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Entrevista: “El escritor y el lector somos un ojo que escribe y lee”

“El ojo de Pascal” de Javier Edwards es un conjunto de cuentos que se sumerge en la caja china que es la realidad (por Mario Rodríguez Órdenes)

Javier Edwards Renard se ha desempeñado como académico en universidades y ha ejercido como crítico literario por más de treinta años.

Javier Edwards reúne doce cuentos en “El ojo de Pascal” (Editorial Forja, 2025). Por largos años crítico literario, Edwards recientemente publicó “Un tejido de la crítica” (UAH, 2025), un balance de su ejercicio como crítico. “El ojo de Pascal” es su primera incursión en la escritura de ficción.

Javier Edwards Renard (Santiago, 1962) es abogado formado en la Universidad de Chile. Adicionalmente se ha desempeñado como académico en universidades y ha ejercido como crítico literario por más de treinta años, escribiendo para medios como los diarios La Época, El Mercurio, El Observador en España y para las revistas Reseña (Chile), Quimera (España), y, asimismo, para los medios digitales El Periodista y El desconcierto, entre otros.

Javier, “El ojo de Pascal” es un libro postergado. ¿Qué le hizo dar el paso para su publicación?

“Efectivamente, es un libro que se tomó su tiempo, principalmente porque mi primer, temprano y permanente acercamiento con la literatura fue a través de la crítica literaria, ejercida en distintos medios. La idea de escribir mi propia ficción estuvo desde siempre, pero esta conversión en lector crítico, quizás me volvió cauto o demasiado autocrítico respecto de mis propios textos, los cuales se fueron acumulando con los años, como borradores o textos incompletos, esbozos en espera de su momento. La decisión tuvo que ver con la interpelación de la escritora Ana María del Río, quien en un reciente lanzamiento de una novela de Carla Guelfenbein, ‘Mi vida robada’, se me acercó y me dijo: ‘tiempo atrás leí unos cuentos tuyos que me mostró Marta Blanco, tú eres escritor, hasta cuándo vas a esperar’. Y me contó uno de ellos que efectivamente había escrito. Ese comentario, y el paso del tiempo, que genera urgencias, me dio el impulso definitivo”.

 

Lo dedica a la escritora Marta Blanco. ¿Qué cercanía literaria tuvo con ella y que importante fue en su formación?

“Marta Blanco fue un gran referente cultural para mi generación, la conocí como niño a través de la televisión cuando ella participaba en el programa Quién soy yo de TVN, en los años setenta. Hija de la hermana de un gran amigo de mi papá – Jorge Vidal- su nombre estuvo presente en mi niñez. Ya una vez instalado como crítico literario, y después de un largo silencio, el año 1995, Marta Blanco publicó una gran libro de cuentos titulado ‘Para la mano izquierda’. Esa crítica, publicada en la Revista de Libros de El Mercurio, con entrevista y caricatura en la portada, llamó la atención de la escritora quién me contactó a través del diario y me invitó a comer a su casa. Ese día se inició una gran y definitiva amistad, llena de momentos literarios y humanos. Fui su lector sparring en las publicaciones que vinieron después (las novelas Maradentro, La Emperrada, Memoria de Ballenas y El peso del corazón) y su magistral manejo del lenguaje, su lucidez intelectual, su erudición auténtica fueron una vara y ejemplo a seguir”.

 

Después del ejercicio de 30 años como crítico, como escritor, ¿qué cambios ha tenido en sus ritmos de lectura, en su forma de escribir?

Siempre leo por la noche o durante los fines de semana y escribo durante las tarde y noches, entre las 8 y las 12, aproximadamente. Hoy día trato de alternar la escritura de artículos críticos y una novela en la que estoy trabajando. Mis hábitos son más o menos los mismos, pero quizás hay que poner más esfuerzo en la disciplina. Vivimos en un mundo lleno de distracciones de todo tipo, un mundo acelerado, en el que hay que reservar y respetar, con fuerza, el tiempo que uno dedica a leer y escribir”.

 

¿Qué hábitos de escritura tiene?

“Trato de escribir siempre en los mismos horarios. Cuando hay que entregar un artículo crítico trato de organizar lectura y escritura. Subrayo y hago notas en los libros, cuando término de leerlos dejo pasar un día o dos para decantar ideas y después me siento y escribo la crítica de una vez. Cuando se trata de textos de ficción, intento avanzar cada día algo, suelo releer lo que ya está escrito antes de comenzar la página nueva y cuando hay que esperar porque alguna idea no está clara, espero. Gustándome mucho escribir, hoy escribo con menos ansiedad o manía por la perfección -por lo demás imposible- y busco que el proceso sea más gozoso”.

 

¿Es de los que corrige mucho?

“Escribir es corregir hasta que uno siente que es necesario detenerse y cerrar el proceso. Es bueno tener uno o más lectores de confianza que lean y golpeen el texto, que pregunten, desafíen. Esas lecturas de a quien suele llamarse con la expresión inglesa ‘sparring’ son siempre muy necesarias; en la escritura de ficción, estimulan el proceso creativo en que uno está inmerso. Uno escribe para uno, pero especialmente para los lectores, entonces ese lector primero y desafiante es clave. Esto es algo que he hecho con textos de otros escritores y con los cuentos de ‘El ojo de Pascal’, estuve al otro lado y fue una gran experiencia. Uno va aprendiendo de todo y descubre que la escritura es un proceso de alta complejidad en el que escribir, leer, escribir es una larga cadena hasta que el texto, el libro es terminado”.

 

Sé que prepara una novela, ¿de qué se trata?

“Así es, dicen que no hay que hablar mucho de lo que se escribe cuando está en proceso, para que el proyecto no se desarme. Puedo anticipar que es una novela que explora las complejidades del poder y sus pactos con la mentira, todo un tinglado de actos y discursos, enfrentados al trasfondo que representa las vida de las personas, en su cotidiano e inevitable sometimiento. Hoy más que nunca poder y mentira, de la mano de la tecnología, tiene a la gente en una estado de servidumbre poco visibilizada”.

 

¿Es una forma de alejarse de la crítica?

“No lo creo, es entrar en un nuevo espacio, con reglas propias de escritura pero que es escritura, al fin y al cabo. En mi experiencia como lector siempre he prestado atención al ejercicio crítico que hacen los escritores y también a la actividad como escritores de ficción de los críticos que viene del mundo de la crítica”.

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