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DE DULCE Y DE AGRAZ por Rodrigo Biel Melgarejo

Se termina el año 2023 con luces y sombras, con algunos problemas que se han solucionado solos, y otros que parecieran no tener solución, ya don Ramón Barros Lucos, señalaba: “No hay sino dos clases de problemas en política: los que se resuelven solos y los que no tienen solución”, cuánta sabiduría en sus palabras, diría Vicente.

El año que se va me deja un gusto amargo en tres acápites: deterioro creciente de la educación, aumento acelerado de la inseguridad ciudadana y una desbocada inmigración.

Lo ocurrido con los plebiscitos no me preocupa, responde al hastío de la gente con la política, a pesar que algunos nieguen esa circunstancia; y, especialmente, con los políticos, que una y otra vez dan la espalda a su mandante: el pueblo, pero todo el pueblo, no sesgado, como se equivocan esos mismos capitalizadores de la soberanía. El drama es que eso deja la puerta abierta a un gobierno autocrático.

El país da tumbos desde hace mucho en los temas que he mencionado como altamente preocupantes; no es nuevo, para nada. Como decía mi profesor de derecho romano: “no hay nada nuevo bajo el sol”.

Tengo 76 años de edad, puedo afirmar, con absoluta certeza, que hechos ocurridos con anterioridad, fueron larvados mucho antes por políticos incapaces de prevenir y de prever lo que se veía venir. Y, ¿qué ocurrió?, que se abrió “de par en par” la puerta al autoritarismo.

Las tres amarguras referidas no son exclusivas de Chile, están pasando en todo el mundo. España y Francia han sufrido un grave retroceso en el último informe Pisa, lo mismo ocurre respecto a la inseguridad ciudadana, en países como Suecia o Noruega. Y también está la cuestión de la inmigración desbordada, preocupación de gran parte de los países que componen la Unión Europea.

El país puede enfrentar el año 2024 olvidándose del proceso constitucional y no pasará nada. No es lo mismo el debilitamiento de la educación, de la seguridad ciudadana y de la inmigración.

En Francia se culpa al “buenismo educacional” del deterioro de la educación, y se lo puede traspasar a Chile; buenismo que comenzó cuando una alumna lanzó un vaso de agua a una ministra de educación y nada pasó.

El alumno, en un pie de igualdad, cuestiona las evaluaciones que hacen sus profesores y trasladan a éstos las causas de sus fracasos. Resulta dramático ver a los profesores exponer los temas que los educandos deben aprender, mientras éstos en sus manos manipulan sus celulares. No reniego de la tecnología, sino que de su mal uso.

Respecto a ello, ya el año 1940 la filósofa Hanna Arendt, sostenía que, “por su propia naturaleza la educación no puede renunciar a la autoridad ni a la tradición…”, criticando el destierro de los métodos tradicionales, por una “…mezcolanza de sensatez e insensatez”.

Para el año 2024, espero que la autoridad, apoyada por padres y profesores, se proponga reordenar la educación, desterrar el buenismo, volver a la repetición de curso cuando sea necesario y a hacer respetar al profesor.

Por su parte, la inseguridad ciudadana es fruto, entre otras causas, de la exacerbación de los derechos. Hoy los beneficios que debían ganarse, se convierten en derechos que se exigen, es decir, una especie de buenismo del sistema penal y procesal penal.

Espero que se compatibilicen los derechos de los infractores con los de las víctimas y de la sociedad. Que se vuelva al principio de igualdad y no al de la discriminación, como se aprecia a diario.

En cuanto a la inmigración, nadie puede desconocer el aporte de los migrantes. Entregando conocimientos y habilidades, ellos deben ser bienvenidos; Chile es un país de inmigrantes que han aportado al crecimiento del país. Pero no se puede abrir la puerta a la inmigración forzada sin previo análisis de los antecedentes prontuariales de los que deseen ingresar, por mucho que Naciones Unidas promueva la migración global.

Espero que el año 2024 se ponga coto a la fanfarria de abrir la puerta sin control y que tengamos la fortaleza, como lo hacen muchos países, de decir no a dichas decisiones. Es cosa de observar a los países nórdicos, que, de una política aperturista, transitan a una legislación abiertamente restrictiva a la inmigración forzada, deportando y apoyando el regreso de nacionales a sus países de origen con el apoyo de organismos internacionales. Del mismo modo reaccionan países del centro y sur europeo.

Chile debe imponer su soberanía y asumir una política migratoria realista, pragmática y de beneficio para el país. Todo aporte, bienvenido sea.

Rodrigo Biel Melgarejo

Abogado

Profesor Universidad de Talca

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