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EL DIBUJO INFANTIL: CREATIVIDAD Y DESARROLLO EN VACACIONES por Sandra Castro

Más allá de la entretención, la expresión plástica es una herramienta fundamental para el crecimiento de niños y niñas. Aprovechar el tiempo libre de las vacaciones para fomentar el arte trae consigo múltiples beneficios: favorece la comunicación no verbal al permitirles expresar emociones sin depender de las palabras y mejora la psicomotricidad fina, fortaleciendo la coordinación entre los ojos, la muñeca y los dedos. Además, es un poderoso estimulante de las conexiones cerebrales que refuerza la autoestima, reduce el estrés y genera un descanso mental que facilita la concentración.

 

Es fundamental comprender que el dibujo evoluciona junto con el desarrollo madurativo del niño. Lo que a veces percibimos como trazos erráticos es, en realidad, un avance en su capacidad de expresión.

 

Este viaje comienza alrededor del año y medio con el «garabato» exploratorio, donde el niño no busca representar algo real, sino simplemente disfrutar del movimiento y el contacto con el material. Al llegar a los dos años, estos trazos se vuelven más controlados, apareciendo formas circulares o de vaivén, aunque todavía no representan objetos o figuras identificables.

 

El gran cambio ocurre a los tres años, cuando logran mayor dominio sobre la fuerza y la dirección de la mano. En esta etapa dedican más tiempo a la actividad, asignan nombres a sus creaciones y suelen dibujar los famosos «renacuajos», donde la cabeza es la protagonista absoluta. Hacia los 4 años, los movimientos se vuelven más intencionados y variados; el niño comienza a preocuparse por el detalle, las proporciones y el uso de un espacio determinado en el papel. Finalmente, a partir de los cinco años, el dibujo gana fidelidad: aparecen líneas geométricas, rasgos definidos y una composición mucho más cercana a la realidad.

 

Para que esta experiencia sea realmente enriquecedora, te sugerimos seguir estas recomendaciones:

 

Preparar el entorno: Facilita un espacio cómodo con buena música y materiales acordes a su edad. Es importante precisar desde el inicio dónde está permitido dibujar (hojas, cuadernos o pizarras) para evitar el uso de murallas o muebles, lo que a largo plazo fomentará un hábito de trabajo ordenado.

Acompañar con respeto: Si deseas participar, pregunta siempre antes de intervenir para no interrumpir su proceso creativo. Al terminar, evita interpretar el dibujo bajo una mirada adulta; es preferible preguntar con curiosidad qué ha dibujado. Esto evita que el niño se sienta incómodo si tu interpretación no coincide con su intención.

Valorar el esfuerzo: Incentiva la práctica constante y felicita la culminación de la «obra». Pon el foco en su dedicación y en el placer de crear, más que en la belleza estética o la perfección del resultado final.

 

Sandra Castro Berna

Académica

Escuela de Pedagogía en Educación Parvularia 

Universidad Católica del Maule

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