La publicación “Humberto Giannini: Una filosofía de lo común” es un libro clave para comprender los complejos tiempos actuales. “Pensar cómo dialogar entre nosotros es especialmente importante en tiempos de una polaridad política tan evidente como la actual”, enfatiza la editora Rosemary Bruna (por Mario Rodríguez Órdenes)

Seguramente Humberto Giannini (1927 – 2014) es una de las figuras relevantes de la filosofía chilena del siglo XX. Está más vigente que nunca, porque una de sus preocupaciones es la posibilidad de encontrarnos con el otro. Quince académicos chilenos del ámbito de La filosofía abordan de manera profunda los aspectos fundamentales de la filosofía gianniniana.
Juan José Fuentes, María José López, Rosemary Bruna Ramírez y Nadime Colombe Faure son los editores de “Humberto Giannini: Una filosofía de lo común” (Ediciones LOM 2023) una valiosa investigación que esperamos inaugure un horizonte de diálogo en torno al pensamiento de Giannini.
Diario Talca tuvo la ocasión de conversar con la doctora en filosofía Rosemary Bruna para profundizar acerca de temas tan relevantes en los tiempos turbulentos que vivimos.
Rosemary, seguramente la obra de Humberto Giannini es una de las filosofías más amplias y originales de la producción filosófica chilena. ¿Por qué resulta tan vigente en los tiempos actuales?
“Creo que la obra de Giannini está vigente porque uno de sus propósitos centrales es abordar la cuestión de la convivencia humana, y eso, con sus conflictividad inherente, no es algo que ‘pase de moda’. Pensar cómo vivir vinculados socialmente, cómo dialogar entre nosotros, pese a nuestras diferencias, es algo que parece especialmente importante en tiempos de una polaridad política tan evidente como la actual”.
¿Qué importancia tuvo en su formación Enrico Castelli?
“Castelli fue maestro de Giannini en su viaje a Italia. Él fue a doctorarse con Castelli a Roma, pero no terminó el grado (no recuerdo exactamente por qué). Sin embargo, la impronta de Castelli quedó en su obra a propósito de la centralidad de la cotidianidad en su pensamiento”.
Algunos temas a los que vuelve siempre Giannini son la experiencia, la convivencia, el conflicto moral, el sentido y la experiencia común. ¿Cómo lo afectó el quiebre que se produjo en Chile en 1973?
“Según el mismo Giannini, el quiebre de la democracia volcó su filosofía hacia la cuestión de la convivencia y el conflicto, orientándolo especialmente hacia la búsqueda de la experiencia común. Esta última le parece perdida, en tanto que con la dictadura se pierde el sentido de lo público, de lo político, hasta de la pertenencia a través del vínculo social. Si bien son temas que ya había tratado antes y se ve en obras previas al golpe -como en Reflexiones acerca de la convivencia humana-, a partir de este periodo, el lazo entre filosofía y experiencia, entre lo especulativo y lo contingente, parece hacerse mucho más explícito y fuerte”.
¿Qué postura tuvo frente al régimen militar?
“Giannini fue un crítico del régimen militar. Si bien no pertenecía a algún partido político ni había realizado algún tipo de activismo que lo pusiera en una situación de peligro crítico, sufrió lo que se ha llamado un ‘incilio’ dentro de la Universidad de Chile, que en ese periodo estuvo intervenida por el régimen. En sus publicaciones en la prensa no dudó en apuntar críticamente a la dictadura, aunque, insisto, sin realizar un activismo radical. De hecho, antes del golpe, su postura fue bastante crítica con la politización radical de la filosofía, y también con la despolitización de la filosofía. En ese sentido se ubicó habitualmente en una suerte de punto intermedio, lo que se ve en sus críticas a Jorge Millas -más partidario de una filosofía desligada de la contingencia política por los 60-, y a Juan Rivano -un marxista comprometido, que consideraba el nexo entre filosofía y política inexorable. Después del golpe, como dije antes, su postura de vuelca mucho más hacia el nexo entre filosofía y experiencia común, lo que implica una visión política también”.
Con el retorno a la democracia, ¿cómo vio el reencuentro entre los chilenos?
