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ECHANDO A PERDER… por Juan Carlos Pérez de La Maza

Resulta un tanto decepcionante percibir que, en el ámbito de las decisiones políticas de mayor envergadura, nuestro país haya caído en una suerte de espiral de ensayo y error, que podría resumirse en el refrán que sugiero en el título. Porque, el Lector estará de acuerdo conmigo, el ideal es que una sociedad aprenda sin el dolor ni los traumas que provocan los errores. Claro, dicen que los golpes enseñan, pero sería mucho mejor el aprendizaje sin golpes.

Cuando el país estaba, casi literalmente, envuelto en llamas por allá por los últimos meses de 2019, los miembros del establishment político concluyeron que la gente exigía múltiples cambios, en una sociedad que no les satisfacía. Y discurrieron que la mejor manera de satisfacer esas exigencias era cambiar la Constitución. Entonces, en la urgencia de esas noches febriles, generaron un proceso constituyente que se fue armando en el camino. Y, como todas las cosas que se hacen de manera improvisada y bajo presión, hubo decenas de detalles que fueron definidos, agregados y corregidos sobre la marcha. El resto de la historia Ud. ya lo conoce. Una Convención abundante en anécdotas tragicómicas y un proyecto partisano, perverso y desatinado, que la ciudadanía rechazó con la fuerza de la indignación.

¿Aprendimos de todo aquello? Los historiadores del futuro, en el próximo siglo, por ejemplo, ¿comprenderán qué fue lo que le pasó a la sociedad chilena a partir de 2019? Más de alguno, escarbando en los millones de antecedentes que hemos ido sembrando en el camino, ¿hallará la pieza justa que permita decir, con autoridad, qué nos pasó? Y, más importante aún, ¿dirá que los chilenos aprendimos y mejoramos?  Roguemos que las respuestas que elabore ese futuro historiador sean positivas, satisfactorias y hablen bien de nuestro aprendizaje a golpes.

Pero, hasta el momento y teniendo a la vista lo que está a nuestro modesto alcance, pareciera que somos de aprendizaje lento. Aprendemos, sin duda, pero no como esos alumnos ideales, que captan a la primera y proyectan más allá que el propio profesor. Los chilenos aprendemos lento, repetimos el error muchas veces, confundimos las variables y sacamos conclusiones equivocadas. No obstante, digamos algo a nuestro favor, lentamente vamos mejorando. De tanta oportunidad desaprovechada, al final obtenemos avances modestos. O sea, de tanto echar a perder… finalmente aprendemos.

Porque, el Lector podrá estar de acuerdo conmigo, todo hace pensar que el futuro Consejo Constitucional será mejor que la ominosa Convención. ¿Cuánto mejor? Eso no lo sabremos mientras no elijamos a sus miembros y observemos cómo trabajan. Pero, lo más probable es que no haya, nuevamente, gente disfrazada, sahumerios y duchas. A lo más algunas conductas testimoniales. Espero que haya himno nacional, bandera y hasta alguna corbata. También me provoca esperanzas la Comisión de Expertos. Pueden ser un aporte, en la medida que se respete sus saberes y experiencias y no se les avasalle con la justificación de los miles de votos que alguien obtuvo en la elección, echando al basurero sus aportes. Sabemos que algunos connotados expertos tienen el justificado temor de integrar este órgano y convertirse luego en decoración sin sustancia ni incidencia.  Por último, quiero creer (con la fuerza de mi candidez juvenil) que el Comité Técnico de Admisibilidad, una suerte de árbitros o censores de lo que se definió como las 12 Bases de la Institucionalidad, garantizarán que no se intente refundar Chile, trastocando, transformando y trastornando la esencia de nuestra sociedad.

Así, este país que, pese a la adversidad y a la pertinacia de algunos, finalmente aprende de los azotes que, cada tanto, le propina la naturaleza o los humanos que la pueblan, se apronta a intentar, por segunda vez, cambiar las reglas que organizan su comunidad. Cambiarlas por otras, inciertas, en la esperanza de que, esta vez, sí resulten ser todo lo justas, razonables y perennes que siempre hemos anhelado. Para no tener que volver a cambiarlas nunca más y poder decir, de una vez por todas, que aprendimos. A golpes, pero aprendimos al fin.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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