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Entrevista: “Hay algo en nuestra naturaleza que anhela lo imposible”

“En busca de las entrañas del hielo” se sumerge en las principales exploraciones antárticas del siglo XX. “Es este corazón anhelante del hombre lo que explica el espíritu de toda aventura”, enfatiza su autor, Juan Francisco Lecaros (Mario Rodríguez Órdenes

La inspiración para este libro sobre la Antártica, proviene del amor de Juan Francisco Lecaros por la geografía chilena y su historia.

“En busca de las entrañas del hielo” (Ediciones B, 2023) de Juan Francisco Lecaros, muestra los límites extremos a los que pueden ser sometidos los seres humanos. El relato, que también es un magnifico retrato de la época, reúne un conjunto de nombres como Ernest Shackleton, Fridtjof Nansen, e incluso el mítico piloto chileno, Luis Pardo, que, junto a sus hombres, protagonizaron esta hazaña que posteriormente construyó un mundo de paz, donde Chile juega un papel preponderante.

En 1959, a través de la firma del Tratado Antártico, Chile junto a once países se comprometen a que la Antártica sea una región de paz, de investigación científica y de protección del medioambiente. Una lección para los turbulentos tiempos actuales.

Juan Francisco Lecaros (1954) es empresario y fundador de la Corporación de Cirene, dedicada a ayudar en la gestión a organizaciones sin fines de lucro y pequeñas empresas. La inspiración para este libro sobre la Antártica, proviene de su amor por la geografía chilena y su historia.

Juan Francisco, ¿cómo surge “En busca de las entrañas del hielo”?

“Siempre me ha llamado la atención este afán del ser humano por buscar lo desconocido, lo nuevo, lo que no está al alcance de la mano. Es nuestra curiosidad fundamental. La que hace que la ciencia progrese, que el arte cree y la innovación prospere. Hay algo en nuestra naturaleza que anhela lo imposible. No toda la gente lo tiene igual de manifiesto, pero creo que todos, algunos más otros menos, lo tenemos impreso en nuestra alma”. 

¿Qué fuentes le resultaron fundamentales para escribir el libro?

“Hay libros ingleses que fueron la bibliografía básica. Por su nacionalidad, pero también por su carácter y la época de la exploración antártica, los ingleses han producido mucho sobre sus héroes. Pero creo que lo que da un carácter especial a la narración, fueron los diarios de viaje que escribieron los exploradores. Eso me permitió tener distintas perspectivas de los hechos. Me permitió también aventurar las personalidades de quienes fueron. Traté de que el libro no fuera un relato heroico y punto, sino más bien un correlato al interior de estos ‘héroes’. Como en todo proyecto humano hubo algunos que sumaron y otros que no, que restaron”.

Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, tuvieron lugar en el Polo Sur las más álgidas expediciones que recuerde la humanidad. ¿Qué hombres pudieron realizar esta hazaña, cuál era su condición psicológica?

“Es muy válida la pregunta. Para una aventura de este calibre supuestamente se requiere una personalidad muy fuerte. Esta era una premisa que tuve al comenzar la investigación, pero en la medida que leía más, veía que no todos tenían pasta de héroes. Y eso me gustó. Creo que todos nosotros, en determinadas circunstancias, podemos dar un salto y alcanzar cosas que pensamos no poder. Hay una frase que me gusta y que tiene que ver con los que preguntas: “no se necesita ser extraordinario para hacer cosas extraordinarias. Sería mucho esperar. La virtud de Shackleton como jefe es que hacía brotar de cada uno de ellos, fuerzas que no sabían que tenían. Creo que esto es la característica de una buena jefatura”.

 ¿Qué relación tiene con la idea imperial de la época?

“Bueno, creo que las primeras expediciones a la Antártica sí tuvieron una razón imperial clara. Cada imperio, en ese entonces, antes de la Primera Guerra Mundial, tenían un gran afán de hacerse de un nuevo territorio. En la medida que avanzaron las expediciones, los polos se empezaron a volver una cuestión simbólica más que económica. Finalmente, cuando el centro de los polos se alcanzó, el deseo imperial se termina y quedan unos ‘locos sueltos’ de todo imperio que hacen y proyectan exploraciones por otras razones”.

¿Por qué se detiene el relato en la expedición de Ernest Shackleton y sus hombres?

“Porque Shackleton va, o intenta ir diré, a la Antártica dos veces después de que el Polo Sur ya fuera logrado. Es cierto que la primera vez intentó superar la llegada al polo de un sueco procurando atravesar la Antártica, lo que quería decir que aún seguía viva la ambición competitiva, pero en la medida que transcurre su vida te deja la impresión que la Antártica se volvió para él y sus hombres, en un ideal, en un propósito por el que vivir”.

¿Por qué fue clave en la expedición de Schackleton el piloto Luis Pardo?

