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Entrevista: “Esta es una novela sobre la atracción perpetua y no cumplida”

“El mundo dormido de Yenia”, de María Carolina Geel, publicada en 1946, produjo un profundo impacto en la sociedad de chilena de esos años. Su reedición, con el certero prólogo de Ana María del Río, muestra la potencia del texto (por Mario Rodríguez Órdenes)

Ana María del Río (Santiago, 1948) es profesora de literatura y escritora feminista chilena.

Conocí a Ana María del Río en la década de los 90’ del siglo XX. En ese tiempo usaba el pelo largo y era una joven encantadora, figura del boom literario de esos años, que dio un impulso a la literatura chilena. La seguí por años, fui al lanzamiento de algunos de sus libros.

En algún momento la escritora Marta Blanco dijo de Ana María del Río: “La mejor novelista chilena viva”. La aparición de “El mundo dormido de Yenia2 (UAH, 2024) es un acierto editorial y el prólogo de Ana María ilumina profundamente el texto.

Ana María del Río (Santiago, 1948) es profesora de literatura y escritora feminista chilena. Ha cultivado el cuento y la novela. Pertenece al movimiento de la nueva narrativa chilena de los años 90’ tras la dictadura. Está plenamente vigente.

Acaba de publicar “Jerónima”, novela ambientada en la fronda aristocrática del siglo XIX, mientras Imbunche Ediciones ha reeditado dos novelas: “Oxido de Carmen” (1986) y “Siete días de la señora K” (1993), ahora titulada solamente como “Siete Días”.

¿La deslumbró?

“Esta es una novela sobre la atracción perpetua, y no cumplida. Es el eros del infinito paisaje de lo que ‘está por suceder y no sucede’ y que se extiende, obsesivo a cada momento de la narración. El nudo intensísimo y erótico que desprende a través de su voz hipnótica mantiene su fuerza y su vitalidad intactas que llegan hasta hoy hasta mí como lectora recogida y admirada por ese mundo de Yenia que nunca, nunca ha estado menos dormido que ahora, rebosante, lleno de la tensión magnífica del Eros y vibrante a través de todos los tiempos y todas las épocas”.

¿Quién era María Carolina Geel hacia 1946?

“Era el seudónimo de una joven escritora, Georgina Silva Jiménez, taquígrafa de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas. ‘El mundo dormido de Yenia’ es su primera novela. Esta novela sale también al encuentro de lectores y lectoras con una potencia de bomba. E inmediatamente comienzo como lectora a vivir esta inutilidad de la razón de atrapar el espíritu y este deseo. Deseo que ha estado en nosotros, todos nosotros, más de alguna vez en nuestras vidas”.  

Escribe: todo eso que pasa inadvertido es lo que sucede con una alta intensidad a lo largo de todo el texto de “El mundo dormido de Yenia”. ¿Por qué es una situación que la conmueve?

“Lo que me convence, me conmueve y me compromete con este texto de María Carolina Geel es la amplitud casi infinita del deseo no alcanzado. La autora alcanza con este yo deseante perpetuo, una intensidad y crudeza erótica sin parangón con ningún texto de su generación, la de 1938, la de los escritores nacidos después de 1910, más ocupada con las ‘reivindicaciones del proletariado y la crítica social desde las aspiraciones de la clase media’, como dicen las historias de la literatura chilena”.

Dice: «Este mundo de Yenia que nunca, nunca ha estado menos dormido que ahora». ¿Qué les dice el relato a las lectoras del siglo XXI?

“El mundo de Yenia, nunca ha estado menos dormido que ahora, rebosante, lleno de la tensión magnífica del Eros y vibrante a través de todos los tiempos y todas las épocas”.

Usted como escritora ha estado cerca del mundo de los talleres literarios…

Yo hice mucho taller en mi vida y solamente en pandemia, y a causa de una amiga que me mandó una novela para que la leyera por mail, surgió esta idea de hacer estas asesorías individuales. Empecé a leerla y lo hice absolutamente a conciencia y ahí realmente me nació esta idea de hacer asesoría paso a paso, semana a semana, por lo menos durante tres meses, porque menos no se puede. Todo es leíble, todo es cambiable y ese es el momento que me gusta más a mí; que es cuando yo lleno de comentarios un texto, hablo con la persona, comentamos…Y cuando me mandan la primera corrección es precioso… Como cambian los textos es algo muy hermoso de hacer o de ver”.

