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ENTREVISTA: “La repetición majadera de ‘las y los` es agotadora y antiestética”

En la plenitud de la vida, la periodista Patricia Stambuk confidencia: “Siempre mi presente es el mejor tiempo. Hoy es mi tiempo, no fue ayer. No siempre son satisfacciones, aunque siempre se va creciendo, pero no volvería atrás por nada” (Mario Rodríguez Órdenes)

Patricia Stambuk Mayorga (Punta Arenas, 1951) es una destacada periodista y escritora.

La reciente publicación de 1520 /Cuentos del Estrecho de Magallanes (Pehuén, 2021) de Patricia Stambuk nos muestra la fecunda tarea en el mundo de las letras de una escritora y periodista que ha sido fiel a sus orígenes. Con proyectos de próximas publicaciones y responsabilidades en la Academia Chilena de la Lengua, de la cual es vicedirectora, contó a Diario Talca: “Aquí estoy, muy dispuesta para lo que venga”.

Patricia Stambuk Mayorga (Punta Arenas, 1951), es una destacada periodista y escritora. Su obra ha sido reconocida internacionalmente, en especial por su compromiso e investigaciones sobre las realidades contemporáneas de dos pueblos originarios de Chile: yaganes y rapanui. Entre sus libros destacamos: “Violeta Parra, el canto de todos”, en coautoría con Patricia Bravo; “Rosa Yagan, lakutaia le kipa” y “Rongo, la historia oculta de la Isla de Pascua”, que obtuvo el Premio Manuel Montt 2019, otorgado por la Universidad de Chile. En la actualidad es vicedirectora de la Academia Chilena de la Lengua.

Patricia, por largos años la escritura y la literatura han sido su pequeño mundo. ¿qué ha encontrado en ellas?

“En una palabra, plenitud. En varias, la posibilidad de escuchar a otros, de sorprenderme y perpetuar historias contemporáneas significativas para la cultura, no solo para Chile. He encontrado muchas emociones que hablan bien, y a veces no tanto, de los valores humanos. Mi literatura es generosa, no se mira al ombligo”.

Primeramente estudió derecho… ¿Cómo, finalmente, llegó a periodismo?

“Fue un breve paso por derecho. Hacia fines del primer año tuve que regresar a Punta Arenas por una operación de emergencia. No era grave, pero necesitaba el cuidado familiar. Me gustaba la idea de ser abogada, pero hice un giro, di de nuevo la prueba y encontré mi destino. O el destino salió en mi búsqueda”.

Su afición a la literatura fue precoz en el colegio. ¿Cómo recuerda esos años y cuáles eran sus lecturas?

“Aparte de las lecturas infantiles, partí leyendo revistas de actualidad nacional e internacional, como Vea o Life, y novelas negras de Ellery Queen y Agatha Christie. Ahora hay una atención desmedida hacia el género policial. También leía crónicas de viaje, era fascinante conocer el mundo a través de las palabras. La primera novela que me impactó fue Mónica Sanders, de Salvador Reyes, inadecuada para la edad que tenía cuando la leí. Está ambientada justamente en Valparaíso, región donde ahora resido. La vida es un lugar de encuentros y reencuentros”.

¿En qué circunstancias, durante una visita del expresidente Frei Montalva a Punta Arenas le toma fotografías?

“Ocurrió en una visita del presidente Frei Montalva al asentamiento campesino Villa Tehuelche, en Magallanes, a unos 100 kilómetros de Punta Arenas. Mi padre había construido el poblado para la Corporación de Reforma Agraria y regaló la primera capilla para todos los credos de Chile. Yo era una colegiala con un arma en mis manos: una cámara fotográfica para registrar cada paso del presidente, aunque nadie me lo había pedido”.

¿Qué significó este encuentro?

“Mis padres vieron mi desplante, que era el de una escolar de esos años, y mi madre me comentó que tenía cualidades para el periodismo. Ella siempre veía más allá del muro. Era un desplante para ese tiempo, claro, hoy día los escolares dictan cátedra tempranamente”.

