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EL FÁRMACO por Franco Caballero Vásquez

El placer, el viejo encuentro con el deseo, se escabulle entre nosotros, ricos y pobres, viejos y niños, vestido con el traje de la ilusión ocultando el vestigio que deja. La cara de gozo, efímero por lo demás, incluye a la inversa un rostro diferente. Se parece mucho a la idea de lo que ocurre en las redes sociales hoy en día, satisfaciendo lo efímero a costa de nosotros. He descubierto un término del cual me surgen diversos cuestionamientos, me refiero al FÁRMACO.

Proviene de Pharmakon, palabra griega polisémica que significa tanto droga como medicamento, alusivo a términos como “remedio” y también “veneno”, es decir que aquello que te alivia, también te enferma, o como aquello que te mata, te puede salvar la vida. Es un término que permite conciencia acerca de aquello que es externo al ser humano, por tanto, nos ayuda a atender los consumos según estos sean beneficiosos, pero al mismo tiempo dañinos. Evalúe usted.

Así pues, podríamos pensar que la marihuana es un fármaco. Chile era el 3er país del mundo en consumo cannábico hace dos años (el 8vo en cocaína hace un año) según la ONU. Su experiencia es un rompimiento, un quiebre a la rutina, independiente del consumo medicinal, tiene beneficios que al mismo tiempo son perjuicios, como cuando se convierte en droga y se padecen sus defectos. O el consumo del alcohol, uno de los fármacos más populares. Incluso también podríamos pensar que hay fármacos que no requieren de una sustancia como la masturbación en exceso en los hombres (no sabría decirlo en el caso de las mujeres) que satisface al mismo tiempo que resta una energía que es vital, pero esto puede ser debatible; lo que sí podemos decir es que hay consumos que nos traen ventajas y desventajas simultáneamente.

Si lo llevamos a la Filosofía Política podemos pensar en el capitalismo como un fármaco del Estado. Es difícil negar el progreso, con todo lo que implica esta palabra, que genera dentro de su virtud económica, y por lo tanto necesaria en la mayoría de los modelos de Estado que existen en la actualidad. Pareciera que hablar de Estado es hablar de Capitalismo, nadie escapa a su organismo por lo que se ha tornado una forma inevitable y óptima de administrarse nacionalmente. Aún China siendo “comunista” es capitalista, el asunto es que sería un fármaco por la herida que deja: la desigualdad social. En Chile ya sabemos, el capitalismo ha entrado de manera “salvaje” como definen muchos analistas, lo que en Europa se ha regulado con la social democracia.

Sería provechoso estipular índices de capitalismo de cada nación a nivel mundial, así como se hace con el consumo de alcohol o drogas. Los avances capitales tienen mayor vitrina que la herida que queda, eso es lo siniestro del desborde mercantil. Una de estas heridas es la desigualdad que arrastra, ya diagnosticado con el estallido social al menos, y no solo eso, sino también en el empobrecimiento humano que deja agregaría yo. Cuánta separación ha crecido con el sistema del capital desatado, en desmedro de la Cultura y el Arte, disciplinas que han mermado con la inyección neoliberal, lo que me hace pensar que en geopolítica aún hay colonizadores y colonizados.

En el barrio que está frente a la Universidad de Talca, se puede ver en una pared un certero rayado: “El Arte es no cualquier cosa” escrito debajo de una mancha. Esta simple expresión me parece que demuestra el fármaco del capitalismo cuando el deseo y el placer del capital perturba a la ya tan olvidada Estética, dejando a la cultura sobrevivir en algunos acordes, lentes, pinceles y plumas que terminan siendo entidades de resistencia ante el paradigma de una sociedad consumidora. Claro, la estética implica tiempo, y hoy no estamos para andar perdiéndolo, porque ya nos ocupa el placer de lo efímero que preferimos repetir una y otra vez hasta agotarlo, convirtiendo en fármacos nuestras actividades.

El fármaco nos permite comprender el resultado de las polaridades, nos ayuda a entender el funcionamiento de una dualidad, aleja el lente y nos pone en perspectiva, y digo nos pone, pues apelo a la noción humanista de lo planteado tanto desde lo personal como lo colectivo. En este sentido ¿el emprendimiento será también otro fármaco? Hacerse empresario de sí mismo, trabajando a toda hora, pero al mismo tiempo distrayéndose en todo momento. Tan típico del modus operandi del toyotismo donde la flexibilidad laboral aumenta, haciendo del trabajo un lugar atractivo para el empleado, pues se estila el desarrollo de la vida social mediante fiestas, actividades fuera de horario, dinámicas de equipo, viernes de pantuflas, entusiasmando la vida laboral, transformándola en vida privada. Esto me recuerda cuando estaba en Viña del Mar en el verano visitando una vieja librería y al lado había una peluquería de varios jovencitos que al mismo tiempo que cortaban el pelo se tomaban una cerveza. Pero bueno, eso ya es hilo de otra ocasión.

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