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Entrevista: “Como decía Lihn, hay que darle el gusto al cuerpo”

En “El Ejemplo de Aristipo”, Adán Méndez se acerca a un hombre y a una filosofía muy cercana al mundo actual. Aristipo puso el placer sobre todas las cosas. “Lo único de lo que realmente tenemos certeza son las sensaciones”, precisa Méndez (Mario Rodríguez Órdenes)

“Aristipo con su ejemplo enseña que un hedonismo en realidad es caro, difícil  y requiere una enorme disciplina”, argumenta Adán Méndez.

El filósofo Theodor Adorno remarca el pensamiento de Aristipo cuando dice: “Aristipo rechaza la postergación e insiste en la gratificación inmediata de los deseos, en la felicidad aquí y ahora”. Aristipo, que nació en Cirene en 435 AC, seguramente sería feliz en un día de Mall. Méndez con profundidad precisa: “Lo que podemos conocer son las sensaciones, y entonces el propósito de la vida es el placer”.

Adán Méndez Rosas (Concepción, 1967) es un lúcido intelectual chileno, que ha profundizado en la poesía, filosofía, ensayo y en la edición de libros. Fundador y coeditor de Ediciones Tácitas. Autor de los poemarios Antología precipitada (1992) y Cazador recolector (2018). Ha publicado también: Visión de la poesía brasileña (1996, en conjunto con Thiago de Mello) Te amo y te odio (2004, poesía erótica de Armando Uribe), Bar Abierto (2005, antología de Hernán Miranda), Papeles personales (2016, selección de prosas de Fernando Pessoa), Cartas personales de Diego Portales (2020, estudio (selección) y Poemas clave (2021, antología de Fernando Pessoa).

Adán, ¿cómo surge en la filosofía griega un personaje como Aristipo?

“Fue uno de los filósofos más carismáticos de la antigüedad, famoso ya en vida, y se integró al círculo de los seguidores de Sócrates, dentro del cual fue mal querido por algunos. Platón es insidioso cuando menciona a Aristipo y Jenofonte lo pone como ejemplo de mal discípulo. Aun así, ambos lo sitúan entre los íntimos del maestro. La ausencia de doctrina por parte de Sócrates, y su insistencia en el autoconocimiento y la investigación especialmente de aquello que no se sabe que no se sabe, promovieron una diversidad famosa: Platón, Jenofonte, Antístenes, Aristipo, etcétera. Alfonso Reyes, en una muy buena imagen, habla del poliedro socrático, donde estos discípulos serían las distintas caras de la enseñanza del maestro. También ocurre que lo que conocemos del maestro es, en lo fundamental, lo que estos discípulos nos comunicaron, y que Sócrates es, en la práctica, una creación colectiva de los socráticos.

Sócrates preguntaba qué es el bien, particularmente en el sentido de qué sentido tiene la vida y cuál debe ser nuestro propósito en ella. Es una pregunta que indica ya gente extraviada. El otro día vi unas entrevistas a miembros de una tribu africana. Les preguntaban qué es lo bueno, y de inmediato contestaban: ‘carne’. También un verdadero creyente, sea de alguna religión o secta, o de alguna ideología como el comunismo, el nazismo, etc., tendrá una respuesta inmediata a esa pregunta. Que Sócrates se preguntara eso, y que alrededor de esa pregunta se formase un grupo de gente tan brillante, muestra que efectivamente los filósofos no eran creyentes, al menos no lo suficiente: para la principal pregunta estaban investigando una respuesta. Esto no era liviano, es la principal acusación por la que Sócrates fue condenado a muerte: irreligiosidad y corrupción de muchachos. En este ámbito tan filosófico como peligroso, surge la figura de Aristipo, al menos como la más y mejor gozadora de todas”.

¿Qué maestros tuvo en su formación?

“Sócrates. Aristipo es un personaje famoso por su auto control, ni siquiera ante la exquisita cortesana Lais pierde el equilibrio. El único momento de pasión y arrebato que se le conoce es cuando escucha por primera vez, en su natal Cirene (actual Líbano), algunas ideas de Sócrates. Llega a enfermarse de tanto anhelo de conocer más, y no mejora hasta que viaja a Atenas y se hace discípulo, aunque el más rebelde, de Sócrates. Parece un cuento zen.
Se ha dicho que fue también discípulo del gran sofista Protágoras, quizá para explicar la vida de sofista por la que Aristipo se inclinó. No hay nada que re chequee esta noticia”.

Adán, esa búsqueda del placer, ¿no es acaso una respuesta a la brevedad de nuestras vidas?

“En Aristipo, en su escuela, los cirenaicos, el tema es epistemológico más que moral. Ellos investigan qué podemos realmente saber, y concluyen que lo único de lo que realmente tenemos certeza son las sensaciones. Y ahí recién, sobre este suelo de lo que realmente podemos saber y sabiendo lo que no sabemos, viene la pregunta moral: ¿qué es bueno?, ¿qué es malo? Y no hay donde perderse entre las sensaciones: las placenteras son las mejores y las dolorosas son las peores. Entonces, dicen los cirenaicos, hay que seguir el camino de las sensaciones placenteras. Como decía Lihn, hay que darle el gusto al cuerpo”.

¿Qué costos le trajo las profundas diferencias que tuvo con Platón y Jenofonte?

“No se sabe qué tan profundas fueron las diferencias, ni cómo se desarrollaron, aunque es evidente que las hubo y que fueron bastante personales. El anecdotario lo muestra más bien triunfante, disfrutando de los lujos y abundancia que rodea al poder, sin meterse en sus problemas y peligros. A diferencia de Platón, que cuando intenta materializar sus ideas es humillado por el poder, y queda al borde de ser asesinado o convertido en esclavo.