Patricia, ¿le resultó difícil dejar Punta Arenas para estudiar en Santiago?

“En absoluto, además, mi hermano ya estaba estudiando medicina en Santiago y yo sentía que se abría para mí un mundo nuevo. Tenía 15 años y un pololo de 21 que quería casarse conmigo. Era guapo, cantaba como Frank Sinatra, imagínate. Esa ‘pérdida’ y la soledad de los provincianos en una capital donde los compañeros tienen sus propios círculos y circuitos, me pesó un poco. Volver a casa en las vacaciones era muy grato”.

¿Cómo fue vivir esos años en plena dictadura?

“Para el golpe militar ya estaba terminando mi carrera y de vuelta en Punta Arenas.  En realidad, estudiando me tocó vivir el desorden universitario de los años de la Unidad Popular y a la vez sus enormes estímulos para la discusión, la reflexión, las lecturas. Lo que me afectó fue iniciar mi vida como periodista en un régimen de facto. La realidad de Magallanes no fue tan dramática como la de Santiago y otras regiones, pero sin duda el gobierno militar redujo muchísimo mis posibilidades profesionales. De todos modos, nunca temí salir al aire con mis programas radiales de opinión”.

Todavía estudiando se encuentra con Violeta Parra. ¿Cómo ocurre?

“La música folclórica era importante para los universitarios de los 70. Nos interpretaba en aspectos como los problemas sociales, la vida campesina, la identidad, la creación con sello chileno. Cuando surgió la oportunidad de hacer una investigación estando en segundo año de periodismo, mi amiga y compañera de curso Patricia Bravo y yo pensamos en ella. A cinco años de su muerte, podíamos entrevistar a muchos de sus familiares, amigos y artistas contemporáneos. Y lo hicimos, creando un género de biografía coral totalmente nuevo en Chile y América. Incluso más allá”.

De este encuentro aparece Violeta Parra el canto de todos. ¿qué testimonios pudo registrar y qué significa Violeta para usted?

“A nadie se le ocurrió escribir sobre Violeta tan cerca de su muerte, así que tuvimos la oportunidad de entrevistar a personas en exclusividad y con la memoria fresca de los hechos. Su madre, su hija Carmen Luisa, todos sus hermanos y amigos. Esta obra tiene muchas ediciones y en esta última quisimos destacar la primicia literaria que fue, en estilo y tema, por eso la titulamos Violeta Parra. Primera Biografía”.

¿Esta experiencia la inclinó por el género del reportaje?

“Fue una investigación determinante en mi vida. Era lo que quería hacer, trabajar con la realidad contemporánea, con fuentes primarias, fuentes vivas por sobre las documentales, con la herramienta clave del periodismo, la entrevista. Y lo he estado haciendo desde entonces”.

Sus libros tienen ese sello de búsqueda de la identidad, de los orígenes, ¿tiene sentido por ser hija de inmigrantes?

“Así lo he interpretado siempre. El inmigrante llega a pisar un suelo ajeno que termina haciendo propio, y está bien, pero no es para cubrir con su paso lo andado por otros, sino para seguir construyendo, sin olvidar que existieron y existen aportes anteriores y contemporáneos, en paralelo”.

La conocí como corresponsal de la Revista Hoy en Punta Arenas. ¿Como fue su experiencia de ejercer el periodismo en esos años difíciles?

“Las corresponsalías de Ercilla, Hoy y también las de agencia EFE y La Tercera fueron una gran ventana para mí, que soñaba con hacer periodismo de revistas, periodismo interpretativo, que fue la cátedra que impartí en la Universidad Católica de Valparaíso durante varios años. Punta Arenas no fue una región crítica para el periodismo durante el gobierno militar. Los intendentes del periodo hasta se preocupaban de tener una buena relación con la prensa Las dificultades fueron de otra índole. Pero sin duda que no se trataba solo de no estar en riesgo, sino de poder informar y opinar”.

