En “Polvo, perros y putas” (Editorial Cuarto Propio, 2025), Karin Ionannidis explora las huellas del exilio, la dictadura y la violencia de género. “Todos cargamos con fracturas, algunas más visibles que otras”, precisa la autora (por Mario Rodríguez Órdenes)

Karin Ioannidis nació en Santiago en 1976. Vivió en Francia durante su niñez. De madre copiapina y padre cretense, sus raíces se encuentran en la profundidad del desierto más árido del mundo y en la sequedad de los parajes del mediterráneo. De formación abogada, esta es su primera novela.
Eduardo, el protagonista de la novela de Karin Ioannidis, “Polvo, perros y putas”, regresa a Chile tras décadas en el exilio. Pronto se da cuenta que no es posible escapar a su pasado.

Karin, Los personajes de “Polvo, perros y putas” están cruzados por la fragilidad de la vida, la gran fractura, ¿Es posible escapar a ella?
“Todos cargamos con fracturas, algunas más visibles que otras. Sin embargo, me parece fundamental hablar y no escapar de ellas porque es desde allí donde emerge la luz de los seres humanos. Las fracturas son indispensables en la literatura y en la vida porque desde allí surgen los conflictos, desafíos y oportunidades de los personajes y de nosotros mismos”.
En Chile una de las fracturas colectivas más profundas fue el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. ¿Cómo sanar de esas heridas?
“El punto de partida para poder comenzar a sanar es la justicia y la sanción a los responsables. La impunidad y peor aún el negacionismo solo incrementan las heridas y hacen imposible superar el horror y los traumas. Solo podemos volver a confiar cuando sabemos que existe una toma de conciencia y reconocimiento responsable respecto de los errores y crímenes cometidos. Todo el resto no es más que maquillaje de la fractura”.
Eduardo para escapar de esa barbarie tiene que exiliarse a París. ¿Cómo logra rearmar su vida?
“Mi sensación es que Eduardo se disocia para poder rearmarse lejos de Chile y tiene la fortuna de conocer a Julie quien será un bálsamo en su proceso de sanar sus heridas más profundas”.
Su pasado en Chile no lo deja y, 36 años después, una carta le hace sentir la necesidad de volver a Chile. ¿Qué país encuentra?
“Eduardo vuelve a otro país, aun cuando no hay excesivas referencias a los cambios con los que se encuentra existen varias referencias acerca de cómo todo parece más luminoso, pero a la vez más impersonal. Ese es uno de los aspectos que acarrea la modernidad, la uniformidad y falta de identidad”.
Hay huellas profundas en Eduardo de las torturas que sufrió. ¿Cómo resolverlas?
“Él las cura con el amor y la paciencia de Julie quien le da espacio y tiempo para reencontrarse con su cuerpo como una fuente de placer después de los horrores de la tortura. Es el vínculo de protección y confianza que ella crea lo que permite que Eduardo pueda volver a reconocer su cuerpo como algo más que un espacio de dolor”.
Uno de los daños que sufrió Eduardo tras la tortura, es la dificultad que tiene para desnudarse…
“La tortura física y los horrores de los abusos físicos sobre el cuerpo dejan secuelas que más allá de las cicatrices son psicológicas, y es eso lo que busca mostrar esa dificultad ante el desnudo. Es el miedo a volver a ser vulnerable, el miedo al otro y más profundamente el miedo a confiar”.
Eduardo dice en el relato: «No ha habido ninguna alegría plena desde que me fui». ¿A qué aferrarse para sobrevivir en esas condiciones límites?
“En situaciones de supervivencia no hay más alternativa que vivir día a día. Ese es el camino ante el horror y la desolación. Intentar no apurar el paso ni huir, observar nuestras fracturas y nuestros miedos y darles espacio para que no afloren luego con más fuerza y rabia”.
El desierto siempre está presente en el relato. ¿Qué significado tiene?
“El desierto y los desiertos son el telón de fondo, pero también un personaje más que cobra vida y acompaña a todos los personajes de la novela, forjando su identidad que es propia de todos aquellos que nacen y viven en zonas inhóspitas. Es esa huella de supervivencia innata y la dificultad ante la abundancia que acarrean sus habitantes lo que da un marco de fortaleza y precariedad que está muy de manifiesto en la novela”.
Tras su regreso, específicamente a Calama, ¿qué se encuentra?
“Creo que Eduardo toma conciencia acerca de la inequidad del mundo cuando llega a París en un contexto de abundancia que él no conocía. A Eduardo la riqueza pareciera incomodarle y al regresar a Chile y en particular a Calama me parece que esa austeridad propia del desierto lo alivia. Como dice Julie en forma profética, ‘espero que el vacío del desierto te llene el alma’, es una máxima que aplica para él”.
Karin, ¿cómo surge “Polvo, perros y putas”?
“Comencé esta novela como un ensayo en un taller de creación de guiones y ahí nació la Celeste. Su voz fue tan fuerte y me conmovió tanto que quise seguir escuchándola. Fue ella la que me contó gran parte de esta historia y quien me fue guiando en su desarrollo. ‘Polvo, perros y putas’ me permitió además hacer un tributo al desierto, al Norte y a los relatos sembrados de esfuerzo y humor que desde chica me transmitieron las mujeres de mi familia”.
¿Cuánto de autobiográfico hay en el relato?
“Mi mamá es copiapina y mi papá de Sitia, un pueblo muy árido de Creta y tal vez por eso los desiertos fueron siempre un espacio de fascinación y vulnerabilidad para mí. Por mi carrera, he estado desde joven en contacto con la desigualdad, y el desierto de Atacama tiene la particularidad de ser excepcionalmente rico y pobre. Esa dualidad representa la esencia de la injusticia sobre la cual se ha construido el desarrollo de Chile y me pareció que era el lugar idóneo para mostrar la inequidad, la deshumanización del capitalismo y las dificultades que enfrentan la mayor parte de las personas en la búsqueda de dignidad”.
Usted también en su infancia tuvo que vivir en Francia. ¿En qué condiciones?
“Mis padres se conocieron en Francia y el francés era el idioma en común que teníamos. Nosotros vivimos en Francia por los estudios de mi mamá, pero tuvimos la posibilidad de compartir con muchos de los exiliados de toda Latinoamérica que fueron refugiados en esa época. Mi papá por su parte había sido exiliado de la dictadura de los generales en Grecia por lo que la temática del exilio, los regímenes autoritarios y el abuso de poder me han sido siempre familiares”.
¿Cómo llega a la escritura?
“Como vía de escape, buscando poder desarrollar más mi lado creativo y menos estructurado. La literatura y los personajes han sido un refugio para mí y desde hace más de una década le dedico parte importante de mi tiempo libre”.
La participación en el taller de Carla Guelfenbein fue relevante. ¿Cómo recuerda esa experiencia?
“Sigo asistiendo al taller de Carla que ha sido fundamental en mi desarrollo como escritora. Además de Carla los talleristas son brillantes y ya varios tienen libros publicados que han sido gestados en ese espacio de crítica constructiva y mucho respeto. El punto de vista de los personajes, su mundo interior y sus fracturas han transitado por años en el taller de Carla donde pudieron florecer”.
Esta es su primera novela, ¿qué viene ahora en lo literario?
“Estoy trabajando hace un tiempo en mi segunda novela que será a dos voces. Una suegra y su nuera que viajan a Grecia para vivir un duelo conjunto. En esta novela los secretos de familia, la homosexualidad y el amor después de los setenta serán los protagonistas”.








