Hablo con don Jacinto, un tipo mayor, 64 años, casi a punto de jubilarse, y me dice, evidentemente nervioso, acentuando su tartamudez: “Estoy pre…pre…pre…ocupado, qué va a pasar el domingo…no sé…yo…yo…yo…creo que va a quedar la…la…la escoba…”.
Don Jacinto cree que gane quien gane el país va camino al precipicio, que si gana la derecha la Convención va a ser torpedeada sin misericordia. Utilizó esa palabra…misericordia…Y si gana la izquierda el poder económico va a empezar a jugar para atrás. Y me recordó lo del 73, el paro de camioneros, el acaparamiento, la conspiración.
¿Y qué le iba a contestar yo? ¿Que la derecha ha cambiado? ¿Que el empresariado ha cambiado? ¿Que Chile es otro Chile? ¿Que se aprendió la lección?
Chuta don Jacinto, creo que está exagerando, le dije al fín como para intentar que se calmara, aunque sin mucha convicción. Chile cambió, le dije acordándome de López y sonriendo con mi pie derecho, como lo hacía cuando bromeaba con Lucía antes de que me mandara a la cresta.
Chile está aprendiendo a dejar de mirarse el ombligo, me entiende don Jacinto. Y para eso hay que equivocarse. No hay otra. Hay que meter la pata hasta el fondo, dejar heridos en el camino, prometer cosas que no podemos cumplir, mentir, mentir y volver a mentir, usted sabe, si dice varias veces una mentira, con convicción, con cara de niño bueno, le van a creer. Y después, cuando descubran el engaño, será demasiado tarde. El tiempo es el mejor hoyo negro.
No…no…no..se…se…señor…Ni pe..pe…perdón ni…ni…ni olvido…, dijo don Jacinto con la cara roja, mirándome con rabia, buscando palabras en una pieza oscura.
Tranquilo don Jacinto, no me haga caso, a veces se me pasa la mano con las ironías. Es que me cuesta tomarme en serio a los políticos. Como decía mi viejo que en paz descanse, creo más en la política que en los políticos. ¿Me entiende, don Jacinto? Hay que preocuparse con la cabeza y tener esperanza con el corazón. En una de esas todas las piezas terminan por encajar y el ruido dejará de ser ruido y Chile será otro Chile.
A todo esto, don Jacinto, ¿por quién va a votar? Ah no, el vo…vo…voto es secre…cre..cre…creto, contestó levantándose de la silla y despidiéndose con un golpecito en mi hombro.