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Entrevista: “Ponerse en el lugar del otro es un desafío”

En “Julieta en su planeta”, Julieta Ax muestra el mundo de los autistas. “Es cierto que todos somos distintos, pero las personas autistas procesamos el mundo de una manera que no coincide con la mayoría”, precisa Julieta (por Mario Rodríguez Órdenes)

Julia Ax ha publicado algunos relatos relacionados con su experiencia como autista.

“Durante mucho tiempo, el autismo se ha asociado más a niños que niñas, llevando a que gran parte de las mujeres con este trastorno del desarrollo crezcamos sin un diagnóstico y sin explicaciones. Yo fui uno de esos casos. Solo supe que era autista cuando cumplí 31 años”, precisa Julieta Ax, en “Julieta en su planeta /Recuerdos, emociones y vivencias de una niña autista” (Catalonia, 2025).

Julia Ax (Goiás, Brasil, 1982) es escritora y poeta. Actualmente reside en Chile y ha publicado algunos relatos relacionados con su experiencia como autista. Fabián Rivas, ilustrador, es el autor de las didácticas imágenes que acompañan a los textos.

Julieta, todos los seres humanos somos diferentes. ¿Qué ha significado para usted ser autista?

“Es cierto que todos somos distintos, pero las personas autistas procesamos el mundo de una manera que no coincide con la mayoría. Eso hace que tanto comprender a los demás como ser comprendida resulte muy complejo. El ponerse en el lugar del otro es una tarea muy difícil cuando se trata de un cerebro que funciona bastante distinto. Ponerse en el lugar del otro es un desafío cuando el cerebro funciona de forma diferente”.

¿Por qué su diagnóstico fue tardío?

“Nací en 1982, cuando casi no existía información sobre autismo en adultos, y mucho menos en mujeres. Simplemente no se consideraba esa posibilidad. En los colegios donde estudié tampoco había equipos especializados en inclusión como los que existen hoy. Además, aprendí a enmascarar mis dificultades: observaba, imitaba y hacía un gran esfuerzo por encajar, lo que hacía que mis desafíos pasaran inadvertidos. Como no tuve problemas de lenguaje ni de aprendizaje, mis dificultades sensoriales se interpretaban como ‘mañas’ y mis problemas sociales como timidez”.

 

¿Fue difícil vivir en un mundo aparentemente normal?

“Sí. Lo que para los demás parecía simple —las conversaciones, los ruidos, los cambios imprevistos— para mí era agotador. Vivía con una sensación permanente de estar fuera de lugar, intentando entender reglas sociales que no entraban en mi lógica. Me sentía sola y con la impresión de tener un defecto profundo que no sabía identificar”.

 

¿Cómo lo vivió en Santiago?

“Antes vivía en Brasil en una ciudad con unos 500 mil habitantes, y me mudé a Santiago en 2003, cuando me casé con un chileno. Tenía 21 años y adaptarme a una ciudad tan grande me resultó abrumador. Sentía que era una niña intentando sobrevivir en un mundo de adultos. No podía salir sola a ningún lugar; incluso a las entrevistas de trabajo debía ir acompañada. Todo me parecía caótico y desbordante”.

 

¿Cómo pudo organizar su vida?

“Recibí el diagnóstico en 2014, mientras vivía en Paraguay —nos habíamos ido en 2007 y volvimos a Chile recién en 2021—. A partir de ahí comenzó un proceso largo de aceptación. Fui identificando mis límites, creando rutinas claras y simplificando mi entorno. Aprendí a decir que no, a elegir trabajos compatibles con mi forma de funcionar y a apoyarme en el silencio, el descanso y la estructura. Comprender cómo funciona mi cerebro me permitió, por fin, construir una vida que calzara conmigo”.

 

¿Quiénes fueron sus apoyos principales?

“Mi marido, que desde el primer momento quiso entender más sobre el autismo y sobre mí. También el acompañamiento de mi psicóloga y, actualmente, de mi terapeuta ocupacional. Al principio tenía infinitas preguntas sobre mi pasado y sobre lo que significaba ser autista, por lo que contar con apoyo profesional y emocional fue fundamental”.

 

¿Qué es lo que usted puede lograr?

“He logrado transformar mis intereses intensos y mi forma particular de ver el mundo en proyectos creativos: libros, contenidos y espacios que ayudan a otros a comprender el autismo desde dentro”.

 

¿Es de mucha soledad el mundo del autista?

