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¿EL CENTRO POLÍTICO RENACE? por Rodolfo Schmal S.

Soy de los que perdieron en el reciente plebiscito de salida. Voté apruebo porque prefería tener sobre la mesa la constitución propuesta antes que seguir con una basada en la constitución del 80. Voté por dar vuelta la página con una nueva constitución. Una clara mayoría dijo otra cosa.

Los distintos actores políticos están enfrascados en descifrar el resultado final desmenuzando los datos electorales a todo nivel, comunal, socioeconómico, etáreo, de género, etc. Mi análisis será más simple, apoyándome en cuatro grandes corrientes políticas que nos recorren: izquierda, centroizquierda, centro derecha y derecha. Se trata de una simplificación gruesa dado que las fronteras entre ellas son un tanto borrosas. Podríamos agregar dos categorías más en ambas puntas, la ultraizquierda y la ultraderecha, pero que para el presente análisis las he subsumido dentro de la izquierda y la derecha respectivamente.

Mi tesis sostiene que quien atraiga el grueso de las voces de centro, sean estas de centroizquierda como centroderecha, es quien gana. Así ocurrió con el plebiscito de entrada, donde la izquierda logró capturar casi el 80% de la votación dando inicio al proceso constituyente. Así ocurrió también en la elección presidencial con el triunfo de Boric, facilitado por el hecho de que en la segunda vuelta compitiera con Kast, representante de una derecha extrema. Y si nos remontamos más atrás, al plebiscito del 80, la opción del No ganó en gran parte gracias a los desgajamientos producidos desde las entrañas mismas de la dictadura del innombrable. Entre los nombres que se cambiaron de acera destaco los de Mónica Madariaga, Federico Willoughby, Armando Jaramillo, Julio Subercaseaux y Liliana Mahn.

En esta ocasión, en el plebiscito de salida, la opción del rechazo logró atraer a gran parte de la centroizquierda, en tanto que la centroderecha se cuadró íntegramente. Ahí es donde estaría la madre del cordero. Y la pregunta que asoma de Perogrullo es ¿porqué? El centro, tanto de izquierda como de derecha, tiende a representar a quienes no están en el día a día de la política, quienes tienen posturas moderadas, no extremas, graduales, no abruptas, quienes le hacen el quite a tierras movedizas, desconocidas, salvo cuando se viven momentos desquiciados.

Así ganó el NO el 88: mientras la campaña del SI se centraba en el caos que sembraría un eventual triunfo del NO, la campaña por el NO se impuso poner la pelota al piso y colocando al frente a sus voces más moderadas. Así también se ganó el plebiscito de entrada, enfatizando la necesidad de dejar atrás una constitución mal parida que vanagloria el individualismo y desprecia el espíritu comunitario como base del desarrollo al que todos aspiramos. Así también logró acceder Boric a la presidencia cuando al pasar a la segunda vuelta decide limar las aristas más ásperas de su programa para atraer al mundo de centro, esencial para toda victoria en las urnas.

Así fue como ahora se perdió en el plebiscito de salida. La derecha logró atraer para su opción, la del rechazo, a todo un mundo de centro que evaluó mal la propuesta constitucional la convención. Esta mala evaluación nos dice que la propuesta constitucional no recoge las aspiraciones de una mayoría. Y esta mayoría la conquista quien logra atraer para sí a ese centro que en Chile siempre ha sido crucial, nos guste o no. Bien sabemos que solo mayorías claras y contundentes en las urnas, son las que viabilizarán las transformaciones necesarias para tener un país más equilibrado, en todo el sentido de la palabra. Por tanto, la orden del día para recuperar una mayoría como la alcanzada en el plebiscito de entrada, es reconquistar el centro político del país. No es una misión imposible. Basta simplificar y clarificar la propuesta constitucional, despojándola de sus acápites más conflictivos, reduciéndola a aquellos aspectos básicos donde se puedan encontrar consensos. Hacer aquello que no hizo la convención.

Aparentemente la derecha ganó desde el momento en que el rechazo obtuvo más votos. Pero ojo, para ganar se tuvo que esconder y poner en el escaparate a figuras del centro político, particularmente de la centroizquierda, la niña bonita de esta elección. Acá no ganó la derecha, sino que el centro político, y quien perdió fue la izquierda, que sin querer queriendo, se vio arrastrada por una izquierda radical, extrema. Este centro político tiene ahora la obligación de concretar las reformas que comprometió en campaña y no verse inmovilizada por una derecha que está queriendo sacar las castañas con la mano del gato.

Rodolfo Schmal S.

Ingeniero Civil Industrial
Universidad de Chile
Magister en Informática
Universidad Politécnica de Madrid
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