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Entrevista: “Lo más relevante en un mundo de incertidumbre es conocerse a sí mismo”

En “Mariposas Naranjas”, Amalia, la protagonista de la novela, representa a una generación que busca una vida distinta al modelo imperante en el mundo occidental. Una experiencia que también vivió Diamela Leiva en un viaje a India y Tailandia que le cambió la vida (por Mario Rodríguez Órdenes/Fotografía: Javier Bravo)

Diamela Leiva Crispi vivió en India y Tailandia, donde conoció métodos de sanación emocional y la vía devocional de Sri Sathya Sai Baba.

En el año 2011, Diamela Leiva Crispi terminaba sus estudios de psicología en la Universidad Católica de Santiago. Fue el momento de dar un giro radical en su vida y efectuar un largo viaje de crecimiento espiritual. Fue un viaje de siete años que la lleva a India y Tailandia. Un viaje que la cambia para siempre. Desde el año 2018, Diamela reside en Santiago.

En “Mariposas Naranjas” (Editorial Cuarto Propio, 2023) muestra el itinerario de esos años fundamentales de su vida. “Comencé a escribir este libro en 2014. Significaba, entonces, una ofrenda a mis maestros. Quería compartir con el mundo mis experiencias de apertura y expansión. En 2016, cuando tuve un primer manuscrito listo, el libro hablaba de sincronías, del amor por Dios, los sacrificios que había hecho y que me enorgullecían”, precisa Diamela.

Diamela Leiva Crispi (Santiago, 1986) es psicóloga formada en la Universidad Católica de Santiago. Luego de titulada el 2011 viajó y vivió en India y Tailandia, donde conoció métodos de sanación emocional y la vía devocional de Sri Sathya Sai Baba. A su regreso a Santiago el 2018, también profundizó en la psicoterapia, el Cuarto Camino de Gurdieff, las constelaciones familiares y la escritura biográfica como herramienta de transformación personal. “Mariposas Naranjas” es su primera novela.

¿Cómo fueron sus años de formación en la Universidad Católica de Santiago?

“Mis años de formación en la PUC fueron muy interesantes. Estudié sicología, porque que creo que su estudio abarca una amplitud de temas relacionados con el ser humano que me interesan. Como la biología, neurobiología, filosofía, sociología, ética. También me interesó las posibilidades profesionales que ofrecía. Podría ser psicología clínica, educacional, laboral. Me entusiasmó mucho. Encontré en la facultad excelentes profesores, aunque también sentí que la mirada era demasiado teórica. Por tanto, hice talleres de desarrollo personal que complementaran lo teórico. Recuerdo uno de ética y otro sobre la obra de Carl Jung que me impresionaron. También como estudiante de la PUC hice un curso de religión que lo tomé con el teólogo Antonio Bentué, donde leí el Bhagavad – gita, importante texto sagrado hinduista. Desde pequeña tuve interés en las religiones. También fui ayudante de investigación de Marcela Cornejo y de Cristián Sebastián”.

Este largo viaje al Asia, ¿qué lo impulsó?

Fueron crisis existenciales que sufrí en mis años de Universidad. Yo me especialicé en psicología educacional y cuando hice mi practica en un colegio de un sector con alta vulnerabilidad social, sentí que tampoco era el rol del psicólogo dentro de una escuela lo que buscaba. Entonces, aunque la formación en la PUC había sido buena y la experiencia en la escuela no fue mala en sí, comprendí que quería más, comprender más de la posibilidad del cambio en las personas. Comprendí que es muy difícil hacer cambios en la estructura de los establecimientos educaciones. Y, por otra parte, el viaje respondió a una crisis personal que tuvo que ver con el fin de una experiencia amorosa. Me dieron ganas de viajar. India era un lugar que siempre quise conocer desde pequeña”.

¿Cómo fue el primer impacto al llegar a ese mundo?

“Mi primer impacto fue en Delhi. Fue breve, porque íbamos a Tailandia. En realidad, en India me impactó todo. Que fuera tan diferente. Los olores, el ritmo de la gente en la calle. La dificultad para organizar cosas. Por ejemplo, en una oportunidad, nos costó horas comprar un pasaje. Pero nada de eso me molestó, porque yo estaba fascinada con la gente. Tailandia es muy distinto y me impresionó la belleza de los paisajes. En realidad, en Asia hay muchos mundos distintos”.

¿Pudo comprender ese mundo?

