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DERRIBANDO MITOS SOBRE LA SEXUALIDAD EN ADULTOS MAYORES por Carolina Poblete

La sexualidad es una dimensión intrínseca de la experiencia humana, que persiste a lo largo de toda la vida, incluyendo por supuesto la vejez. Sin embargo, cuando se combina con algún grado de diversidad funcional, surgen mitos y estereotipos que pueden ser limitantes y dañinos.

Abordar estas creencias no sólo es un acto de corrección informativa, sino también un paso crucial hacia una sociedad más inclusiva y respetuosa.

Mito 1: “Las personas mayores con diversidad funcional no sienten deseo sexual”

Contrario a la creencia popular, la capacidad de experimentar deseo y placer sexual no desaparece con la edad o ante la presencia de diversidades funcionales. Aunque el deseo puede fluctuar debido a cambios hormonales, enfermedades o medicamentos, estas personas continúan teniendo necesidades afectivas y eróticas, es fundamental que los profesionales de la salud dialoguen abiertamente con sus pacientes sobre la sexualidad. Ofreciendo alternativas y adaptaciones para superar las barreras físicas o emocionales. Por ejemplo, el uso de ayudas ergonómicas o la modificación de técnicas sexuales que puedan facilitar la intimidad y el placer.

Mito 2: “El erotismo es exclusivo de los jóvenes”

El erotismo en la vejez puede ser tan intenso y satisfactorio como en otra etapa de la vida. De hecho, muchas personas mayores reportan mejor satisfacción erótica, debido a la profundidad de sus relaciones y a un mayor autoconocimiento. La sociedad debe reconocer y celebrar la continuidad del deseo erótico a lo largo de la vida, promoviendo una imagen más realista y positiva de la sexualidad en las edades maduras, actividades como las caricias, los masajes y las conversaciones íntimas pueden ser formas valiosas de mantener la conexión erótica y emocional.

Mito 3: “Las relaciones amorosas y sexuales son inapropiadas en la vejez, especialmente si hay algún grado de diversidad funcional”

Este es uno de los mitos más dañinos, ya que sugiere que las personas mayores con diversidad funcional deberían abstenerse de tener relaciones íntimas o eróticas. Esta falsa noción puede provocar soledad y aislamiento. Es crucial que los familiares o cuidadores apoyen las necesidades emocionales y sexuales de las personas de la tercera edad, respetando su derecho a formar relaciones significativas y satisfactorias. Los espacios residenciales y de cuidado deben proporcionar políticas claras y apoyo para facilitar las relaciones personales, asegurando privacidad y respeto por las decisiones sexuales.

En conclusión, es imperativo que desmitifiquemos las percepciones erróneas sobre la sexualidad en personas mayores con diversidad funcional. Profesionales, cuidadores, familia y la sociedad en general deben adoptar una actitud más abierta y educada, facilitando que estas personas vivan su sexualidad de manera plena y respetuosa.

Reconocer y apoyar la sexualidad en la vejez no sólo es un derecho, sino una cuestión de dignidad y calidad de vida.

Carolina Poblete Ramírez

Docente Carrera Obstetricia y Puericultura

Universidad Autónoma de Chile

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