InicioOpiniónDEMOCRACIA ¿CON “I” O CON “Y”? por Jaime Vásquez

DEMOCRACIA ¿CON “I” O CON “Y”? por Jaime Vásquez

Desde una galaxia académica no muy lejana se ha puesto en escena desde hace ya varias semanas el concepto de “democracia iliberal”. Esto a propósito de la asunción de José Antonio Kast Rist como nuevo presidente de la República de Chile para el período 2026 – 2030.

La democracia podría ser un fin en sí mismo, alcanzarla y mantenerla da plusvalía. The Economist elaboró un índice de democracia en 2024 y lo publicó en 2025, en el cual Chile se categorizó como una forma de gobierno “imperfecta” o “defectuosa” comparado con otros países que tienen el calificativo de democracia “plena”, y con otros ya derechamente catalogados como regímenes híbridos o autoritarios ¿Podríamos considerar a esta altura del partido que somos menos demócratas o menos demócratas iliberales / liberales respecto a los demás gobiernos del continente y del mundo?

Considerar la democracia con “i” denota una falta de, una privación de algo, o que, en su modo más optimista, no contempla todo lo liberal que se debería ser en el papel y en la práctica. Si ya el concepto de democracia es bienvenido y se postula como una de las formas más adecuadas para gobernar un país (el control de las masas), a veces estaría demás ponerle un apellido o varios de estos. Faltaría también, por su parte, edulcorar o enfatizar otras formas de gobierno como las dictaduras vigentes en América Latina, y en el mundo, con el calificativo de liberales, iliberales, sociales, antisociales, populares, etc.

La democracia liberal sostiene que los ciudadanos son liberales, aunque no lo sepan, que son libres y utilizan su libertad, hacen uso de ella, goce y disposición. De forma clásica la libertad la entendemos como el respeto a la vida de la persona, esto es, nadie puede violentar contra ella en términos de agresión física en sus diversos grados. También, que el ser humano es libre al poseer sus bienes propios, entre ellos su vida, como lo son sus ingresos económicos y gastos derivados de ellos, y que ningún tercero, persona natural y/o institución, pueda quitárselos por medio de la coacción, en muchos casos arbitraria, ni menos en base a la fuerza. La libertad también se materializa a través de la expresión, esta libertad permite a los ciudadanos expresar sus pensamientos en diversos ámbitos y diferentes medios sin trasgredir en contra de otros individuos (calumnias, injurias, etc.) ni hacer convocatorias públicas para vulnerar a las demás personas respecto a estas tres libertades ya recientemente descritas. Por tanto, todo lo que vaya en contra de dichas libertades lo podemos caracterizar como una democracia con “i”. Ambos términos confundirlos no debes.

Hay que hacer notar que la libertad es previa a la existencia de un gobierno o de un Estado. El ser humano tiene libertad independiente de donde nazca, pero sí necesariamente debe estar dentro de una comunidad la cual no es independiente de los individuos que la componen, ya que sus interacciones establecen un marco de acción en donde se respeta, y se debe respetar, el proyecto de vida de cada individuo. Esta condición es lo que caracteriza a las democracias del mundo occidental. Así, el Estado debe procurar, por medio de la Constitución y la legislación, que los individuos sean libres y que ningún tercero, y ni el propio Estado, haga una merma o nos quite nuestras libertades.

Por ejemplo, ser libre se corresponde con que el ciudadano pueda acceder y desarrollarse en un empleo formal, y colaborar con estos cuerpos intermedios que ofrecen prestaciones o servicios a la comunidad, ya sea en una panadería, en un centro de fitness, en una clínica kinésica, en un establecimiento educacional, en un centro de salud, etc. Sin embargo, si la persona quiere, pero no tiene acceso a ese empleo ni menos a desarrollar ese oficio o profesión ¿Es libre? Sí, sigue siendo libre, ya que, por ejemplo, al no contar con los méritos laborales, ni con oportunidades de mercado, ambas, u otras, no pierde las libertades relativas a la vida, a la propiedad y a la expresión. Se puede sostener, en dicho ejemplo, que el individuo debe poseer de todas formas los méritos, oportunidades y otros, para acceder y desarrollar un oficio o profesión, los cuales deberían ser facilitados por un tercero, ya sea una persona natural, una institución y/o el Estado.

Una persona natural podría dar empleo al ciudadano en su pequeña o mediana empresa, considerando sus virtudes y defectos, esto lo puede realizar libremente y de forma voluntaria. Hasta aquí no hay problemas. Por su parte, una institución y/o el Estado podría forzar (coaccionar) a que esa persona natural brinde las posibilidades laborales al ciudadano pasando por alto su voluntariedad. Entonces ¿Qué sucede? ¿Esta persona sigue siendo libre? Problemas a solucionar esta vez deberíamos.

La democracia que vivirá el pueblo chileno a partir de este 11 de marzo de 2026 ¿Será liberal? Nuevamente sí, en la medida que el Gobierno no juegue en contra de los tres postulados de libertad que he desarrollado en este escrito (vida, propiedad, expresión) y, por su puesto, que se cumpla la igualdad ante la ley por parte todos los ciudadanos. Así, estaremos en presencia de una democracia con “y”.

Prof. Dr. Jaime Vásquez Gómez

Investigador

Centro de Investigación de Estudios Avanzados del Maule (CIEAM)

Docente

Doctorado en Salud Ecosistémica (DOCSE)

Universidad Católica del Maule

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