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¿Cómo cuidamos de quienes cuidan? El rol de las políticas públicas

Aunque la pandemia por COVID-19 afecta a todo el planeta y todas las personas son susceptibles de contraer la enfermedad, no aqueja a todos por igual. Existen grupos que tienen más probabilidades de sufrir consecuencias para su salud, a raíz de la pandemia y las medidas restrictivas para contenerla.

Los (as) cuidadores (as) son un grupo altamente vulnerable, porque además de trabajar, estudiar o realizar tareas domésticas, son responsables del bienestar de otras personas, como son niños, niñas, adolescentes o adultos mayores con algún grado de dependencia. De hecho, en condiciones habituales, las personas que cuidan de otras ya ven cambios en sus vidas, dinámicas familiares, sociales y uso de su tiempo libre. Además, es posible que el rol de cuidador deba asumirse repentinamente, por lo que no necesariamente se está preparado para ello. A esto se suma que, muchas veces el rol de cuidador (a) es asumido sin una retribución económica de por medio. Todo ello trae consigo cansancio, fatiga, estrés y otros malestares físicos y emocionales.

En este escenario, el Estado puede tomar acciones concretas para mejorar las condiciones de vida de este grupo.

Por ejemplo, en Chile se aprobó la extensión del post natal de emergencia y uno de los argumentos que se esgrimió a favor de la medida, fue la gran tensión psicológica a la que se han visto enfrentadas las madres de recién nacidos por tener que compatibilizar su actividad laboral con el cuidado de sus hijos o hijas. A la fecha de emisión de este texto, se está trabajando en una segunda extensión de dicho instrumento de protección de la maternidad, dado que la crisis sanitaria se mantiene.

Junto con esto, existe un programa de pago de cuidadores de personas con discapacidad, pero éste no supera los treinta mil pesos chilenos mensuales.

Así también, políticas como la implementación de permisos especiales para trabajadores (as) que cuidan hijos (as) de trabajadores (as) de la salud, o la posibilidad de permitir que las personas realicen teletrabajo desde sus hogares, ayudan a paliar esta situación. También, todas aquellas iniciativas tendientes a la flexibilidad laboral para quienes deban asumir roles de cuidado de otros.

¿Qué se puede mejorar?

Las personas que ejercen el rol de cuidado de otros son en su mayoría mujeres. Esto aumenta las brechas de género en otros ámbitos, por ejemplo, el desarrollo profesional, la incorporación al mundo del trabajo y, por cierto, el nivel socioeconómico y vulnerabilidad social. Por ello, es importante que las políticas públicas promuevan acciones tendientes a una igualdad de género en estas actividades. Un enfoque de derechos puede responder a este asunto. Es decir, un abordaje donde lo que provee el Estado es el derecho de niños, niñas, adolescentes, personas mayores, personas en situación de discapacidad o de cualquiera que requiera ser cuidado. Así, se consigue que el Estado establezca normas y políticas donde se permita la alternancia en los roles de cuidado, como por ejemplo, la ampliación del permiso post natal para padres, donde los mismos puedan derivarse a instituciones u organizaciones y se tienda a educar a la población para producir un cambio cultural al perfil tradicional histórico del cuidador. Quizás este último punto sea el más desafiante, pero creemos que existen voluntades individuales suficientes para seguir transitando hacia un mayor involucramiento del género masculino en estos roles.  ​

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