¿Se puede enseñar a escribir?

“Absolutamente. Pero la idea debe ser: vamos a leer esto, a sangre; aquí me dices las cosas buenas, las cosas malas, etcétera. Y ahí sí, se puede trabajar magníficamente. Es uno de los trabajos más fecundos que he realizado”.

¿De qué se trata el conocido método la “galerie” de Flaubert?

“La galería de Flaubert me la enseñó Marta Blanco. Flaubert se iba a la playa y leía sobre el ruido del mar, tienes que leer en voz alta tu novela. Gritonear tu novela frente al mar. Porque uno sabe lo que está escribiendo, pero basta que lo diga en voz alta para que salte un ‘editing’ feroz que es el ‘editing’ del oído, de las cosas que no tienen nada que ver, de los párrafos absurdos, de las repeticiones. Es genial para eso. Inmediatamente te sale todo lo malo”.

¿Corrige mucho?

“Yo escribo harto a mano. De repente sale el tomarlo y en convertirlo en algo para el cual necesitas tener ya los cuatro estómagos. Un escritor tiene cuatro estómagos: panza, bonete, librillo y cuajo. Igual que las vacas: Rumiar, rumiar y rumiar”.

(María Carolina Geel (Santiago, 1910), seudónimo de Georgina Silva Jiménez, fue una escritora chilena cuya obra no estuvo exenta de polémica para los cánones de la época. Su primera novela “El mundo dormido de Yenia”, fue recibida como una obra acerca de la interioridad femenina. Luego publicó “Extraño estío” (1947); “Soñaba y amaba el adolescente Perces (1949); “El pequeño arquitecto” (1956) y “Huida” (1961). También se dedicó a la crítica literaria colaborando periódicamente en diarios y revistas como El Mercurio, La Crónica, la Revista Atenea y el Semanario PEC, mostrando su capacidad como lectora y aguda crítica. Previamente, en 1949, publicó “Siete escritoras chilenas”, resaltando a autoras contemporáneas que no estaban en el canon. Durante su estadía en prisión, escribió “Cárcel de mujeres”, que causó gran impresión en su época al describir un mundo desconocido e invisibilizado desde una prosa que borraba los límites entre lo testimonial y la ficción. El 14 de abril de 1955 María Carolina asesinó a su amante Roberto Pumarino, en uno de los salones del Hotel Crillón de Santiago, que reunía a la clase alta capitalina a tomar el té. Según la crónica, en un momento María Carolina apuntó a su pareja y le disparó cinco veces, causándole la muerte instantáneamente.)

¿Cómo se conocieron María Carolina y Roberto?

“En su trabajo de oficinista, María Carolina conoció a Roberto Pumarino: socialista, dirigente de la Asociación Gremial de los Empleados Fiscales, separado y con un hijo. Era ocho años menor que ella y pronto entablaron una relación intensa. El tras la muerte de su esposa en 1955, le pidió matrimonio a Geel, pero esta lo rechazó. María Carolina, en una carta publicada en la Revista Vea escribió: ‘No puedo entender el matrimonio, institución que denigra la condición humana, ni puedo unir bajo esos moldes de egoísmo tu vida a la mía’. Después de la negativa, Pumarino anunció su compromiso con otra joven”.

¿Qué consecuencias tuvo en la vida de María Carolina haberle disparado a Roberto Pumarino?

“Fue condenada y estuvo en la cárcel. Menos de tres años, gracias al indulto solicitado por Gabriela Mistral, que fue acogido por el presidente Carlos Ibáñez del Campo. Según la crónica de la época, el presidente le dijo a Gabriela Mistral: ‘Sepa mi estimada amiga, que en el instante que usted formula una petición, esta es un hecho atendido y resuelto’”.

María Carolina, ¿explica en su libro “Cárcel de mujeres” los motivos que tuvo?

“Durante años se especuló con las causas de aquel suceso, locura transitoria, crimen pasional o búsqueda de notoriedad. Pero María Carolina nunca reveló las causas”.

Tras salir en libertad, ¿pudo nuevamente armar su vida?

“Escribió algunos libros y se dedicó especialmente a la crítica en diversos medios”.

¿Cómo fueron los últimos años de María Carolina Geel?

“Según la crónica cuando fallece en 1996 tenía Alzheimer y demencia senil”.

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