“Me parece que Giannini es un pensador de la transición. Sus ideas sobre la experiencia común y la convivencia apuntan claramente a recuperar eso común que se perdió con la dictadura. El diálogo es un elemento central para poder hacerlo. Este diálogo es un modo de comunicación que surge cuando hay conflicto y las partes en desacuerdo tienen que sentar sentidos en común para poder convivir. Entonces, creo que este reencuentro se trata del ejercicio del diálogo y, en ese sentido, Giannini como pensador tuvo eso en sus intereses principales”.
¿Qué condiciones tiene que tener el diálogo en la sociedad chilena para que sea fecundo y logremos un encuentro con los otros?
“Primeramente, el diálogo tienen que tener la voluntad de dialogar, es decir, la voluntad de encontrarse. Hay que decir que, desde la visión de Giannini -y esto lo comparto-, para convivir con otros y dialogar no es necesario eliminar el conflicto ni llegar a acuerdos absolutos. De lo que se trata es de poner ciertas comprensiones de la realidad en común para poder vivir juntos, sin que necesariamente esto elimine nuestras diferencias. De hecho, si no hubiera diferencias, no tendríamos para qué dialogar, porque ya pensaríamos igual. El diálogo, para Giannini, no sólo se da entre individuos, sino que también existe el diálogo intergeneracional: las generaciones anteriores van pasando su comprensión del mundo a las que vienen (a través de la educación, por ejemplo; por eso Giannini es un defensor de la educación pública.), y las generaciones nuevas van incorporando sus elementos propios”.
Si el conflicto es inherente a la convivencia humana, ¿qué posibilidades nos permite el lenguaje?
“Precisamente, la posibilidad de compartir un mundo común, pese a esa conflictividad. La experiencia común se evidencia en el lenguaje, porque cuando hablamos, nos entendemos. En ello se deja ver que hay significados sobre el mundo que compartimos. Si yo le pido que me pase el lápiz, usted me entiende lo que es lápiz, lo que es pasar, y lo que es una petición. Entonces, me puede responder pasándome el lápiz. Parece algo muy trivial, pero en esas experiencias cotidianas, Giannini busca para sacar a relucir que tenemos experiencias del mundo que compartimos. Eso, si lo llevamos a la ética y a la política, se vuelve más complejo y hay que trabajar más para encontrar los significados comunes -o incluso, construirlos-, mediante el diálogo”.
Giannini le dio gran importancia a la enseñanza de la filosofía. ¿Qué alcances le atribuía?
“Hay varios sentidos de la filosofía dispersos en su obra. Yo creo que una constante es que le atribuía la posibilidad de pensar nuestra experiencia. Para Giannini la filosofía tiene un sentido diarístico, hasta biográfico, porque no se despega de lo que experimentamos, a nivel individual y social. La filosofía, en ese sentido, aporta a la composición del mundo común, al pensarnos en esos términos. Es parte del ‘traspaso de mundo’ que se hace de generación en generación. Además, piensa que la filosofía tiene la virtud de que puede hablar a nuestros tiempos, a nuestra experiencia, aunque se trate de filosofías que tengan siglos de existencia. Giannini dice que piensa a Sócrates, por ejemplo, porque es valioso lo que Sócrates dice para nuestra experiencia actual. Si no fuera así, dice Giannini, sería una filosofía muerta. Y es interesante porque él era profesor de filosofía medieval, que es un área que podríamos pensar que está alejada de nuestra cotidianidad actual, pero igualmente, encontraba un hilo de enlace con ella”.
Rosemary, en una entrevista anterior me señalaba: «Lo que Giannini busca a través de su defensa del diálogo es la posibilidad de convivir, con todas las diferencias que son propias de una sociedad diversa». ¿Estamos lejos de articular el nosotros que nos permita compartir como pasajeros de un mismo viaje?
