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ENTRE IGLESIAS Y DADDY YANKEE por Juan Carlos Pérez de la Maza

Por estos días nuestro país ha recibido ilustres visitas. Desde España, Pablo Iglesias, uno de los mayores referentes de los actuales ocupantes de La Moneda. Desde Puerto Rico, Daddy Yankee, probablemente el mayor referente de quienes gustan de cantar y bailar el reguetón.

Iglesias, fundador del movimiento político “Podemos”, con el que se convirtió en Vicepresidente segundo del gobierno español durante un año en 2020, hizo una amplia carrera política en la izquierda de su país. No obstante, se retiró de la política electoral cuando sufrió una estrepitosa derrota en su intento por ser elegido para integrar la Asamblea regional de Madrid y en la actualidad vive la política más bien desde la academia, las asesorías y los libros en que expone sus ideas y recoge su crítica a las instituciones y los medios de comunicación.

Daddy Yankee es uno de los pioneros, algunos señalan que el creador, del reguetón, un estilo musical que mezcla variadas fuentes caribeñas, urbanas y jamaiquinas. Desde la década de los ’90, el cantante ha impulsado un éxito tras otro, convirtiéndose en el mayor exponente de una música que logró cambiar la manera de cantar y bailar de millones de jóvenes en Latinoamérica y el mundo entero. Hoy, según propias declaraciones, Daddy Yankee está ofreciendo su gira artística de despedida, dado que ha señalado su deseo de concluir su carrera en 2023.

¿Qué cosas en común tienen ambos visitantes? ¿Qué los diferencia?  Primero, podríamos señalar que ambos se nutren del apoyo popular. El político requiere que los ciudadanos compartan sus ideas y que voten por él, tanto como el músico necesita que la gente baile sus temas y adquiera sus discos. Sin embargo, por sobre estos elementos de similitud, genéricos, hay notables diferencias específicas en la trayectoria de ambos visitantes.

Iglesias es un político que hizo suyo el descontento resentido de los “indignados”, lo canalizó hacia su vertiente propia, “Podemos”, les hizo creer que ese movimiento tenía la solución de los numerosos males que les aquejaban, innovó el lenguaje y el relato político alzándose como un “outsider” ajeno a los vicios y la corrupción que asolaba España. Pero, tras unos cortos años, ese grupo demostró ser uno más de los que ellos mismos criticaban. Numerosos casos de corrupción, financiamiento externo (de Chávez) nunca declarado, rivalidades personales, divisiones internas, derrotas como la sufrida por el propio Iglesias y, al fin, insignificancia política y electoral hoy día.

Daddy Yankee, por su parte, también innovó en su campo. Supo mezclar, con singular talento y visión, la fuerza urbana del hip hop anglo y el rap latino, con la cadencia del reggae y los ritmos del caribe. Su música, a la que él mismo bautizó en 1991 como Reguetón, no sólo logró convertirse en un éxito formidable en la juventud latina, sino que consiguió penetrar significativamente en la sociedad norteamericana y transformarse en un fenómeno global. Hoy día, tras innumerables éxitos y premios, lograr record en todas las plataformas de streaming y videos, se retira como el artista latino más escuchado y su estilo, como el más seguido en todo el mundo.

Así, mientras el último nos visita impulsado por una oleada de éxitos universal y se retira en la cúspide de una carrera brillante, el primero nos llega tras una derrota electoral, investigaciones de corrupción y múltiples escisiones en su movimiento político. Mientras uno presenta su último disco lleno de éxitos que hacen cantar y bailar al mundo entero, el otro publicita su último libro, con ácidas críticas a los medios de comunicación, a quienes culpa de las derrotas que todavía no asume por completo. Mientras uno ofrece su música a decenas de miles de fanáticos admiradores felices de verlo y escucharlo, el otro ofrece sus consejos a quienes han sido recientemente derrotados en sus propósitos refundacionales. Mientras uno sabe sintonizar con las preferencias de la gente, el otro intenta imponerles su propio descontento y resquemor.  Una visita sabe de éxitos formidables. La otra, de derrotas no asumidas. Uno se reúne con la gente. El otro, con el gobierno. Sugerente, ¿no les parece?

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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