Más que costos, sus diferencias con Platón y Jenofonte lo hicieron una especie de millonario, porque en la vida de sofista le iba muy bien. Si le fuera mal ya sería grave, porque Sócrates y sus discípulos no rebeldes detestaban a los sofistas. Estos, los sofistas, se dedicaban, además de la educación, a algo así como lo que hoy es el coaching, enseñaban habilidades para triunfar, o al menos para hacerlo mejor en la vida. Sin averiguar primero, acusaban los filósofos, qué es lo mejor. Onfray culpa a los platónicos y a los aristotélicos de que los escritos hedonistas no se hayan conservado, pero el deber de conservar esos escritos lo tenían los propios hedonistas, que mejor no saber en qué andarían”.

Adán, ¿qué circunstancias lo han acercado a Aristipo?

“Me interesé originalmente, como todo el mundo, por Diógenes y los cínicos. Con el tiempo me sumé a quienes alaban al Perro, pero no quieren salir a cazar con él. Y su contraparte en los anecdotarios, Aristipo y los cirenaicos, la fui encontrando cada vez más simpática y útil. Y cuando entendí la teoría del conocimiento de esta escuela, me parecieron unos tipos formidables, que no retroceden ni atenúan las consecuencias de sus ideas. Pergeñaron una filosofía radical; mínima, pero completa”.

¿Cómo ha influido Aristipo en la filosofía contemporánea?

No me ocupé de la figura e influencia actual de Aristipo, sino de su figura y su influencia en la antigüedad, hasta  San Agustín para ser concretos. Hoy existen recopilaciones y estudios de los dichos y anécdotas de Aristipo y los cirenaicos en las principales lenguas; en inglés y francés son bastante recientes, lo que indica un nuevo interés. Mi libro, sin ir más lejos, es el primero en castellano dedicado exclusivamente a Aristipo.
Los cirenaicos anticipan ideas explosivas, la crítica de Hume sin ir más lejos. Y registraron que la crítica del conocimiento lleva a la crítica del lenguaje. Etcétera. Pero tienen perfil histórico más bien bajo, y tenemos apenas informaciones de enésima mano, y pocas. Hegel, aunque Aristipo no le cae nada bien, hidalgamente lo reconoce como el primero en dar una respuesta concreta a la pregunta de Sócrates ‘qué es el bien’. Un logro nada menor que solo Hegel parece haber notado”.

¿Es Aristipo un faro en el mundo actual que no admite certezas?

“Lo pongo más bien como un ejemplo, naturalmente entre otros; faro sería mucho decir. Su filosofía, aunque sencilla en la teoría, es muy difícil en la práctica. No ofrece una solución universal como Epicuro, que propone sencillamente no sufrir y cuya escuela absorbió a la de Aristipo. El hedonismo de Aristipo en cambio es caro y difícil, requiere enormes cualidades y habilidades: no es para todos. Por ejemplo: Sócrates era patriota; los cínicos cosmopolitas, algo escandaloso en su época; pero Aristipo era ‘extranjero en todas partes’, algo no ya escandaloso sino más bien inconcebible entonces, y que hoy es una condición corriente.

También hay que considerar que la escuela se termina con Hegesias, el Aconsejador de la Muerte. En una última prueba de la seriedad con que los cirenaicos seguían las consecuencias de sus razonamientos, Hegesias se dio cuenta que vivir en el placer y evitar el dolor es imposible, y aconsejaba suicidarse. Debe haber sido un gran orador: le prohibieron enseñar en algunas partes porque después de escucharlo mucha gente se mataba”.

¿Cómo fueron los últimos años de Aristipo?

“La tradición, legendaria en los detalles, y en el total tal vez, cuenta que llega a viejo, con prestigio, fortuna, familia y una importante escuela en Cirene. Leí no sé dónde que Cleopatra y Antonio pudieron ser seguidores de esta escuela. Sea o no sea cierto eso, señala el  estatus y alcance que se atribuía a los cirenaicos. Su hijo y su nieta son importantes filósofos también, y educados por él. Las ideas de su hijo, Aristipo el Joven, se confunden con las suyas. Su nieta Arete es un caso único: en ninguna otra escuela la línea sucesoria la lleva una mujer”.

¿Qué vigencia tiene su pensamiento?

“Son ideas a las que cualquiera puede ingenuamente llegar pensando en el mundo y la vida. Siempre tendrán vigencia. Y las mejores anécdotas y dichos tienen la vida propia de los memes, y una entonces indeterminable longevidad. Hay anécdotas y dichos, los mejores por cierto, que circulan disociadas del nombre de Aristipo, tienen vida propia.

En muchos sentidos, la verdad es que la mayoría de la gente actúa sin saberlo como si intentara seguir las ideas de Aristipo, pero no alcanza el equilibrio que este tuvo en seguir estrictamente las sensaciones placenteras y distinguir el momento en que se enfilan hacia el dolor; ni tienen las habilidades intelectuales y sociales formidables que le permitieron a este filósofo, entre otras cosas, financiar su gran vida.

Aristipo con su ejemplo enseña que un hedonismo en realidad es caro, difícil  y requiere una enorme disciplina. La mayoría perdemos el rumbo y persiguiendo el placer caemos en el dolor, y terminamos en la ruina, con el hígado y el corazón destruidos. Listos para escuchar a Hegesías”.

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