¿Algún caso que la haya marcado?

“En 1990, ya en democracia, un suboficial me pidió extrema reserva para contarme de tres asesinatos ocurridos en Porvenir, Tierra del Fuego. No me dio su nombre, no quiso que lo grabara, pero leí al aire su  declaración y recién entonces pudo empezar a conocerse la verdad en ese dramático caso. No siempre se puede seguir al pie de la letra las reglas del periodismo. No estaba en condiciones de citar a la fuente. Asumí el riesgo”.

¿Cómo aprecia el periodismo en la actualidad?

“Por una parte, siempre con grandes aportes y eficiencia investigativa para revelar casos de corrupción, abusos y todo tipo de irregularidades y para mantener informado al país de lo sustancial de la vida pública; por otra, sobre todo en la televisión, con una tendencia al divismo, que lleva a algunos periodistas a ocupar más tiempo al aire que sus entrevistados, a formular preguntas con afirmaciones, induciendo las respuestas y mostrándose con más conocimientos que el entrevistado. En prensa escrita y televisión, quisiera menos lugares comunes y más vocabulario; menos noticias policiales y más internacionales. Ninguna de mis críticas incluye limitar o restringir a la prensa. No somos perfectos, pero no podemos faltar en una democracia”.

¿Cómo aprecia los desafíos del periodismo desde la provincia?

“Por sobre cualquier consideración, el periodismo de provincia debe fomentar la identidad de su territorio en todo orden. Sacar de sus portadas lo policial, porque vende, o la coyuntura política menor, y preferir la defensa de sus universidades, de sus instituciones. Respaldar la regionalización y darle tanta importancia a las noticias de los problemas de la capital como el periodismo capitalino les da a las regiones”.

Acaba de morir un impulsor de la prensa regional, el entrañable Jorge Babarovic. ¿Qué recuerdos tiene de él?

“Fue un gran señor del periodismo, por sus cualidades personales. Más allá de sus méritos profesionales, de su amor por el periodismo, de su compromiso con la prensa escrita o su labor gremial, estaban siempre presentes, como un raro don, su generosidad para pensar en los demás, para cultivar la amistad, para brindar cariño, para apoyar y compartir. Como dices, entrañable”.

La sociedad chilena está viviendo un momento bien complejo, ¿se refleja adecuadamente en el periodismo?

“Desde luego, en las numerosas noticias sobre delincuencia, inmigración descontrolada, agresiones, narcotráfico y en la constante oposición de los bandos, que ahora se han reducido a aprobadores y rechazadores. Es un tiempo que se percibe muy inestable, pero no se puede esperar que el periodismo genere pánico, debe haber un grado de prudencia aconsejable, y en ese sentido el periodismo está actuando bien, no así el público que vocifera en las redes, donde campea todo lo indeseable para una sociedad sana: las descalificaciones, la total intolerancia… Muy poca civilidad. ¿qué nos está pasando?”.

La libertad de prensa y otras garantías, ¿quedan garantizadas en la eventual nueva constitución?

“Estimo que sí. Y espero que no vuelvan a presentarse dudas como las que ocurrieron durante la discusión del borrador, cuando arriesgamos una estocada a la libertad de expresión, instalando mecanismos de control. Por fortuna, se levantaron muchas voces, también la mía. Es un muy mal signo querer amordazar o cercar a la prensa, ya lo estamos viendo hace rato en Sudamérica”.

¿Cómo llega a la Academia Chilena de la Lengua?

“Fue para mí una sorpresa, porque no tenía vínculos con la Academia. Primero, el escritor Eugenio Mimica y otros académicos me propusieron como miembro correspondiente por Viña del Mar. Mi participación constante en las sesiones plenarias, aprovechando la corta distancia entre la región donde vivo y Santiago, hizo que un par de años después me propusieran como numeraria. Ha sido una gran experiencia, y para los que creemos que no es un título para el currículo, sino una invitación para aportar, hay bastante trabajo, sobre todo ahora que soy vicedirectora”.

