (…) En momentos discrepantes era muy receptivo. Siempre tuvo la capacidad de escuchar y de abrir instancias de debate”, precisó.
GENERACIÓN DE HIERRO
En el imaginario político chileno moderno existe la imagen de los llamados “coroneles de la UDI”. Esta etiqueta se aplicó a un grupo de dirigentes de amplia trayectoria que, en los 80 y 90, marcaron la estrategia y entramado interno del partido. Liderados por Jaime Guzmán, aparecían Pablo Longueira, Andrés Chadwick, Jovino Novoa y el propio Juan Antonio Coloma.
Por décadas, simbolizaron la consolidación de una derecha con raíces doctrinales firmes y estructura partidaria vertical. Fueron dirigentes que ejercieron poder con disciplina, redes sólidas y un estilo que contrasta con la política más fragmentada y mediatizada de hoy.
En el gremialismo reconocen que la metáfora de los “coroneles” no era casual. Evocaba orden, jerarquía, mando. Fue la generación que moldeó la UDI en la transición democrática.
Juan Manuel Hernández recuerda que fueron años de expansión electoral, de consolidación territorial y de influencia creciente en la derecha; “e incluso en el Maule fue un período muy gratificante, permitiendo incluso romper la hegemonía de centro izquierda”.
En ese escenario boyante, Novoa encarnaba al ideólogo y la defensa doctrinaria, Longueira era el movilizador y Chadwick el articulador con el Ejecutivo. Coloma, por su parte, era el que mantenía el orden interno. El que evitaba que las crisis se desbordaran. El que recordaba que un partido no solo compite, también sobrevive.
Eso en política, recalcó César Muñoz es entender la actividad es su rango más amplio e ir un paso adelante, “porque él es de esos políticos que le ponen pausa al conflicto”.
Pero no todo fue progreso y crecimiento en la UDI, también hubo años de tensiones y cuestionamientos. Casos judiciales, derrotas electorales, cambios culturales que empezaron a erosionar el modelo vertical del partido. Uno a uno, los coroneles fueron “pasando a retiro”: algunos por decisiones personales, otros por condenas o sanciones, otros por desgaste.
Coloma, en cambio, resistió. Ese saber “leer el momento” lo llevó convertirse en referente de su colectividad, reafirmando con ello que era uno de los parlamentarios más exitosos a la hora de someterse al escrutinio popular.
PROFESIONALIZAR LA POLITICA
Juan Antonio Coloma inició su carrera política inmediatamente después del retorno a la democracia. Fue diputado entre 1990 y 2002 por el distrito 31 en la Región Metropolitana, y luego senador por el Maule desde 2002; consolidándose como uno de los parlamentarios más longevos de Chile.
Un histórico de la UDI, el ex concejal de Talca, Jaime Suárez, reconoce que su figura implicó un giro en la interna del gremialismo, a tal punto de “profesionalizar” la actividad política local.
“Cuando llegó, nosotros éramos políticos completamente amateurs. Veníamos saliendo de algunas campañas que eran puro corazón, pero que al final las perdíamos igual (…) Destaco su valentía. Posicionarse acá era venir a hacer patria, ya que éste era un reducto absolutamente de izquierda”, comentó.
Con ese antecedente, Suárez junto a Christian Garrido, Alonso Rojas, José Palma y César Muñoz -entre otros- fueron “ungidos” para materializar la instalación del nuevo referente y “romper” años de fracasos electorales.
“Era un parlamentario fogueado, con una visión muy amplia de la actividad. Él nos puso rigor, objetivos y que las cosas había que hacerlas con un sentido (…) Antes de Coloma no existíamos en el Maule”, acotó quien fuera gobernador provincial.
Otra voz autorizada a la hora de analizar ese “profesional” trabajo parlamentario, es la de Bernardo Vásquez, quien, siendo su primer jefe de gabinete en la circunscripción, reconoce como elemento esencial “la responsabilidad del sentido público”; siendo eso un sustento y pilar en la formación de varias generaciones de la UDI.
Para el ex alcalde de Pelarco, es evidente que Coloma marcó una época, dejando un importante legado en la actividad pública nacional y regional.
“Hay un antes y un después de él. Hablamos de un senador de entendimiento (…) Las diferencias políticas no pueden nublar la búsqueda del bien común, y él entendió eso como eje central de su gestión”, acotó Vásquez.
En tierra maulina Coloma se hizo fuerte, pero también en las altas esferas de poder. Desde lo político, institucional y territorial daba cátedra, y eso evidentemente le otorgaba un enorme peso a la hora de tomar decisiones y asumir responsabilidades. Así, entre 2008 y 2012, se convirtió en el máximo timonel de la UDI.
En 2023 alcanzó la presidencia del Senado. Fue un episodio cargado de simbolismo… el último de su “estirpe” ocupaba el segundo cargo más importante de la República. Desde ahí reforzó su perfil dialogante, en momentos en que el sistema político chileno mostraba fragmentación y fatiga.
EL FIN DE UNA ERA
El adiós de Juan Antonio Coloma no es sólo la culminación de un senador con décadas de servicio. Es el epílogo de una generación de liderazgo dentro de la UDI que, durante años, fue pieza clave de la dirección política, doctrinal y estratégica de la derecha chilena tras la dictadura y durante la consolidación democrática.
