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ALEA JACTA EST por Juan Carlos Pérez de la Maza

Dicen que Julio César habría dicho la frase del título, “La suerte está echada”, cuando, avanzando con sus tropas, cruzó el río Rubicón, prohibido por la normativa Romana, y se enfrentó a Pompeyo, dando inicio una nueva era en el Imperio. Mi intención no es ponerme denso, ni menos latoso, pero considero que aquella frase tantas veces usada, resume, mejor que muchas, el momento exacto en que se toma una decisión que se sabe trascendente.  Y hoy, cuando millones de chilenos decidiremos democráticamente qué normativa constitucional preferimos, creo que la suerte ya está echada.

Si algo he aprendido en los largos años que llevo observando y tratando de analizar el devenir político pasado y presente de nuestro país, es que las decisiones trascendentales se pueden vislumbrar con bastante antelación. Sin grandes plataformas tecnológicas ni equipos postgraduados. Sólo observando hacia dónde sopla el viento ciudadano. Sólo interpretando algunas señas. Así, he podido saber qué decidirá la ciudadanía muchas veces. No siempre he estado de acuerdo con la decisión. Varias veces he pensado que estuvo equivocada. Pero a menudo he logrado anticiparla. Como ahora, que hace meses intuyo el triunfo del Rechazo.

¿Cuándo comenzó Ud. a intuir algo parecido? ¿Cuándo percibió Ud. que este proceso, de tanta trascendencia, no estaba desarrollándose en la forma esperada? ¿Cuándo notó que no se estaba construyendo la casa de todos, sino una ruca insólita, incómoda y estrecha?

¿Fué cuando comenzó a sesionar la Convención y algunos de sus miembros impidieron que se interpretara el Himno Nacional y otros no querían la presencia de nuestra Bandera? ¿O cuando acordaron exigir la libertad, inmediata y sin más trámite, de “los presos de la revuelta”? ¿O, más tardíamente, cuando vio imágenes (que ni siquiera voy a comentar) del cierre de campaña del Apruebo en Valparaíso? ¿Fue, acaso, cuando vio que algunos miembros de la Convención iban disfrazados de dinosaurio o de otros monos, a redactar la futura Carta Magna? ¿Intuyó Ud. que el trabajo perdía solemnidad cuando observó que ciertos Convencionistas hacían sahumerios antes de la sesión, o ponían amuletos, talismanes y detentes en su escritorio de la Sala? ¿Supo el Lector que sería difícil obtener un proyecto serio de Constitución cuando vió a aquel Convencionista ebrio que, incoherente, trataba de argumentar? ¿O cuando temió que las cámaras mostraran a aquel otro que estaba votando, desde la ducha, la futura Constitución?

Y más de fondo, ¿percibió Ud. que esta Convención fracasaría en el intento de redactar un proyecto representativo de la mayoría, cuando se rechazó, una por una, las propuestas ciudadanas más respaldadas? ¿Cuándo, iracundos, defendían los derechos de los seres “sintientes” y, a la vez, aprobaban abortar libremente seres humanos? ¿Se dio Ud. cuenta que el proyecto sería rechazado cuando se otorgaba “derechos” a los árboles y se les negaba a los padres decidir la educación que prefieren para sus hijos?  ¿Sintió Ud., igual que yo, que el proceso fracasaría cuando decidieron eliminar, de un plumazo, una institución bicentenaria como el Senado o cuando redujeron el Poder Judicial a un mero sistema de justicia, entre otra decena de “sistemas” de justicia indígena? Ud., que es agricultor o parcelero ¿sintió que el proyecto en redacción estaba yendo hacia el lado equivocado, cuando supo que los derechos de agua ya no serían de su propiedad, sino que el Estado decidiría si se los renueva? ¿O cuando se enteró que los pueblos originarios podrían reclamar como propias tierras que habrían habitado en el siglo XVI, de las que Ud. tiene escrituras vigentes? ¿Y que, si se las expropian, el valor de la indemnización lo fijará el Estado y se lo pagará cuando este quiera?

Esta noche, cuando ya esté clara la contundencia de las cifras, celebraremos que, gracias a Dios y a la firme voluntad de la ciudadanía, el Chile que trataron de borrar es indeleble. Con defectos y virtudes, con tristezas y alegrías, con oscuros y con claros, la casa que entre todos hemos construido, es mejor que el esperpento grotesco e insensato que nos quisieron imponer.

Juan Carlos Pérez de La Maza

* Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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