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ENTREVISTA: “Roberto Bolaño le pone el candado a una época”

En La Novela Chilena, Grínor Rojo reúne catorce ensayos sobre novelas chilenas escritas desde mediados del siglo XIX, hasta la actualidad. “Es un recorte subjetivo, extraído de un corpus que tal vez no sea demasiado grande, pero que lo es como para ofrecer opciones que no son iguales a las mías” (Mario Rodríguez Órdenes)

Grínor Rojo de la Rosa es doctor en filosofía por la Universidad de Iowa, Estados Unidos.

El lúcido ensayo de Grínor Rojo, La Novela Chilena (UAH, Ediciones, 2022) es una obra fundamental para comprender la relación de literatura y sociedad. Los ensayos son profundos, remiten a múltiples lecturas y, ciertamente, enriquecen al lector. Reflejan una larga experiencia de un docente y ensayista relevante de la literatura chilena. Cordial, accedió a conversar con Diario Talca, poco después del lanzamiento del libro.

Grínor Rojo de la Rosa (Santiago, 1941), es doctor en filosofía por la Universidad de Iowa, Estados Unidos. Profesor universitario, ensayista, crítico cultural y literario. En Chile ha enseñado en las Universidades de Chile y Austral de Chile. En Estados Unidos, en las de California y en la de Iowa. Ha sido profesor visitante en universidades de Latinoamérica y Estados Unidos. Actualmente ejerce la docencia en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, del que fue director hasta 2010, y es profesor titular de la misma universidad.

Grínor, ¿qué pretensiones tiene esta selección?

El proyecto que me propuse fue el de reunir en este libro un grupo de ensayos, catorce en total, sobre novelas chilenas que, publicadas desde mediados del siglo XIX y hasta hoy, me habían parecido memorables, esto es, catorce ensayos sobre novelas a las que yo atribuí un alto valor y considerando por eso que eran dignas de memoria. Esta memoria mía no es, sin embargo, una selección que tenga aspiraciones de transformarse en un canon, (es decir, la selección de un conjunto de obras representativas de una cultura). Es un recorte subjetivo, extraído de un corpus que tal vez no sea demasiado grande, pero que lo es como para ofrecer opciones que no son iguales a las mías y que en consecuencia tienen perfecto derecho para argumentar su superioridad. Me arrepiento, a propósito de esto, que el libro no traiga mis trabajos acerca de El último grumete de la Baquedano, de Francisco Coloane, y Milico, de José Miguel Varas. Son trabajos que debí incluir y lamento no haberlo hecho. En una más que hipotética segunda edición, acaso tenga oportunidad de corregir este error”.

Inevitablemente una selección es arbitraria, ¿qué criterios usó?

“Mis preferencias tienen que ver, esencialmente, con la relación entre literatura y sociedad a la que apunta el subtítulo. Y no es que yo crea que dicha relación esté presente en algunas novelas y no en otras, y que las que a mí me preocuparon sean aquellas donde sí está presente vis-à-vis aquellas donde no lo está. Pienso, en efecto, que nos vamos a encontrar con este vínculo en cualquier obra de arte, aunque sea por omisión, y que negarse a su existencia o ponerla entre los husserlianos paréntesis cuadrados -como se hacía en mis años de estudiante de literatura-, es una señal de voluntarismo antojadizo si es que no de algo peor. La diferencia no es por lo tanto esencial, sino cuantitativa y cualitativa”.

Entre los escritores seleccionados, ¿hubo alguno con el que haya tenido amistad, que le ha permitido conocer a fondo su mundo creativo?

Relación de amistad personal he tenido durante muchos años con Antonio Skármeta. Más recientemente, con Carlos Franz y Alejandra Costamagna. Con José Donoso conversé algunas veces, pero no se puede decir que esa haya sido una relación de amistad”.

De las catorce novelas elegidas, ¿cuál es su preferida?

Hijo de ladrón, de Manuel Rojas”.

Grínor, señala que nuestra literatura es joven, ¿qué la caracteriza?

“Las literaturas nacionales evolucionan. No en un sentido cualitativo, sino en términos de su constitución como un todo sistemático. Antonio Candido, por ejemplo, estudió para el Brasil la ‘formación’ de la literatura de ese país hasta la aparición de Machado de Assis. Su libro se titula Formação da literatura brasileira (Momentos decisivos) y es de 1959. Con la aparición de Machado, a juicio de Candido, el proceso formativo concluía y el caudal literario se constituía en un sistema de escritura nacional. En el caso chileno, a lo mejor pudiera argumentarse lo mismo poniendo como puntos de quiebre la aparición de Neruda en la poesía y la de Manuel Rojas en la prosa narrativa”.

Precisa que la novela actual comparada a la de la década de los 50´ tiene menos potencia, ¿por qué?

