
¿Viste ese lema que se repite harto en redes sociales? Dios les pone sus peores obstáculos a sus mejores guerreros, bueno esto podría aplicarse a Chile, y a todos los países que se han visto mermados por la ultraderecha, ya sean estos Chile, Argentina, Estados Unidos. Curiosamente grandes referentes de la democracia. Chile, reconocido mundialmente por sus manifestaciones masivas, pionero en eso. Argentina, les cargó juicio y cárcel a sus dictadores, y Estados Unidos, el anciano de la democracia, ahora capturada como bandera petrolera.
Bueno, tres países ahora con gobiernos absolutistas y autoritarios que lo único que hacen es fomentar el aprendizaje democrático en la ciudadanía gracias a sus conductas tiránicas. Estos cuatro años serán una prueba, un curso, un intensivo de democracia para la sociedad chilena, ya lo podemos estimar cuando un grupo que se cree y se entiende como superior a las demás personas, le mojan la oreja a la gente, y eso nunca se hace, es una ley, como ser defensa y jugar salir tocando por el medio.
Primero hay que advertir que el libre comercio se destapó, una empresa puede ser más grande que el Estado, hace rato. Pero ahora ya se destapó todo, nada se oculta, los que quieren robar roban, sin moralina. Ahora que se cayeron los castigos trascendentes y las culpas religiosas, sumado al paradigma neoliberal radical que rige, hicieron del momento actual un desmadre comercial. Imagínate Trump, quiso más y más poder y dinero y terminó contradiciendo su figura y autopercepción como Nobel de la Paz para terminar desatando una de las guerras más impopulares de las últimas décadas.
Eso para mí no es un liderazgo de derecha. Para mí la derecha es un principio democrático, porque como concepto y término está intrincada en una dinámica de contra izquierda y viceversa, esa dinámica es política y democrática. Decir la derecha o decir la izquierda es decir que ambas se continúan en la dialéctica gubernamental.
Yo creo que la verdadera derecha cree en la democracia, la derecha del ciudadano de a pie. Esta se inclina por el ala conservadora de la visión social y por el beneficio directo a personas particulares; en cambio la izquierda no tiene un beneficio hacia alguien en particular, sino hacia la sociedad toda, es un beneficio diluido. Obviamente siempre hay particulares beneficiados en ambas alas, solo que la derecha puede hacer beneficios en niveles mucho más altos que los de izquierda. Salvedades sabidas, pero ambas en función gubernamental.
La democracia ideal de Spinoza, por ejemplo, tiene un poder soberano, un Estado gobernado por da lo mismo quien, izquierda o derecha, pero dónde la sociedad es la que levanta sus deseos y reclamos hacia el Estado para que este los transforme y los devuelva en forma de leyes y mandatos. El poder de la gente, la democracia, se vuelve así circular. Es bellísimo. Incluso, hasta una dictadura como Corea del Norte, China o Irán podrían tener más democracia que un país con ese nombre, si es que acaso el Estado recepciona las demandas civiles. Suena polémico para quienes creen todavía que la democracia es una bandera roja, blanca y azul.
Tan simple dinámica. Da lo mismo quien gobierne si podemos transformar las leyes y mandatos según lo que la sociedad defina. El problema claro es que hoy cuando toca gobernar nadie cambia las cosas en desmedro de los beneficios de su sector o de sus beneficiados.
Ese problema tuvo el estallido social chileno. Levantó un reclamo, se identificó un objeto común, un cambio constitucional que subió, pero no logró bajar como mandato. Es decir, nos terminó rigiendo el poder constituido, inamovible. Esa sí que fue una gran mojada histórica de oreja a la sociedad, y para peor ahora, que surge un gobierno ultraderecha, es decir un ultra alejado de la democracia, tipo Trump-Milei-Kast, hacen pensar que con todo el movimiento social que repercute de sus acciones tan disparatadas, con mentiras y negacionismos, lo único que podría pensar es que son agentes de la izquierda filosófica radical o es que no tienen idea de las teorías políticas por el movimiento social, porque están jugando con fuego. Imagínese usted que la revolución francesa tuvo lugar después de que la monarquía extremara la desigualdad manteniendo pobre a la gente y enriqueciendo a la realeza.
La multitud vista como deseo común de una gran masa de personas tiene ahora todo para conformarse, es decir, hoy es potencialmente más posible de ocurrir, y las veces que sean necesarias, porque, así como la tecnología ha contribuido a desarrollar por ejemplo la inteligencia artificial, también la concordia social puede generar una inteligencia humana en la que las multitudes se unifican bajo una sola demanda clara y determinante. Eso sí que es democracia, transformar la realidad política desde afuera, no desde la clase política ni sus representantes. Porque recuerde que somos seres pasionales todavía y el sistema político está pensado en el “cómo debiésemos ser las personas” (Hobbes, Rousseau, etc.) en vez de “cómo somos realmente las personas” (Spinoza, Maquiavelo, Negri, etc.). Esa tensión en algún momento se va a romper. No hay mayor fuerza que la realidad.
Ahora todos quieren ser políticos. Poder y dinero. Y no es culpa nuestra, es el sistema el que se equivocó con pensarnos idealistamente, y no empíricamente, eso es lo que hay que cambiar. El problema en definitiva es el sistema que permite que el poder del anillo se vuelva atractivo y deseado por los políticos y aspirantes a ello. Es decir, a ellos, de izquierda o derecha, les conviene el statu quo, la mantención de la forma gubernamental porque imagínate ser político en el mundo de hoy neoliberal, popular por las redes, comiendo en restaurants onderos, con poder, con fama y con plata. Muy distinto sería que votáramos como en el Vaticano, que se acabaran por ley las campañas políticas, que cada uno vote por quien cree que debería presidenciar, y que los políticos de una vez por todas tuvieran un sueldo administrativo equiparable al de cualquier persona común y corriente, con eso ya solucionaríamos bastante. Queridos políticos, por eso es tan peligroso para ustedes mojarle la oreja a la gente, porque se nos empiezan a ocurrir ideas como estas.
Franco Caballero Vásquez
Filosofía Política








