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El auge de las «Barbershop» en la calle 6 Oriente en Talca

Dicen que fue un dominicano el primero en abrir un local donde se cortaba el pelo con degradados en la 6 Oriente, entre 2 y 3 Sur. Hoy en una cuadra existen seis barbershop, la mayoría atendidas por venezolanos. Aunque un chileno es referente en un estilo de evidente origen extranjero (Texto y fotos: Rodrigo Contreras Vergara)

César combina su afición musical por el reguetón con el corte de pelo.

César Arteaga es venezolano, llegó en enero de este año a Talca. Es músico. En el ambiente del reguetón se le conoce como “J. Dany”. Pero también se dedica a cortar el pelo. El fenómeno de las “barbershop” está muy unido al reguetón, como también a venezolanos, colombianos y dominicanos que han hecho escuela en Chile en esto de ponerle onda al tradicional corte de pelo.

El chileno medio se ha ido adaptando al degradado. Lo pide. Aunque es más caro (8 mil pesos el degradado clásico en Soul Barbershop). Hay más trabajo, más detalle, más calidad, dicen a coro los venezolanos que han levantado un pequeño boulevard “barbershop” en la 6 Oriente, entre 2 y 3 Sur.

César trabajó primero en el local de Robin, frente a donde hoy corta junto a su hermano Roberto en un espacio que arriendan.

Como la mayoría de venezolanos que se dedican a este oficio, Danny partió en Talca en el local de Robin.

Robin es Robinson Troncoso. Es el punto de referencia cuando los venezolanos cuentan su historia. Todos, sino la mayoría, pasó por la barbería de Robin. Ah… por cierto, Robin es chileno. César, que a futuro piensa compatibilizar la música con su propia barbería, agradece su apoyo. “Un ejemplo a seguir, me enseñó muchas cosas. A él le gusta el estilo venezolano”. Un estilo pulcro, definido. El tradicional degradado, por ejemplo, o el englobado, que es un degradado comprimido.

Me pierdo un poco. Me alcanza para el degradado. Pero no me puedo imaginar el englobado. Tal vez porque soy de la generación del peluquero tradicional, el del sillón vetusto, la tijera, la brocha empolvada. Miro con desconfianza el degradado, aunque no es tan distinto a lo que hacía don Pepe, que en paz descanse. Sí, con menos detalle, pero la maquinita hacía su pega. Alcancé a pasar por esa cortadora manual que don Pepe machacaba como si se tratara de un experto maestro del puntillismo.

César, que tiene 22 años, no me entendería. Pero no importa, todo el mundo tiene talento, acota. Como diría don Pepe, “cada maestro con su librito”. César dice que al talquino le gusta mucho el degradado uno, el más tradicional.

ESTILO VENEZOLANO

Al lado del local de César está la barbería House Montana. Animados, como buenos venezolanos, Danny Delgado y Luis Rachid invitan a quienes se asoman por el ventanal del local. Aclaran que son de Maracaibo, porque, obvio, no es lo mismo Maracaibo que Caracas, ni el talquino es igual al ariqueño, usted me entiende.

Como la mayoría de venezolanos que se dedican a este oficio, Danny partió en Talca en el local de Robin.

Danny y Luis coinciden en que el talquino se ha ido adaptando a lo nuevo. Muchos piden el degradado, pero también hay quienes siguen optando por el corte tradicional. Danny cuenta que tiene 16 años de experiencia en barberías y, al igual que César, cuando llegó a Talca trabajó con Robin.

En Venezuela la barbería es más popular. El venezolano tiene la costumbre de retocarse el cabello -más grueso que el común de los chilenos que tienen el pelo más “trinchudo”, como le dicen los venezolanos al cabello hirsuto, tieso- una vez a la semana. Acá no es tanto, pero -asegura Danny- el chileno cada día se está preocupando más de su pelo.

“Nos adaptamos”, acota Danny sobre cómo ha sido cortarle el pelo a los chilenos. Además, ayuda la expresividad del venezolano. La atención es amena. Juan Pablo hace 2 años y medio que se corta el pelo con Danny. Primero cuando trabajaba con Robin y ahora en su local propio. Le gusta el estilo y se acostumbró. Samuel, venezolano, luce una frondosa cabellera. Dice que la pandemia lo llevó a espaciar las visitas a la barbería. Pero ya su pelo estaba muy largo. Se sienta en el sillón y Danny comienza a cortar. Es pasado el mediodía y los clientes no paran. Entra una joven que lleva su pelo tomado en una estilizada trenza. Había venido antes y le gusta cortarse en los costados. La atiende Luis. Se llama Javiera y tiene 24 años. Su madre es peluquera, pero no sabe hacer el degradado, confiesa sin una pizca de culpa por su infidencia. Más vergüenza le dio la primera vez que vino, ya que no son muy habituales las mujeres en las barberías. Pero le gusta el corte y el ambiente es cálido, se siente bien.

No es muy común que mujeres se corten en las barberías. Pero a Javiera le gusta el estilo de los venezolanos.

LA PARADOJA DE REOBIN

La paradoja de esta historia es que sea un chileno el que asume un rol protagónico. Robinson Troncoso es un emprendedor nato, un sanjavierino que llegó a Talca a los tres años de edad. Se dedicó mucho tiempo al rubro de frutas y verduras. Se enamoró del concepto de barbería cuando comenzó a cortarse el pelo con un dominicano que atendía en la misma 6 Oriente, siempre entre 2 y 3 Sur, el primero en instalarle es este sector y que tras un tiempo se fue. A Robinson le quedó dando vueltas la idea de aprender el oficio. Esto fue hace unos cinco años. Poco a poco se fue perfeccionando, hizo cursos de colorimetría y diseño, y amplió el negocio a la venta de insumos. Se instaló primero con un local en la cuadra de enfrente. Luego se cambió al actual sitio, más grande y con personal a su cargo.

“Este trabajo es un arte que uno va desarrollando…siempre estoy aprendiendo”, comenta Robin con un entusiasmo evidente. Una profesión que, además, le permitió conocer a su esposa, una colombiana que trabajaba en un local de comida que funcionaba donde hoy justamente tiene su barbería. Cosas del destino. En ese mismo lugar se realizó el matrimonio.

Robin saca cuentas y resume que en la cuadra hay 6 barberías, número que sube a 9 si se consideran calles cercanas. No tiene problemas con la competencia, ni con el hecho de que varios de los venezolanos que trabajaron en su local hallan abierto sus propios negocios. “Es un aporte (el trabajo de los venezolanos)…uno tiene que hacer el bien para recibir el bien”. No esconde que hay personas buenas y otras no tanto, como una a la que le prestó mercadería en consignación y se fue sin pagarla. “Siempre hay gente con maldad en sus corazones, pero al final hay más gente buena que mala”, reflexiona.

Las barberías, asegura Robinson, llegaron para quedarse. “El chileno antes era más descuidado con  su imagen. Ahora se preocupa más y va más seguido a las barberías…las cosas están cambiando”.

BATALLA DE BARBEROS

Robinson Troncoso organizó en febrero pasado una “Batalla de barberos”, con asistencia de profesionales de distintas ciudades de Chile. “Todo un éxito”, indica. “Llegaron de pueblos que no había escuchado nunca”. Invitó incluso a exponentes de la música urbana para amenizar el evento. Una experiencia que quiere repetir a fin de año. El contacto en Instagram es: @importaciones_prestige_chile.

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