Es fácil: En 1950, estaban vivos y escribiendo en América Latina Gabriela Mistral (1889-1957), Alfonso Reyes (1889-1959), Manuel Rojas (1896-1973), Miguel Ángel Asturias (1899-1974), Jorge Luis Borges (1899-1986), Pablo Neruda (1904-1973), Nicolás Guillén (1902-1989), Alejo Carpentier (1904-1980), João Guimarães Rosa (1908-1967), Juan Carlos Onetti (1909-1994), José Lezama Lima (1910-1976), Pablo Antonio Cuadra (1912-2002), Octavio Paz (1914-1998), Juan Rulfo (1917-1986) y Clarice Lispector (1920-1977). A fines de esa misma década aparecieron las dos primeras novelas de Carlos Fuentes (1928-2012), a las que siguieron en los sesenta las hoy legendarias del boom hispanoamericano, cuyos autores eran el propio Fuentes, Julio Cortázar (1914-1984), Gabriel García Márquez (1927-2014), Mario Vargas Llosa (1936) y José Donoso (1925-1996). Un poco después se les unen Manuel Puig (1932-1990), Guillermo Cabrera Infante, (1929- 2005), Severo Sarduy (1937-1993), Antonio Skármeta (1940- ), Ricardo Piglia (1941-2017), Reinaldo Arenas (1943-1990) y Diamela Eltit (1949- ). En poesía, Nicanor y Violeta Parra (1914-2018 y 1917-1967 respectivamente), Ernesto Cardenal (1925- ), Enrique Lihn (1929-1988), Alejandra Pizarnik (1936-1972), José Emilio Pacheco (1939-2014), Antonio Cisneros (1942-2012) y Raúl Zurita (1950- ) son asimismo figuras de un relieve superior. Eso hasta que llegamos, ya en las postrimerías del siglo XX, a Roberto Bolaño (1953-2003), quien, en un sentido que a mí me parece que excede al de la simple cronología, le pone el candado a una época.

¿Qué queda hoy en pie de todo eso? O, más precisamente: ¿dónde está hoy la literatura de América Latina? Busco, y no encuentro o lo que encuentro no resiste comparación”.

Las novelas seleccionadas en este ensayo, ¿muestran lo más profundo de Chile?

Sí, en mayor o menor medida, según el poder representativo del autor del caso”.

Cuando lee una novela, ¿qué considera?

Está dicho en el prólogo del libro: En primer lugar, la riqueza del mundo representado por la novela en cuestión, riqueza de los personajes, su humanidad profunda, y riqueza del espacio y el tiempo en los cuales ellos existen, un espacio y un tiempo que les ofrecen a las figuras novelescas la posibilidad de expresarse a través de un despliegue de acciones significativas y que apuntan más allá del terreno de lo exclusivamente individual”.

Finalmente precisa: “Una novela publicada en el siglo XVIII o de la primera mitad del siglo XIX, sin monólogo interior, sin flujo de la conciencia, sin una multiplicidad de narradores y, por consiguiente sin grandes cambios en los puntos de vista, ajena además a las manipulaciones del montaje o a las piruetas del lenguaje vanguardista, no tiene por qué ser inferior a otra publicada en el siglo XX que cuenta con y hasta derrocha semejantes mecanismos”.

Creo que las lecturas y diversos encuentros han sido claves de su formación. En ese sentido, ¿por qué fue tan importante su paso por la Universidad de Iowa?

“En la Universidad de Chile estudié por primera vez literatura en serio. Mis profesores fueron Cedomil Goic y Félix Martínez Bonati, por quienes siento un gran respeto porque ambos constituyen un impulso decisivo en la historia de los estudios literarios en nuestro país. Ellos me enseñaron a trabajar. En lowa continué mi formación, tuve también allí grandes maestros, como Edmund de Chasca y Julio Durán Cerda, y allí me doctoré. El resto es el desarrollo personal del oficio a lo largo de cincuenta años de trabajo apasionado”.

Esa cercanía a Jorge Luis Borges, ¿se explica acaso por aquellos poemas que dejan al desnudo la fugacidad de la vida?

“Mi cercanía con Borges, con cuya visión del mundo discrepo, pero a quien admiro de todas maneras, se debe a que Borges es un escritor enorme, uno de los mayores de la lengua”.

Escribió: «Quizás sea este mi último libro». ¿En qué momento de la vida se encuentra?

“Estoy viejo, pero produciendo aún. Los tres volúmenes de La cultura latinoamericana moderna debieran aparecer este año en LOM y tengo listo un segundo libro sobre Borges. Pero, claro, nadie sabe cuándo se le va a cortar la cuerda”.

La Novela Chilena es una obra fundamental para comprender la relación de literatura y sociedad.
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