En “Ejércitos, política y revolución”, Juan Luis Ossa profundiza en los procesos que fueron configurando la república en el siglo XIX. “Al principio no había un proyecto independentista claro. La idea era gobernarse mientras durara la crisis en España”, precisa Ossa (por Mario Rodríguez Órdenes/Fotografía: David Gómez)

Esta cuidadosa investigación del historiador Juan Luis Ossa, aspira a realizar una contribución al entendimiento de la revolución de la Independencia, así como también discutir algunos de los más recientes argumentos respecto a los militares y su influencia en la creación de la República chilena.
A pesar que el énfasis se ha puesto en la carrera y participación de los oficiales revolucionarios chilenos, este libro también provee una descripción tanto del papel de los ejércitos realistas como de la influencia que tuvieron ciertos eventos internacionales en Chile.
Juan Luis Ossa Santa Cruz (Santiago, 1982) es licenciado en historia por la Universidad Católica de Chile y doctor en Historia Moderna por St. Antony’s College, Universidad de Oxford, Reino Unido. Entre 2020 y 2024 trabajó como investigador del Centro de Estudios Públicos y fue director ejecutivo del Centro de Estudios de Historia Política (UAI) entre 2011 y 2018.
Este libro, publicado por la Editorial Crítica durante el año 2025, es la traducción de su libro Armies, Politics and Revolution, Chile 1808–1826, publicado por Liverpool University Press en el año 2014 y que fue su tesis doctoral. Poco después, editó junto a Iván Jaksic, el tomo I de Historia Política de Chile (1810 – 2010) publicado por el Fondo de Cultura Económica en el año 2017. Bajo el mismo sello, en el año 2020 apareció su libro Chile Constitucional.

Juan Luis, “Ejércitos, política y revolución” está profundamente vinculado a sus estudios en la Universidad de Oxford. ¿Qué significaron para usted esos años en Inglaterra?
“Fueron años de mucho trabajo y mucho aprendizaje. Estar en Inglaterra me ayudó a tomar distancia y a mirar el proceso de Independencia sin tantas categorías heredadas. En Oxford discutí con historiadores que no daban nada por supuesto, y eso me obligó a precisar mejor mis argumentos. No cambié de tema, pero sí aprendí a trabajar mis ideas con más cuidado”.
Pero usted se formó primeramente en Chile. ¿Quiénes resultaron claves en esa formación?
“En la Universidad Católica tuve profesores muy importantes. Iván Jaksic, Claudio Rolle y Sol Serrano, por nombrar algunos, influyeron mucho en mi manera de estudiar historia. Con ellos aprendí a leer sin apuro, a respetar las fuentes y a no simplificar linealmente los procesos históricos. Esa formación fue la base de todo lo que vino después”.
¿Por qué se inclinó por los estudios del siglo XIX?
“Porque es un período menos resuelto de lo que parece. Nada estaba del todo definido: ni el régimen político, ni el equilibrio entre militares y civiles, ni siquiera el sentido práctico de la Independencia. Me interesaba entender ese momento en que las cosas todavía podían tomar rumbos distintos”.
Recientemente decidió participar en la política chilena. ¿Cómo fue la experiencia?
“Fue intensa, pero al mismo tiempo muy aleccionadora. La política tiene otros ritmos y otras exigencias. Las decisiones no siempre pueden esperar a que uno tenga toda la información. Haber sido el coordinador programático de la candidatura de Evelyn Matthei me permitió ver desde dentro cómo funciona el sistema político, en especial cuando hay presión. Pensando en mi rol como historiador de la política, no puedo sino estar agradecido de haber asumido esa responsabilidad”.
Juan Luis, ¿qué permite que tras un movimiento autonomista y leal al rey Fernando VII se pase a una revolución con características separatistas?
“Al principio no había un proyecto independentista claro. La idea era gobernarse mientras durara la crisis en España. Pero la guerra fue cerrando esa posibilidad. Con el paso de los años, volver al orden anterior se volvió cada vez menos probable. La Independencia fue el resultado (nunca inevitable) de ese desgaste”.
¿Qué rol jugaron los militares en ese proceso?
“Tuvieron un rol central porque al final de cuentas el conflicto se resolvió por la vía armada. Los jefes militares no solo combatían; también incidían en la política cotidiana. Es cuestión de pensar en militares que con el tiempo devinieron actores políticos clave, como Bernardo O’Higgins, Ramón Freire o Francisco Antonio Pinto. Durante un tiempo, esa mezcla fue parte del problema y parte de la solución”.
¿Cómo se fue introduciendo el republicanismo en la sociedad chilena?
“Más por práctica que por teoría. Las constituciones, las elecciones y la discusión pública fueron dando forma a la república. No fue una idea que todos compartieran desde el comienzo. De hecho, el monarquismo y la figura del rey continuaron siendo legítimos por varios años, lo cual significa que el republicanismo no fue necesariamente el corolario inexorable de la declaración de Independencia”.
¿Qué consecuencias tuvo el movimiento conservador de 1829-1830?
“Después de años muy inestables, la guerra civil cerró el ciclo liberal. El nuevo orden trajo una cierta estabilidad, aunque a costa de quienes habían conducido la década anterior. En los años treinta se implementó un orden más compacto, pero con menos espacio para la disputa política. En ese escenario, las más perjudicadas fueron la libertad de expresión y la libertad religiosa”.
¿Qué significa que hacia 1830 el Ejército fue eclipsado por los civiles?
“Que el centro de la política dejó de estar en jefes militares con peso propio y pasó a manos de autoridades civiles más estables. No fue un cambio inmediato, pero marcó una diferencia en la forma de ejercer el poder”.
¿Qué papel jugó en este proceso Diego Portales?
“Portales ayudó a consolidar el nuevo orden, aunque lo hizo tomando decisiones que redefinieron el mapa político. La salida de militares liberales del escalafón del Ejército no fue solo administrativa; fue también una forma de cerrar la etapa anterior. Eso contribuyó a la estabilidad, pero dejó heridas abiertas”.
Juan Luis, ¿cómo aprecia el Chile actual?
“Veo un país con más desconfianza que hace algunos años. La crisis de 2019 dejó una marca fuerte y, desde entonces, la seguridad y la economía han sido temas difíciles de encauzar. No es un país sin capacidades, pero sí uno que necesita recuperar cierta coherencia”.
Escribe que se ha dañado la institucionalidad y la legitimidad de la democracia representativa. ¿Quiénes la han lesionado?
“Ha habido responsabilidades compartidas, si bien en momentos críticos algunos sectores relativizaron más que otros algunos principios básicos de la política nacional. Después de 2019, buena parte de la izquierda tendió a justificar o explicar en exceso la violencia, como si fuera una reacción inevitable. Cuando se debilita la condena clara a la violencia, el marco institucional se resiente. Y eso termina afectando a todos”.
¿Qué situaciones de riesgo aprecia en la sociedad chilena actual?
“La expansión del crimen organizado, la violencia en ciertos territorios y la fragmentación política. También la dificultad para sostener acuerdos más allá de coyunturas breves”.
¿Son tiempos para estar optimistas?
“No diría optimistas ni pesimistas. Diría que son tiempos exigentes. Chile ha pasado por momentos complejos antes y ha logrado ordenarse. Sin embargo, eso no ocurre por inercia”.
Juan Luis, ¿qué investigaciones prepara ahora?
“Estoy terminando, por fin, un libro sobre la década de 1820. Se trata de un período que merece ser entendido en su propia lógica y en su propia incertidumbre, no como la causa de algo posterior. Espero concluirlo durante este año”.








