
La historia contemporánea está marcada por la caída de regímenes que parecían inamovibles. Saddam Hussein en Irak y Nicolás Maduro en Venezuela representan dos casos que, aunque separados por geografía y contexto, comparten elementos que permiten un paralelo sugerente. Ambos líderes encarnaron proyectos políticos que se aferraron al poder en medio de crisis internas, sanciones internacionales y un creciente aislamiento. La caída de Hussein, y con él su régimen, ya es un hecho histórico; la de Maduro, si bien ya encarcelado, es una noticia en proceso. Es interesante tratar de trazar un paralelo entre ambas caídas, no solo como ejercicio comparativo, sino como reflexión sobre las dinámicas del poder y las consecuencias que cambios tan abruptos pueden generar en una sociedad y en el contexto internacional.
Comencemos recordando que Saddam Hussein llegó al poder en Irak en 1979, tras años de maniobras dentro del Partido Baaz. Su régimen se caracterizó por un férreo control del aparato estatal, una represión sistemática de la oposición y una política exterior marcada por un intento hegemónico regional. La guerra contra Irán (1980-1988) consolidó su figura como líder nacionalista, con el velado apoyo de Estados Unidos. Posteriormente, la invasión de Kuwait en 1990 lo situó contra Estados Unidos, desencadenando la Guerra del Golfo y el inicio de un largo tiempo de sanciones internacionales. El régimen de Hussein, siguiendo a la letra el modelo totalitario, se sostuvo combinando miedo, propaganda y clientelismo. Su figura se convirtió en omnipresente, y la represión contra kurdos y chiitas dejó cicatrices profundas en la sociedad iraquí. Sin embargo, pese a las sanciones y el aislamiento, Hussein logró mantener el poder durante más de dos décadas, hasta que la invasión estadounidense de 2003 precipitó su caída.
Nicolás Maduro, por su parte, asumió la presidencia de Venezuela en 2013, tras la muerte de Hugo Chávez. Su llegada al poder estuvo marcada por la necesidad de mantener la cohesión del chavismo, movimiento político que había transformado la estructura del Estado y la economía venezolana. Sin el carisma de Chávez, Maduro se apoyó en el aparato militar, en la represión de la oposición y en un discurso de lucha antiimperialista que buscaba legitimar su permanencia. Sin embargo, la crisis económica generada por políticas internas irresponsables y fallidas, agravada por la caída de los precios del petróleo y por una corrupción desembozada, generó un colapso en los servicios básicos, una hiperinflación sin precedentes y el éxodo masivo de venezolanos que tan bien conocemos. Al igual que Hussein, Maduro enfrentó sanciones internacionales, especialmente de Estados Unidos y la Unión Europea, que limitaron su margen de maniobra. Sin embargo, logró sostenerse gracias aliados como Rusia, China e Irán, y a una estructura de poder que combinaba control social, militarización y alianzas con grupos armados y delictuales. Su captura hace una semana, no ha sido más que el corolario de una dictadura.
Ambos dictadores tienen semejanzas evidentes. Ambos líderes construyeron una narrativa en la que se presentaban como defensores de la patria frente a enemigos externos, apoyados por un fuerte culto a su personalidad. Además, ambos dictadores se apoyaban en un fuerte aparato militar: Hussein en la Guardia Republicana, una fuerza de élite leal, conocida por su brutalidad y equipamiento superior, y que fue el último bastión de protección para el dictador antes de su caída y ejecución. Maduro lo hacía en las Fuerzas Armadas bolivarianas, cuyos mandos están fuertemente politizados, en colectivos paramilitares armados y asesores militares cubanos. Por otra parte, los dos enfrentaron un aislamiento creciente y fuertes restricciones económicas internacionales que fueron paulatinamente deteriorando la calidad de vida de sus pueblos. Otra triste semejanza es la cruel represión interna. Es que, tanto en Irak como en Venezuela, la oposición fue perseguida, encarcelada y, en muchos casos, obligada al exilio. La diáspora de 8 millones de venezolanos es prueba de esto. Por último, y pese a todo lo anterior, ambos dictadores lograron mantenerse en el poder más tiempo del que muchos analistas preveían.
No obstante, ambos regímenes y sus líderes tienen importantes diferencias, las cuales abordaremos la semana próxima.
Juan Carlos Pérez de La Maza
Licenciado en Historia
Egresado de Derecho