Su salida no tiene la épica del derrumbe ni el dramatismo del escándalo. Es más bien un retiro sobrio, coherente con su estilo. Pero el simbolismo es profundo. Coloma no sólo deja el Senado, con él se va el último puente directo con la generación fundacional que condujo a la UDI durante tres décadas.
Probablemente cuando abandone el hemiciclo no habrá discursos grandilocuentes que definan su legado; pero en el seno interno de su colectividad quedará la certeza que, mientras otros cayeron o se replegaron, él sostuvo la línea hasta el último turno de guardia. Hasta el final, fue un político de estructura. Un hombre de partido. Un coronel sin uniforme visible.
Coloma se diferenció de sus pares en algo clave; se mantuvo vigente cuando las aguas estaban oscuras y revueltas… los otros fueron naufragando.
Su fortaleza fue la resiliencia política, porque entendió que el liderazgo ya no era el del cuartel, sino el del equilibrio. Mientras la derecha mutaba con nuevos referentes, nuevas narrativas y mayor dispersión, él encarnaba la memoria institucional. Y es que a veces la historia política no la escriben los que alzan la voz o golpean la mesa, sino los que saben permanecer cuando todo cambia, y en eso Juan Antonio Coloma daba cancha, tiro y lado.
CONVERSACIÓN DE “PASILLO”
En momentos de tensión política, durante el estallido social, y cuando no se veía una salida al conflicto institucional, Juan Antonio Coloma jugó un rol esencial en la materialización del Acuerdo por la Paz del 15 de noviembre de 2019, que viabilizó el proceso constituyente para cambiar la Constitución Política.
En esta instancia se destacó por su habilidad para negociar acuerdos amplios, incluso con interlocutores políticos contrarios, como lo fue en esa ocasión con el entonces diputado Gabriel Boric.
Juan Manuel Hernández, rememora que el senador UDI se convirtió en una voz de estabilidad institucional dentro de su colectividad.
“Esta faceta lo distanció, en ocasiones, de figuras más rígidas ideológicamente dentro del propio bloque. Sin embargo, para él era importante dar una salida institucional a los hechos que ocurrían en el país a partir del estallido social”, aseveró.
Lo anecdótico, indicó, es que, tras largas horas de reuniones, no se veía una solución, y el agotamiento comenzaba a hacer mella entre los asistentes. Los ánimos decaían y la preocupación se acrecentaba.
“En una de las tantas pausas, Boric y Coloma se encontraron en los baños del antiguo Congreso Nacional, y empezaron a conversar. Ellos querían un plebiscito de entrada con Convención Constitucional y para nosotros importaba el tema de los dos tercios (…) Fue en ese espacio donde se abrió una opción para hacer compatible esas posturas. A partir de ese minuto se pudo avanzar y materializar un acuerdo”, añadió.
COMUNICAR ES TODO
Juan Antonio Coloma, siempre entendió la importancia de las comunicaciones, más aún cuando en sus primeros años de senador la radio, la prensa y la TV llevaban el peso a la hora de informar.
Un antiguo periodista político, recuerda esas conferencias de prensa de los días viernes en la entonces oficina parlamentaria de calle 2 oriente con 3 norte en Talca.
“Coloma era figura nacional y sus declaraciones sacaban roncha en el gobierno. Nos daba pie para reportear y armar buen material. Sus conferencias eran esperadas, además que siempre un café y unas galletas, hacían más amena la espera”, indicó el profesional del extinto Diario El Centro.
Pero, en una oportunidad -detalló- el senador se retrasó más de la cuenta, lo que evidentemente provocó la molestia de los medios apostados en la sede gremialista.
“Tras esperar por casi una hora, periodistas y reporteros se fueron en masa hacia la plaza de armas, donde otra actividad se realizaría. Para sorpresa de muchos, corriendo por calle Uno Oriente apareció el legislador. Agitado, ofreciendo las disculpas del caso y aguantando el tirón de oreja de un colega, el senador ´suplicó´ cobertura. Los medios accedieron y todo solucionado. El episodio no fue más que una anécdota, pero que sin duda despeinó e hizo sudar más de la cuenta al parlamentario”, comentó.
El periodista Juan Carlos Muñoz, conoció a Coloma en 1997, recordándolo como un interlocutor siempre disponible.
“Respondía el celular aun cuando estaba almorzando, sin importar si era sábado, domingo o feriado. Sé -y él lo sabe- que esa disponibilidad muchas veces molestaba a su familia, que lo veía siempre pegado al teléfono. Pero así era…no se escondía de la prensa”, señaló el profesional que se desempeñó en radio Cooperativa.
Muñoz aseguró fue el temple de Coloma lo que más le marcó, y es que nunca esquivó preguntas difíciles, ni en momentos incómodos.
“Los enfrentaba con claridad, con argumentos y con esa energía que solo tienen los comunicadores natos. Siempre dispuesto a dialogar, a conversar, a explicar. Esa honestidad con la prensa, aunque a veces incómoda, es parte de su legado”, precisó.