“Yo viví seis años en distintos lugares de Asía, incluido un tiempo en Ucrania, donde viajé con el maestro que me enseñó sanación de traumas. Es difícil decir si comprendí ese mundo. Yo viví con un maestro espiritual. Por temas de visa viajé, por ejemplo, a Nepal. Tuve que aprender a vivir con un maestro espiritual, experiencia que tuvo momentos muy bellos, pero también otros complejos, por el carácter que tenía él y por el poder que tenía como maestro espiritual. Puedo diferenciar el mundo externo de la vida cotidiana en Asia y el mundo del Áshram en el Sur de India. (En el hinduismo el Áshram es un lugar de meditación y enseñanza, tanto religiosa como cultural, en que los alumnos conviven bajo el mismo techo que sus maestros. En los años 60’ un Áshram que se hizo famoso fue el Maharishi Mahesh. Hasta ese lugar se desplazaron en 1965 los miembros del grupo musical The Beatles para aprender a meditar).  Este mundo de los Áshram curiosamente no me costó comprender. Todo giraba a la meditación y a la conexión con el gurú. Sri Sathya Sai Baba estaba vivo y había ciertos ritos que estaban a disposición de las personas. Y como yo estaba con mi maestro, que era alemán y no hindú, pero llevaba muchos años ahí, me facilitó conocer y comprender muchas cosas”.

Diamela, ¿cómo fue el proceso de sanación de traumas?

“Yo trabajé con un maestro de sanación emocional y de traumas. Es un trabajo energético, pero también te lleva a la consciencia y evoca situaciones que están plasmadas en el cuerpo. Se realiza en una sesión individual, en que primero hay una relajación. El maestro, la persona que guía, ayuda a la persona a profundizar en sentimientos, que pueden ser actuales o pasados, viendo sus orígenes. Es un trabajo muy profundo”.

La sanación es una responsabilidad individual…

“Creo que sí, porque no se puede obligar a nadie a hacerlo. Tiene momentos complejos, dolorosos en que uno tiene que revivir momentos traumáticos y que en su momento dolió tanto que no los pudo integrar. Hay momentos de la vida que tenemos las ganas de hacer ese proceso. Y otras que no estamos abiertos para ello. Sí creo que hay instancias colectivas que ayudan a la memoria y pueden facilitar el proceso y educar en la importancia de sanar y abrir los dolores para sanar de ellos y vivir una vida más plena”.

Diamela, ¿cómo surge la escritura de “Mariposas Naranjas”?

“Surge cuando vivía en Tailandia en el año 2014. Intenté escribir en forma novelada sobre ese proceso grupal que vivía con otras personas, interesadas en la sanación y cómo me había quedado en ese mundo. Quedarme en Asia no fue fácil, por todo lo que significaba mi mundo chileno. Me trajo grandes contradicciones y conflictos que luego fui explorando en la escritura. Entonces, las experiencias de Amalia se cruzan con algunas de las mías”.

Amalia, la protagonista, de algún modo representa a una generación que quiere profundizar una vida distinta al estilo Occidental…

“Creo que existe un cuestionamiento al modo de vida actual, sobre todo al excesivo materialismo. Una generación que tiene cierto desencanto de la política, de cómo se maneja el poder económico. Una crisis generada por la crisis ambiental y del planeta. Todo eso fueron motivaciones que influyeron también en mi búsqueda de una filosofía, de una espiritualidad distinta y de darle un sentido la vida. Es también la experiencia de una generación del mundo Occidental que siente un vacío en sus vidas y mira hacia el desarrollo milenario de Oriente”.

¿Cree que es posible un mundo mejor?

Creo que es posible la construcción de un mundo mejor. Creo que parte de ello reside en una responsabilidad individual. Ineludible. No es posible hablar colectivamente del tema, sino que requiere una responsabilidad individual. Tengo esperanzas y creo que algo interno en nosotros se debate por hacer ese camino”.

¿Por qué es tan relevante un gurú como Sri Sathya Sai Baba en el mundo de incertidumbre que vivimos?

 “Creo que Sai Baba o cualquier maestro es relevante en el mundo de incertidumbre que vivimos. Los maestros espirituales han desarrollado habilidades y descubierto ciertas verdades y las comparten. Pero siempre van a ser guías, referentes. El camino es propio y lo más relevante en un mundo de incertidumbre es conocerse a sí mismo”.

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