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Entrevista: “Falta que se conozca la verdad total de los desaparecidos”

En “Comando Conjunto…” Héctor Contreras y Mónica González investigan sobre uno de los momentos oscuros del Chile bajo el régimen militar: el accionar del Comando Conjunto entre 1975 y 1976 (Por Mario Rodríguez Órdenes con fotografía: Javier García Bustos)

Héctor Contreras Alday dirigió la Unidad de Casos de Detenidos Desaparecidos en la Vicaría de la Solidaridad.

Recientemente, Juan Antonio Coloma, presidente del Senado y senador por el Maule, al referirse a la conmemoración de los 50 años del 11 de septiembre de 1973 señaló: “Es imposible pretender que tengamos una visión común de la historia, las causas del quiebre, el proceso que lo antecedió, las opiniones de entonces y los años que sucedieron al colapso…Cada uno tiene el legítimo derecho a tener una mirada propia, fundada en su experiencia, en sus ideas y su particular sensibilidad. El objetivo principal de las instituciones que sostienen nuestra vida en común, es que esas diferencias sean parte de la diversidad que conforma un proyecto común”.

Sin embargo, la tragedia del 11 de septiembre de 1973 dejó una profunda herida en la sociedad chilena, que está latente. El valioso libro de Mónica González y Héctor Contreras Alday, “Comando conjunto. El grupo de exterminio más secreto de la dictadura” (UDP y Editorial Catalonia 2023) -que fue publicado primeramente en 1991- es un registro histórico de la barbarie que se vivió en esos años.

Diario Talca conversó con el abogado Héctor Contreras para profundizar en el tema que comenzó cuando el agente del Comando Conjunto, Andrés Valenzuela Morales, deserta de la FACH y decide conceder una entrevista a la periodista Mónica González, que aparece en diciembre de 1984. Hasta ese momento nada se sabía del Comando Conjunto y su siniestro actuar.

El Comando Conjunto hizo su aparición hacia fines de 1975, conformado por agentes de la Fuerzas Aérea, Carabineros y en menor medida del Ejército, además de civiles de Patria y Libertad. Su objetivo fue la persecución del MIR y del Comité Central del Partido Comunista y sus juventudes.

Andrés Valenzuela Morales (“Papudo”) fue un desertor de la FACH y miembro del Comando Conjunto. ¿Qué lo hizo dar una entrevista a Mónica González en 1984 que permitió conocer el siniestro actual del Comando Conjunto? El mismo Valenzuela señaló: “Uno de los motivos fundamentales que me llevaron a tomar la decisión de hablar fue comprobar que este sistema, además de destruir a las víctimas, destruye al victimario en su vida afectiva, mata sus sentimientos y lo convierte en una bestia”. Una decisión crucial. En el año 2014 estuvo en Chile y precisó: “Estoy viviendo de llapa”.

Héctor Contreras Alday (Potrerillos, 1947), es un abogado formado en la Universidad de Chile, experto en derechos humanos y ética en las organizaciones. Dirigió la Unidad de Casos de Detenidos Desaparecidos en la Vicaría de la Solidaridad.

Héctor, ¿qué significado tiene la publicación de “Comando Conjunto”, con motivo de cumplirse 50 años del golpe militar de 1973?

“El significado que tiene para todos, es decir, conocer el testimonio de un agente de inteligencia en servicio activo, con antecedentes de la represión a un grupo de militantes del Partido Comunista, detallando los recintos usados, las víctimas, las torturas a las que se los sometió, y el destino final de sus cuerpos. Además, la identidad de alrededor de una decena de represores”.

¿Por qué fue tan crucial la entrevista que le hizo Mónica González a Andrés Valenzuela para construir la fisonomía del Comando?

“Fue crucial, porque a raíz de algunas publicaciones efectuadas por la periodista Mónica González en la Revista Cauce, él fue a hablar con ella y relató su experiencia como miembro del denominado Comando Conjunto”.

¿Se puede recuperar el país de una experiencia como la relatada en el libro?

“De esa experiencia, y en general de la experiencia de la represión desatada contra disidentes políticos, mediante detención, tortura, procesos militares en tiempo de guerra, exilio, ejecuciones sumarias y desapariciones forzadas, el país ha ido lentamente sanando esa herida. Pero falta que se conozca la verdad total del destino de los detenidos desaparecidos, y de ejecutados políticos que fueron inhumados ilegalmente. Es una herida abierta que nuestra sociedad debe procurar cerrar. No solo por entregar la verdad a los familiares, sino también por construir una sociedad capaz de convivir a pesar de las diferencias políticas”.