“Puede serlo, porque no siempre es fácil encontrar personas que entiendan nuestras formas de comunicarnos o nuestras diferencias sensoriales. No es una soledad buscada; ocurre por falta de comprensión. Cuando encontramos espacios seguros y personas que aceptan nuestra manera de ser, los vínculos pueden ser muy profundos. El problema es que no siempre aparecen temprano, así que muchos autistas convivimos largos periodos con la soledad”.

 

¿Cómo se fue vinculando con la literatura?

“Antes de amar la lectura, me enamoré de la escritura. Desde que aprendí a escribir, redactaba cartas a mi mamá y a mi profesora, y la poesía surgió de forma natural como mi propio idioma. A los 14 años, gracias a Agatha Christie, descubrí el placer de leer. Durante años escribí solo para mí, hasta que tras recibir el diagnóstico decidí usar la escritura para explicar qué es realmente el autismo. Recién en 2018 comencé a publicar”.

 

Cuando no tenía diagnóstico, ¿qué significaba la escuela para usted?

Era un lugar al que odiaba ir. Mi único deseo era que llegara el último día del último curso para terminar con ese martirio. Muchas dinámicas no tenían lógica para mí; sentía que perdía tiempo esperando a que los demás quisieran estudiar. Cuando no estaba con mi hermana, pasaba los recreos sola, porque no sabía cómo acercarme a los demás. Siempre amé aprender, pero no de la forma que se enseñaba en la escuela”.

 

¿Pudo encontrar alguien que la comprendiera en la escuela?

Principalmente mi hermana y algunas pocas compañeras. A lo largo de todos los colegios por los que pasé —fueron nueve, debido a cambios de ciudad—, creo que en total tuve unas cuatro amigas con las que logré vincularme. Estos cambios continuos hicieron aún más difícil crear lazos estables. En cuanto a los docentes, la única profesora con la que sentí una verdadera comprensión fue la que me enseñó a leer”.

 

¿Qué buscó al escribir “Julieta en su planeta”?

Quise que los niños autistas vieran que está bien tener un ‘planeta propio’, nuestros hiperfocos, que funcionan como refugio, pero también que a veces es necesario salir un poco para conectar con otros. Y, a la vez, que los niños no autistas entendieran la importancia de entrar en ese planeta y mostrar interés por lo que a nosotros nos importa. Que no crean que siempre estamos solos, porque nos gusta estar solos”.

 

¿Cómo fue trabajar con el ilustrador Fabian Rivas?

Fue una experiencia muy enriquecedora. Fabián interpretó con mucha sensibilidad el mundo que quería transmitir. Sus ilustraciones aportaron vida, emoción y calidez, y ayudaron a que Julieta se transformara en un personaje cercano tanto para niños como para adultos”.

 

¿Cómo la ayudó a dar a conocer su mundo?

Las ilustraciones fueron fundamentales para transmitir mi mundo interior. Me encanta cómo Fabián representó mi conexión con la escritura y la música, dos espacios que para mí funcionan como refugio y forma de comunicación. Su trabajo permite expresar visualmente emociones del autismo que a veces son difíciles de explicar solo con palabras”.

 

¿Qué ideas sobre el autismo deben ser dejadas de lado?

Que no existen mujeres autistas. Que todas las personas autistas se comportan igual. Que los niños autistas no miran a los ojos, que todos tienen rabietas o que todos tienen retraso en el aprendizaje. Que una persona autista no puede casarse, trabajar, tener amigos o hijos. O, al otro extremo, que todas las personas autistas son genios. El autismo es diverso; no existe un modelo único”.

 

¿Qué porcentaje de la población chilena es autista?

“Chile no cuenta con un censo nacional con cifras oficiales. Sin embargo, estimaciones internacionales sitúan la prevalencia del autismo entre un 1% y un 2% de la población, y algunos estudios en población infantil hablan de cifras cercanas a 1 de cada 50 personas. Además, muchos autistas no están inscritos en el Registro Nacional de la Discapacidad ni cuentan con credencial, por lo que la prevalencia real probablemente es mayor”.

 

¿Prepara otro libro?

“Sí. Actualmente estoy trabajando en nuevos proyectos, entre ellos cuentos infantiles y poemarios. Paralelamente, estoy a la espera de respuesta de editoriales por mi primera novela, un proyecto muy especial para mí. La historia aborda el momento en que una persona adulta recibe su diagnóstico de autismo y todo lo que ese proceso remueve: la revisión del pasado, el cansancio acumulado y el alivio de comenzar a comprenderse. Además, incorpora mensajes y reflexiones de seguidores de mi cuenta de Instagram, aportes reales de adultos autistas que le dan una dimensión colectiva al libro. Creo que es una novela necesaria, porque pone palabras a experiencias poco visibilizadas”.

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