
¿Cuál es la expectativa?
La intención de gasto de los chilenos para las vacaciones de 2026 muestra un alza significativa respecto del año pasado, impulsada por un mayor optimismo y una recuperación del consumo turístico.
Quién lo dice?
Así lo revela la XII Encuesta Nacional Ecosistema Emprendedor, que evidencia un aumento tanto en la disposición a vacacionar como en el presupuesto destinado al descanso.
¿Cómo será el gasto?
En materia de gasto, el dato más llamativo es que un 35% de los encuestados proyecta desembolsar más de $1 millón en sus vacaciones, más del doble que en 2025, cuando solo un 16% contemplaba ese nivel de presupuesto.
¿De donde vendrán los recursos?
A ello se suma que el financiamiento se realizará mayoritariamente con ahorros personales: un 91% declara que costeará sus vacaciones sin recurrir a créditos, reflejando una conducta financiera más cauta.
¿Cuál es la clave?
Desde la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes, el académico e investigador del Instituto Milenio MIPP, Patricio Valenzuela, advierte que contar con un presupuesto más holgado no debe traducirse en desorden financiero.
A su juicio, las vacaciones pueden ser un aporte real a la salud mental y al bienestar familiar, siempre que no comprometan la estabilidad económica posterior.
¿Qué hacer primero?
El punto de partida, explica, es definir con claridad un monto máximo de gasto. Fijar ese límite permite evitar el sobreendeudamiento, especialmente cuando no se cuenta con ahorros previos.
La recomendación es que la carga financiera -las cuotas y pagos mensuales por deudas- no supere el 25% del ingreso disponible, una vez descontado el arriendo o el dividendo.
¿Cuál es el riesgo?
“Las vacaciones pueden ayudarnos a mejorar nuestra salud mental, mientras que el sobreendeudamiento puede producir el efecto contrario”, advierte.
¿Y durante las vacaciones?
Junto con establecer un presupuesto, resulta clave llevar un control detallado de los gastos durante el viaje. Registrar las compras diarias y los pagos realizados, ya sea en efectivo o con tarjeta, permite tener una visión real del uso del dinero.
¿Cómo llevar el proceso?
“Muchas veces la planificación se centra solo en los grandes desembolsos y se pasan por alto gastos cotidianos como la alimentación, la bencina o los estacionamientos. Mantener ese registro permite evaluar si se está cumpliendo lo planificado y corregir el rumbo a tiempo.
Otro elemento fundamental es priorizar, distinguir entre necesidades y deseos evita llegar a mitad de las vacaciones con la sorpresa de haber agotado el presupuesto en actividades prescindibles.
A ello se suma la necesidad de ser realistas: el descanso dura algunos días, pero luego llega el momento de retomar la rutina y enfrentar la realidad económica”, detalla el experto en finanzas.
¿Cuáles son los escenarios posibles?
“Debemos considerar escenarios de menores ingresos, trabajos más inestables o incluso desempleo. El nivel de gasto y endeudamiento tiene que ajustarse a esa realidad, evitando usar ahorros destinados a otros fines”, señala Valenzuela.
¿Se puede ahorrar para las vacaciones?
Siempre que sea posible, el ahorro previo aparece como la mejor estrategia para disfrutar sin sobresaltos.
Contar con recursos destinados específicamente a las vacaciones permite mayor tranquilidad y reduce el estrés financiero.
Para ello, se recomienda establecer un cronograma de ahorro anual que comience apenas terminan las vacaciones y se complete antes de iniciar las siguientes.
¿Y si la opción es endeudarse?
Si la única alternativa es endeudarse, la recomendación es cotizar y elegir con cuidado.
Optar por créditos con la menor Carga Anual Equivalente (CAE) reduce el costo total del financiamiento y, en la práctica, abarata las vacaciones.
Además, el académico aconseja no extender el plazo de la deuda más allá de un año.
“Si solo sales de vacaciones en verano, endeudarte por más tiempo puede impedirte hacerlo nuevamente el próximo”, concluye.