¿Cuál es la importancia del lenguaje en la construcción y las transformaciones sociales?

“Sé que hoy todo parece apuntar a que cambiando el lenguaje cambian las realidades. Que ahora, por ejemplo, no se puede decir tal o cual palabra porque ofende, estigmatiza o excluye, pero en los mismos espacios se agrede verbal y físicamente, se hiere, se abusa, se mata. El lenguaje amplía las posibilidades de diálogo, de expresión de ideas similares o diferentes, abre mundos, eleva las capacidades de abstracción, de creación. Las transformaciones deben provenir de convicciones morales, éticas, políticas, económicas, sustentadas en el verbo. La palabra al servicio de la idea y no al revés”.

¿Qué alcances tiene lo que señaló en una reciente entrevista: «El tema del idioma nos involucra absolutamente a todos? 

“El idioma es el hilván que une a cada ser con su prójimo, con sus compatriotas, con su paisaje, que puede ser un país o muchos, como en el caso del español. El silencio es y ha sido una excepción en las culturas de todas las épocas. El idioma es una construcción colectiva, dinámica, no impuesta, en la que se interviene con normas que depuran y hacen más eficiente su uso y comprensión”.

¿Por qué ha sido crítica para modificar en nuestra Lengua las reglas sobre género?

“No soy en absoluto conservadora, solo que la repetición majadera de ‘las y los` es agotadora y antiestética. No imagino al periodismo escribiendo crónicas con esa duplicación, aunque ya encontré un caso en un diario regional. Aplicar la letra ‘e’ genera inconcordancias insostenibles y la arroba puede ser para comunicaciones informales, pero no más que eso. Enseñar el respeto a la diversidad es mucho más importante que dejarle la responsabilidad a un cambio forzado de letras o a un constante señoras y señores que ya existía”.

Algún momento señaló: “Soy hija de inmigrante y de una descendiente de inmigrantes». ¿Qué ha significado en su vida?

“Desde la infancia cuentas con la presencia virtual de otros espacios, otros climas, idioma y costumbres, que son las realidades diferentes que vivieron tus padres o tus abuelos. Esa circunstancia familiar enriquece, amplia la visión de mundo. Conoces sus pequeñas historias y son tan distintas a las tuyas. Creo que mi interés por temas de identidad y de migración nace de ese estar aquí y estar allá, sabiendo que la tierra de origen determina a cada ser”.

¿Por qué su libro Rosa Yagán, ha significado tanto en su vida y escritura?

“Conocer a Rosa Yagán fue un privilegio que no tiene cualquier persona. Con ella entré de lleno a una dimensión completamente distinta de la vida y plasmé un relato potente, en primera persona, que fue y sigue siendo clave en la historiografía chilena. El libro generó un gran impacto, nadie imaginaba que una habitante de la raza más austral del planeta pudiera tener una visión crítica tan profunda y expresada con tanta sencillez y sabiduría. Es un libro del pasado, del presente y del futuro. Será leído por muchos años más”.

¿En qué escritos trabaja ahora?

“Este año publicaremos un gran relato humano sobre el Estrecho de Magallanes y ahora estoy avanzando en una investigación sobre una escritora chilena de primer orden. Son registros que no se pueden dejar de hacer, porque el olvido se cierne sobre lo que no se atrapa y publica”.

¿En qué momento de la vida se encuentra?

“En el mejor. Siempre mi presente es el mejor tiempo. Hoy es mi tiempo, no fue ayer. Todo lo que he hecho en la vida me ha dejado ganancias. No siempre son satisfacciones, aunque siempre se va creciendo, pero no volvería atrás por nada. Aquí estoy, muy dispuesta para lo que venga”.

 

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