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ENTREVISTA: “El español cuenta con más de 500 millones de hablantes nativos en el mundo”

El Dr. Claudio Garrido Sepúlveda, lingüista y académico de la Universidad Católica del Maule, comparte su análisis sobre el momento del español en el mundo

¿Qué importancia tiene el idioma en las relaciones internacionales y en la construcción de respeto entre culturas?

 

«La relación entre lengua y diplomacia hunde sus raíces en la historia antigua. Por tanto, estamos hablando de una importancia decisiva para la construcción de relaciones de cooperación entre los grupos sociales. La barrera idiomática, en este sentido, ha sido soslayada por medio de vías, algunas veces, condescendientes o respetuosas y, en varios casos, draconianas. En el primer caso, cabría situar la antiquísima tradición del oficio de intérprete y traductor.

Sirva de ejemplo la famosa Piedra Rosetta, que consigna la gestión política de la diversidad lingüística o el esfuerzo diplomático de establecer una comprensión entre las élites egipcias (escritura jeroglífica), el pueblo llano (escritura demótica) y la élite griega (griego koiné).

En el segundo caso, situaríamos todos aquellos choques culturales en los que una lengua dominante se impone sobre la lengua dominada, lo que ha derivado, como consecuencia, en la extinción de muchas lenguas o, aquello que los lingüistas denominamos minorización.

Como ejemplos cercanos a la historia del español, bastaría aludir a la romanización de la península Ibérica, es decir, cuando el latín se impuso sobre lenguas prehispánicas como el ibérico y las variedades célticas, así como la colonización europea del territorio americano, que trajo consigo la reducción o desplazamiento de numerosas lenguas indígenas. En definitiva, podríamos decir que el tipo de contacto interlingüístico entre dos culturas es sintomático respecto del tipo de relación que las une, sea esta de mutua cooperación o de sometimiento».

 

El español es una de las lenguas más habladas del mundo. ¿Qué relevancia cultural, social y política tiene hoy el español en el escenario global?

 

«En primer lugar, existe una relevancia inherente a la historia. Se trata del mismo valor que atribuimos a los clásicos con independencia de las actuales modas y tendencias: el español, en este sentido, sigue siendo la lengua de Cervantes, de Quevedo, de Teresa de Ávila, de Sor Juana Inés de la Cruz, de Borges, de Bolaño y de Violeta Parra.

 

Más aún, no sería pretencioso en este punto recordar que nuestra lengua deriva de los primeros vagidos de Occidente, en virtud de que hablamos un neolatín con profundos ecos —del sustantivo griego ἠχώ— helenísticos.

 

En segundo lugar, valdría recordar su relevancia numérica: el español cuenta con más de 500 millones de hablantes nativos, es decir, es la segunda lengua con más hablantes nativos después del chino mandarín; es lengua oficial de 21 países (de Europa, África y América); además, es la lengua más hablada en América —por sobre el inglés—. Estas son apenas dos aristas que exhiben la relevancia cultural del español».

 

Cuando en contextos diplomáticos se minimiza o desestima el idioma del otro, ¿qué tipo de señales culturales o simbólicas se transmiten? En concreto, ¿podría referirse a las declaraciones de Donald Trump respecto del español?

 

«El viralizado episodio por el que el presidente estadounidense Donald Trump calificó el español como una lengua maldita (damn language) evoca, en efecto, más de una señal cultural en la que podríamos detenernos.

 

Como punto de partida, el hecho de que el mandatario del norte calificase, con su habitual estilo jocoso, el aprendizaje del español como una pérdida de tiempo podría interpretarse, de buenas a primeras, como una realidad ineludible e inherente al ajetreado oficio de quien preside una nación. Sin embargo, en una lectura más profunda,

 

Trump está simplemente activando aquel lugar común, difundido urbi et orbi desde hace décadas, según el cual es siempre el otro quien debe aprender inglés. Desde luego, como el mismo Trump advierte, esto lo posiciona en una clara desventaja idiomática, desventaja que es común a toda lengua dominante respecto de las minoritarias, pues el hablante de una lengua conquistada siempre se ha visto en la urgencia de aprender la lengua del conquistador.

 

No obstante, en una segunda mirada es evidente que dicha desventaja es el mero eufemismo del conquistador para camuflar un proceso más complejo y sensible que el recientemente fallecido lingüista francés Louis Jean Calvet denominó colonialismo lingüístico y glotofagia, esto es, el proceso por el que la lengua imperial acaba por engullir la lengua conquistada.

 

Desde mi punto de vista, si bien el episodio conduce rápidamente a una crítica hacia la actitud colonialista de Estados Unidos respecto del resto de América y el mundo entero, lo cierto es que estamos ante una suerte de “pelea de gallos” o, más bien, un choque entre gigantes lingüísticos: inglés y español. Ambas son lenguas dominantes.

 

Ambas son lenguas colonialistas. No me refiero a que, bajo esta perspectiva, la mayor reflexión posible sea la de la ley del empate. Más bien, el punto crucial es que, si como hispanohablantes nos sentimos afectados cuando un angloparlante considera una pérdida de tiempo aprender español, pero a la vez nosotros consideramos una pérdida de tiempo aprender mapudungun, rapanui, quechua o criollo haitiano, estamos en la misma lógica de Trump, despreciando como damn language las lenguas dominadas. Esta señal cultural también debería activarse en una reflexión sobre el episodio aludido».

 

¿Qué desafíos y oportunidades enfrenta el español en un mundo donde el inglés domina muchos espacios de comunicación internacional?

 

«La respuesta a esta interrogante podría crecer en el formato de una lista, dado que es posible enumerar varios desafíos y oportunidades. No obstante, a riesgo de ser minimalista, pondría el foco solo en un par de aspectos de interés, no necesariamente por tratarse de los más apremiantes.

 

Además, situaría la pregunta en nuestro escenario chileno y educativo. Como desafío, llamaría la atención sobre el despliegue de la IA. Hemos entrado a una época en la que el español —así como las lenguas naturales en general— puede replicarse mediante un alter ego digital, de manera que toda nuestra producción lingüística está sujeta a una eventual despersonalización: la abolición de la humanidad en la lengua.

 

La interacción humana —sobre todo en escenarios esmerados— se ha tornado aséptica e impersonal, mediada por estos avatares lingüísticos que están allí para mejorar nuestras frases y oraciones, y disfrazar nuestros reales discursos. Los correos electrónicos están, ahora, libres de faltas de ortografía y los trabajos universitarios están libres de chilenismos e informalidades.

 

En un sentido, el español hoy nos es menos propio. Por tanto, hay un desafío educativo en recuperar la humanidad del español, en estimular las competencias reales de construcción de sentidos mediante la lengua natural, en recuperar la gramática en las aulas como un patrimonio que nos pertenece. Como oportunidad, el español es la segunda lengua más estudiada como L2 en el mundo. Lo saben en España. Lo saben en México. Lo saben en Argentina, etc.

 

No obstante, nuestras latitudes no destacan precisamente por ofrecer academias de aprendizaje de español o vías de intercambio estudiantil. Pienso que hay, en este hecho, una gran oportunidad que aún no ha sido aprovechada».

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