Héctor, usted conoció a Andrés Valenzuela, «Papudo». ¿Cómo fue ese encuentro en 1984 en la Plaza Santa Ana de Santiago?

“Sí lo conocí y le tomé tres testimonios: dos en Chile y uno en París. Efectivamente la primera vez que lo vi fue cuando nos encontramos en la Plaza Santa Ana en Santiago. Ahí subimos a una Citroneta. Le señalé que conocía lo señalado a la periodista Mónica González, pero que haríamos un proceso de verificación de todos los antecedentes. Primeramente, me mostraría todos los lugares a los que se refería: Cuesta Barriga donde señalaba que se habían enterrados varios de los desaparecidos: Fuimos a Cuesta Barriga, y me indicó dónde habían sido enterrados, en 1976, algunos cuerpos: claramente habían sido removidos. Después, de regreso a Santiago, me mostró la bodega en Cerrillos (dentro del Aeropuerto) donde iniciaron el trabajo como Comando Conjunto. En seguida fuimos a calle Dieciocho, donde estaba el Diario Clarín, me mostró por dónde ingresaban a los detenidos en 1976. En seguida, nos dirigimos al paradero 20 de Gran Avenida, para conocer la casa denominada ‘Nido 20’, usada en 1975, y nos trasladamos a Avenida Vicuña Mackenna, ingresando por calle Rojas Magallanes para conocer en calle Perú la casa donde funcionó ‘Nido Dieciocho’. Nos fuimos a Colina, recinto de la FACH”. 

¿Cómo concluyó el recorrido?

“Una vez terminado el recorrido, nos fuimos a un lugar religioso, donde estaríamos tres días, haciendo el primer testimonio que dio a la Vicaría de la Solidaridad. En esos días confrontamos cada situación y los antecedentes que nos entregaba, con los archivos: yo llamaba a una compañera de la Unidad que investigaba las Desapariciones Forzadas (la cual dirigía) y me enviaban información, carpetas o chequeaban datos. 

En una segunda declaración, se dejaron más detalles de los aportados en la primera: Andrés Valenzuela debía presentarse en tres días a su Unidad en la FACH. Estábamos contra el tiempo. Hecha la segunda declaración, conversé con él sobre cómo podríamos entregar los antecedentes a los Tribunales de Justicia, sin que corriera riesgo. Pero Andrés Valenzuela no tenía ese problema, señaló que, si tenía que pagar con su vida por eso, lo haría. En ese momento le señalé que la Vicaría no quería más vidas perdidas. Entonces al tercer día, me señala que ‘deserta ante mi’ de la FACH y me entrega su Tarjeta de Identificación Militar y su collar de guerra con su identidad y otros datos. Sin poner a salvo su vida, no era posible seguir adelante. La decisión fue cambiarlo de lugar, y encontrar una manera para que saliera del país a un lugar seguro. Así ocurrió, y un par de meses después sale de Chile y llega a Francia, donde vive actualmente”.

¿Sabía que al hablar arriesgaba su vida?

“Él sabía que arriesgaba su vida. Pero fue protegido, porque su testimonio esclareció cómo funcionó la represión contra el Partido Comunista”.

Andrés Valenzuela Morales, ¿pudo reconstruir su vida?

“Efectivamente, después de llegar a Francia, su familia (cónyuge e hijos) se unieron a él. Reinició su vida laboral (una vez aprendido el idioma)”. 

¿Qué se sabe de él en la actualidad?

“No tengo comunicación habitual con él. Pero sé que está bien, aparentemente con una enfermedad de la cual debe curarse. Hace años que no sé nada de él”.

Héctor, en lo personal, ¿cómo lo marcó este caso que se registra en el libro?

“Andrés Valenzuela no fue el único agente que dio testimonio ante la Vicaría. Pero él fue el único en servicio activo que desertó después de haber tomado contacto con nosotros. Fue leal al entregar su testimonio. Hay un dato que no se conoce: en marzo de 2014, regresó solo a Chile, porque deseaba prestar testimonio personalmente ante los Tribunales o jueces que llevaban casos vinculados a su testimonio.  Lo acompañé a varios de estos trámites. Incluso en alguna ocasión lo acompañe al consulado de Francia. El 14 de abril dejó Chile: fue un acto de valentía que deseaba hacer, como él me lo señaló: dar la cara. Incluso fue careado con ex compañeros”.

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