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CRÓNICA DE UNA FIESTA LITERARIA por Franco Caballero Vásquez

Dos ejemplos de colectividad vemos hoy: el mundial de fútbol y el 2do acuerdo constitucional; nos convocan a pensar en el sentido de colaboración, conjunción, circularidad, comunitarismo, unión, comunidad para obtener resultados superiores. En el fútbol es evidente, es un deporte, donde hoy podemos notar bastante bien con los equipos que han jugado este campeonato mundial demostrando que el colectivo está por sobre las figuras individuales. En el acuerdo constitucional ni hablar. Llegar a un acuerdo de la Clase Política es algo importante, no es menor que hayan podido mediar y encontrar acuerdos un grupo diverso de posturas políticas. Se logró antes de terminar el año, bien por Chile. Otro puntito para sumar en ser los campeones de la estabilidad política de la región. Pero yo no vengo a hablar de fútbol ni de política, sino que de una fiesta a plena calle, que se logró realizar como resultado superior de una comunidad organizada que aplicó estas medidas colectivas. Para darle rienda a esta crónica he preferido ordenar los puntos más destacables de la impresión que ha dejado la experiencia de habitar la calle.

Primera cosa que decir: No hay perros callejeros. Solo se ven mascotas. Me imaginaba la película 101 dálmatas, todos paseaban sus mascotas muy bien comportadas, algunas peinadas y radiantes. Desde una esquina tuve el placer de observar un San Bernardo que entraba con su dueño a la plaza. Pasó por la calle en la que estaba pudiendo apreciarlo en todo su esplendor. Hermoso pelaje. Vi tres poodles blancos de moños y hasta unos chiguaguas. Pero no mentiría si digo que solo noté un perro callejero. De inmediato pensé cuanto bien han hecho los grupos animalistas, la causas por la adopción de animales en situación de calle ha sido efectiva. Si es así, estamos haciendo carne el amor por los animales. Los reconocemos.

Segunda: Los libros, aquellos objetos vivientes de una especie diferente a la nuestra y a los animales. Todos juntos eran visualmente una vega literaria. Ahí donde está la fruta está el libro. De tantos colores, tamaños, autores, editoriales, temáticas y con diferentes atenciones del casero/a. Terminar un libro es una meta personal lograda. Un pequeño objetivo bien alcanzada, y hoy los adolescentes y la tercera edad lo saben bien. Puede que sea extremista al distinguir estos segmentos, cuando en la generalidad encontramos adherentes a la lectura en todos los espectros. Pero es que desde mi impresión me llamó la atención estos lectores jovencitos y mayores que inquietos miraban atentos en su búsqueda.

Tercera cosa: Vivir en la plaza. Habitar el espacio público por una comunidad que caracteriza el espacio neutral que es este cuadrado central de áreas verdes en el corazón de la ciudad. Le otorga a este sitio indefinido, una determinación por una cierta cantidad de tiempo. Se identifica y se viste de dicha comunidad. Esto genera una atmósfera de aquello que interpreta al grupo que llevó a muchos ir a reposar al pasto, y que en este caso emanó aires literarios culturales. Fue magnífico ver tantas personas leyendo en los pastos, me hizo pensar que los libros atraen a los pacíficos. A los pacíficos de acto, por supuesto, pero no de espíritu, ni mucho menos de ideas. Vestir la plaza de cultura fue vestirla de paz y sosiego.

Cuarta: El reencuentro. Habitar la plaza te reencuentra con muchas personas que no habías visto. Sin duda; es un constante reencuentro, y además de observancia, al ver a lxs ciudadanxs talquinxs pasar a diario, e interactuando por las consultas realizadas. Cada quien desde su personalidad, en sus múltiples formas de ser. Cada uno es único pienso. El otro es el infinito dice Levinás. El otro son todas las posibilidades. Cuántos diferentes tipos de lectores. Así como también de escritores; realmente el movimiento literario en la región del Maule es considerable. Lo mismo con la música, es un surtimiento. La pandemia fue una burbuja temporal que sembró una gran cantidad de semillas y que ahora ya podemos ver florecer. Y qué decir del vecindario, la comunidad en sí, inevitablemente encariñable con quien te ayudas y te colaboras por un propósito común; no hay mejor armonía que mirar juntos el mismo norte.

Vender en la calle me imaginó Persia, pero aquella de los tiempos bíblicos, con toda la gente en la calle, todos habitando simultáneamente el espacio público, que si bien civil y neutral, se revistió de seguridad y confort. Me imaginé el Jerusalén de la antigüedad, donde todo el pueblo, desde el más rico al más pobre confluía en las enredaderas del comercio callejero. Mi papá siempre dice que donde haya música habrá convocatoria. En este caso, música y banderines, y poesía y trova como soltando el instinto de las artes contenidas por tiempos de encierro, dejando en evidencia el hervor artístico y cultural talquino, que albergó en su plaza de armas tres veces durante este año a la Fiesta del libro.

Franco Caballero Vásquez

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