“Sin el Piloto Pardo la epopeya de Shackleton hubiera corrido serios riesgos en volverse una tragedia. Luis Pardo fue uno de esos personajes cuya decisión cambia el destino de las cosas. Puede ser secundario su papel porque evidentemente no estuvo en el 90 % de los sucesos, pero, por otro lado, su decisión silenciosa, reservada y decisiva, la tuvo que tomar en muy pocas horas y siendo perfectamente consciente del riesgo en el que se metía. Pardo Villalón fue el héroe que respondió a su cuota”.

En este caso, ¿por qué es tan relevante Punta Arenas?

“Punta Arenas fue la base del rescate, nada menos. Y fue también la ciudad que se volcó a participar y ayudar a como diera lugar. Un dato simpático es que casi todos los náufragos fueron recibido en casas de locales. La colonia alemana e inglesas depusieron sus diferencias en pos de ayudar a estos náufragos. Fue una hazaña movilizadora. Recordemos que el propio presidente de entonces Germán Riesco se interesó vivamente en los hechos y apuró la ayuda a los náufragos”. 

Juan Francisco, recientemente usted hizo un homenaje a esa acción del Piloto Pardo y sus hombres. Puso una boya al sur de Punta Arenas. ¿De alguna manera este relato es también una búsqueda personal suya?

“Para serte bien sincero considero que es un privilegio enorme haber podido poner una boya homenaje a esta epopeya. Sí, algún aspecto de búsqueda personal tiene todo esto. Pero pensándolo bien, no sé si es de búsqueda o más bien de encuentro. Nuestra historia está llena de este tipo de aventuras y de aventureros, dicho esto en el mejor sentido del término. Para mí es gran placer narrar por todos los medios, boyas, películas o libros, estas aventuras heroicas”.

En estos tiempos de turbulencias, de esa experiencia límite surge algo esperanzador: el Tratado Antártico que fija el carácter pacífico del uso de la Antártica. ¿Qué rol tuvo en ese propósito Chile y figuras como Gabriel González Videla y Oscar Pinochet de la Barra?

“Desde luego que es muy esperanzador el tratado Antártico, es cierto. Me gusta recalcar que fue uno de los primeros documentos que se firmaron durante la Guerra Fría. Paradójicamente la Antártica fue un punto de deshielo en las relaciones. Pero esto no es nada más que un juego de palabras. La condición delicada y fundamental de la Antártica para el equilibrio del globo, abrió las cerrazones ideológicas y se firmó. Las figuras que mencionas, junto a otras, fueron y son aquellos que empujan el signo positivo para la Antártica. Son especies de padrinos de un territorio que requiere de un cuidado especial”.

Chile creó en 1963 el Instituto Antártico Chileno. ¿Qué balance haría de su gestión y qué desafíos tiene?

“Yo no soy un experto en geopolítica ni en ecología y ciencia. No estoy en condiciones por lo tanto de hacer un balance de la gestión del INACH, Ahora bien, habiendo dicho esto, me parece que la creación de la entidad y el respaldo presupuestario que le demos, es un signo de madurez respecto a una zona que debemos cuidar. Es una región en la que no cabe la explotación ni el cálculo interesado. Es como el hermano o el hijo que requiere un cuidado especial en una familia. Él o ella devolverá ese cariño con algo que le hará muy bien a la familia. Si algún desafío imagino para el INACH, es que aumentemos la conciencia de que la Antártica no es algo ajeno a nosotros y a nuestra vida agitada y ciudadana. ¿Cómo promover y fomentar el amor y el aprecio por un territorio? Me da la impresión de que esa es la pregunta”.

La Antártica es el territorio donde se dan los registros climáticos más extremos del planeta. ¿Qué llevó a estos hombres a abordar una expedición de esta naturaleza?

“Creo que, dado el carácter de esos exploradores, el frío y la desolación, lejos de ahuyentarlos, dio significado a su lucha. A pesar de que su epopeya fue muy terrenal, estos tipos fueron idealistas que amaron lo imposible, lo que está más allá del horizonte, lo intocado, lo casi inalcanzable”.  

Escribe: «Lo que explica el temerario ímpetu por la Antártica está en la hechura del corazón humano. La clave la entregó el último viaje de Schackleton». ¿A qué clave alude?

“El último viaje, el de la nave Quest, (búsqueda) fue una expedición difícil de justificar desde el punto de vista práctico o material. Todo estaba hecho y ellos, Shackleton y un grupo de sobrevivientes de la expedición Endurance, se lanzaron nuevamente a la Antártica. ¿A que fueron esta vez? Fueron a responder por dictado del corazón. A la búsqueda de sentido que tiene el ser humano. Esto, que se ve tan desnudo y claro en la expedición Quest, creo que estuvo presente en todas las anteriores expediciones. Puede ser que haya estado de un modo soterrado, pero a mi juicio, es este corazón anhelante del hombre lo que explica el espíritu de toda aventura”.  

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