“No puedo decir en términos absolutos si estamos lejos o no de esa articulación. Pero, personalmente, tengo la sensación de que, desde el estallido social, que fue un momento en que parecía estar componiéndose un ‘nosotros’ que empezaba a sentar bases para explicitar un mundo común, en estos últimos tiempos nos hemos ido alejando. La experiencia de la pandemia nos fragmentó bastante, con todas las dificultades que esta trajo consigo. El aumento de delincuencia, la sensación de inseguridad, etc. Todas esas experiencias parece que nos han ido desligando socialmente. Se ve en la experiencia del proceso constitucional, en que las posturas se distanciaron en lugar de acercarse a puntos comunes”.
Usted tuvo un estrecho contacto académico con Humberto Giannini. ¿Cómo fueron sus últimos años?
“Tuve la fortuna de trabajar con él en sus últimos años. Giannini estuvo activo hasta pocos meses antes de su fallecimiento. Yo llegué a trabajar a su último Fondecyt, y eso duró hasta el 2013 (él fallece en 2014). Seguía haciendo clases y me tocó ser su ayudante. En ese último curso tuvo alumnos de todo tipo de carreras y se daba el tiempo de explicar distintas filosofías a personas que no tenían formación en ella. También siguió publicando, incluso hasta ese último año. Nuestras sesiones de trabajo de investigación consistían en juntarnos a conversar con los demás miembros del proyecto. Nos reuníamos y comentábamos textos, sus ideas, nuestras ideas. Era muy acogedor en ese aspecto: todos podíamos aportar, nunca hubo algún tipo de autoritarismo intelectual. Aquello es muy significativo en un área que puede prestarse para eso, como es la filosofía. Giannini era muy humilde en su modo de practicar la filosofía”.
Él muere al finalizar una entrevista… ¿Cómo fueron esas trágicas circunstancias?
“Hay un relato del propio periodista en The Clinic, creo que fue Hopenhayn. Ahí él relata cómo fueron esos últimos momento antes de que sufriera un ataque. Sus últimas palabras registradas son hermosas, habla sobre el sentido de la filosofía, y resume un poco todo lo que he venido comentando: ‘Yo sigo enseñando a Sócrates, padre del diálogo callejero, abierto, pero con un significado profundo… Sigo pensando en él. Y si se puede tener filosofía, mi filosofía de centro es el sentido común. No abandonar nunca el sentido común, la filosofía no podría abandonarlo. Ya que no tenemos universo, porque se fue muy lejos, tenemos mundo, el mundo de nosotros. Eso para mí es muy importante’”.
De su obra, ¿quedan textos inéditos?
“Sí, pero hay que articularlos para poder mostrarlos. No hay una obra completamente terminada”.
Rosemary, ¿qué significó este profesor maravilloso en su propia formación?
“Honestamente, para mí significó aprender un sentido y un modo de hacer filosofía. A mí me marcó su modo de acoger a los otros en la conversación y el diálogo. Cuando empecé a trabajar con él yo era estudiante de pregrado, y se me incluyó en el trabajo de investigación igual que a los coinvestigadores, que eran personas doctoradas y que hasta eran mis profesores. Cuando fui su ayudante, incluso, me pidió estar en una de mis clases de ayudantía para aprender cómo conectarse más con los alumnos, porque sentía que estaban más en sintonía conmigo. Para mí eso fue un tremendo gesto. Yo no pensé que él tuviera mucho que aprender de mí, que apenas estaba empezando a desarrollarme en nuestra disciplina y como docente, pero él podía ver algo que aprender en situaciones en que uno creería que no. A eso me refiero con su humildad como pensador. En su modo de ser acogedor. La filosofía a veces es un área que puede ser hostil, si se aproxima hacia ella con intenciones de desarrollar más el ego que la reflexión. No es raro que eso pase. Pero trabajado con Giannini aprendí que eso no es necesario, y que se puede hacer grandes aportes sin tener que tratar de ponerse por encima de los otros. A nivel teórico me abrió reflexiones importantes. Puede que haya cuestiones que no considere completamente resueltas en la filosofía de Giannini, puede que haya asistematicidad o incluso contradicciones; no es una filosofía perfecta. Pero es una filosofía abierta, con interés de mirar nuestras experiencias más sencillas, las cotidianas, y encontrar en ellas algo valioso. Eso, para mí, fue muy marcador”.