La Subsecretaría de Desarrollo Regional (Subdere) diseñó el Índice de Competitividad Regional (ICR) 2021. Es una buena noticia pues uno de los últimos similares lo ejecutó el Centro de Competitividad de la Universidad de Talca (2013) para regiones rurales, donde el Maule tenía ya una baja posición, pero con potencial de mejora.
La mala noticia que notifica éste ICR 2021 es que nuestra región del Maule ocupa entre 15 regiones (no se incorporó la región de Ñuble) la posición relativa 14º, en un contexto general en que todas mejoraron su competitividad; sin embargo, las otras regiones mejoran más y más rápido, evidenciando una pobre gobernanza regional en el Maule.
Veamos. De las tres dimensiones evaluadas en base a 73 variables, el Maule se posiciona en el último lugar (15º) en productividad; en calidad de vida en el lugar 13º; y, en cuanto a la tercera dimensión, sustentabilidad, nuestra región mejora ubicándose en el lugar 6º.
Definitivamente, la situación del Maule es muy grave en dos dimensiones debido, principalmente, a la terquedad de las autoridades por desoír los numerosos estudios científicos que aconsejaban trabajar sistémica y sistemáticamente los planes competitivos que contrató el mismo Gobierno Regional. Por el contrario, se obró más por la inercia, presionado -a veces- por el centralismo, aunque más por clientelismo.
Inclusive el Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) se constituyó por décadas en un fondo comunal y, a veces, hasta vecinal, motivado más por electoralismo que por vocación de genuino desarrollo integrado estructuralmente como regional.
Es tan grave la situación que, en la dimensión de productividad, entendida en el ICR como la capacidad de generar condiciones de producción, nuestra región se encuentra muy débil en capacitación per cápita, PIB per cápita, inversión per cápita del FNDR, gasto en inversión, desarrollo y colocaciones per cápita de las empresas.
En la dimensión calidad de vida, entendida en el ICR como la capacidad de generar bienestar, la situación en nuestra región es igual de deficiente. En la dimensión sustentabilidad, entendida en el ICR como capacidad de mantener potencialidad en el largo plazo, nuestra región está mejor, siendo relevante en variables tales como: bosque natural y mixto, especies amenazadas, emisiones de agua per cápita, emisiones de fuentes fijas per cápita, promedio SIMCE y PSU e inversión privada y extranjera per cápita.
Todo ello ya se había adelantado hace bastante tiempo al Consejo Regional (CORE). Es más, inclusive se le entregó el año 2018 al Gobierno Regional un estudio aplicado sobre una problemática que ninguna región de Chile posee: la política pública subnacional de gobernanza para la competitividad.
Pero no hay peor sordo que no quiere oír…
Tal irresponsabilidad no puede persistir, el Maule ya no resiste tanta incompetencia de autoridades con “mirada breve”, acendrado electoralismo, celos institucionales respecto hasta de las universidades regionales o simplemente de irreversible incapacidad.
Los actuales postulantes al CORE deben aprender la lección y actuar en favor de una genuina gobernanza. De lo contrario, el Maule continuará entre las regiones con menor productividad de nuestra patria y, además, con una esmirriada calidad de vida que es fin último de la competitividad territorial.