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ENTREVISTA: “Siempre Chile será un país dividido”

En “1891, Año de Sangre /La guerra entre Balmaceda y el Congreso”, Emiliano Valenzuela profundiza en la lucha por el poder que se dio en el Chile de fines del siglo XIX. Un conflicto que terminó en tragedia con la revolución de 1891 y con el suicidio del presidente Balmaceda (Mario Rodríguez Órdenes)

“A lo largo de los años el mito del presidente Balmaceda ha sido una bandera política para la izquierda”, comenta Emiliano Valenzuela.

Emiliano Valenzuela Castro acaba de publicar una magistral investigación, 1891, Año de Sangre / La guerra entre Balmaceda y el Congreso” (Editorial Universitaria, 2022) donde profundiza en un año crucial de la historia de Chile y en la controvertida figura del expresidente José Manuel Balmaceda. Ameno y sujeto a una rigurosa investigación en diversas fuentes, en sus 656 páginas le toma el pulso a una época. Según Valenzuela, en Balmaceda “no solo convive lo mejor de nuestros valores históricos, sino también lo peor”.

Fueron años difíciles y los previos a la revolución Chile se vio afectado por una severa epidemia de colera.

Emiliano Valenzuela Castro (Santiago,1980) es periodista, escritor y fotógrafo. Estudió periodismo en la Universidad Academia Humanismo Cristiano. Fue columnista de la Nación Domingo y ganador de la beca Pablo Neruda. Entre sus libros destacamos, La generación fusilada (Editorial Universitaria, 2017); Mamá, yo te recuerdo, junto a Consuelo Terra (Reservoir Book, 2021) y Obras Completas de Pedro Sienna (Editorial Universitaria, 2015) en coautoría con Cecilia Pinochet y Francisca Schultz.

Emiliano, ¿cómo surge su interés en el expresidente Balmaceda y la Revolución de 1891?

“Es un interés por ampliar el referente; a lo largo de los años el mito del presidente Balmaceda ha sido una bandera política para la izquierda. Interesado en los motivos de esa versión presidencial tan equiparada con Allende en cuanto a la lucha -contra el imperialismo y la reacción- y al gesto del suicidio es que decidí indagar. Además, este es un libro de actualidad que derivó del estallido social y la imagen colectiva de una sociedad que se levanta en conjunto por una causa; claro, las circunstancias que llevaron a la guerra civil son diferentes a la manifestación popular del 2019, pero persisten en ella ciertas similitudes: los asesinados, la represión, la imagen del presidente atrapado en un laberinto que oscila entre la locura y el desprestigio. La división. También lo que vino después, la cooptación política de ciertos sectores que canalizaron el estallido en sus petitorios y traicionaron el alma misma del movimiento, he ahí una de las razones del triunfo del rechazo. Eso pasó en 1891… Mientras los viejos balmacedistas derrotados se insertaron rápidamente en el sistema político, por debajo y olvidadas quedaron las víctimas de la guerra o los que dieron todo de sí en la lucha y perdieron como siempre han perdido. La derrota política es un tema recurrente en mis obsesiones”.

Pese a no tener una formación de historiador en la academia, ha tenido notables trabajos historiográficos como La Generación fusilada (2017). ¿Cómo ha logrado esta mirada historiográfica?

“Tiene que ver de la tradición política de dónde vengo; fundamentalmente el ser hijo de la derrota política de la Unidad Popular, pero el haber sido criado bajo esos valores. Eso me ha llevado siempre a valorar la historia como un territorio donde habitar con orgullo. Dentro de ese territorio donde la sangre ha caído a caudales siempre me he ubicado como un observador reflexivo a través de los temas que otros pasan por alto, como la historia del nacismo de los años 30 en Chile o la imagen de los muertos en Concón y Placilla. Ahí hay claves para entender quiénes somos y de dónde venimos”.

En el caso de 1891, ¿qué fuentes utilizó?

“De todo; desde novelas de la época hasta diarios privados, periódicos; fue fundamental la digitalización que hizo la Biblioteca del Congreso de una serie de fuentes poco conocidas que fueron escritas desde la folletería por los derrotados en la guerra. Igualmente fue fundamental el haberme encontrado con coleccionistas de objetos y documentos que me aportaron mucho en el camino, entre ello, bitácoras inéditas, fotografías, cartas de visita, medallas, objetos encontrados en el campo de batalla. La configuración del relato se nutrió de todo lo que hubo a mano y apuntó a una construcción democrática de Balmaceda, es decir, la exposición de las diversas versiones que historiográficamente se han manejado y lo han determinado, pero con ingredientes propios que de alguna manera buscan desmitificar lo que hay detrás de la imagen del gran presidente. En esta exposición el lector puede o reforzar la imagen previa o crear una completamente diferente”.

¿Cuál era la situación de Chile en la época previa a la Revolución?

“Debido a los ingresos obtenidos de la expansión territorial –el salitre y sus cuantiosas exportaciones que brindaron al Fisco chileno la capacidad de entablar políticas públicas en base a las directrices de una estructura administrativa impersonal, nueva, dirigida a la construcción de un renovado desarrollo, en que el Estado ocuparía el papel principal– por primera vez, con efectividad y recursos, desde el aparato administrativo se buscó un proyecto modernizador a gran escala. Según Bernardo Subercaseaux: ‘el gobierno se autopercibía como un agente modernizador no solo en el campo político sino también en el campo social y económico’, un catalizador de las amplias demandas de una sociedad cada vez más compleja. El presidente José Manuel Balmaceda –encarnó justamente estos ímpetus desde su llegada al gobierno en 1886; ser el representante de un Estado moderno, que podía imponer las reglas– aspiraba a la creación de un proyecto de país mediante el apoyo de una nueva clase burocrática. No por nada una de las acusaciones más recurrentes desde la oposición fue el haber introducido a la política una caterva de ‘siúticos’, advenedizos o personajes de medio pelo. Este proyecto y sus ejecutores a grandes rasgos se oponía supuestamente a las viejas estructuras de poder tradicionales de la elite chilena”.

¿Cómo reaccionó Balmaceda?

“Desde un primer momento Balmaceda aspiraba a manejar sin grandes escollos, una estructura administrativa que le diera la tranquilidad para levantar su proyecto…Balmaceda se consideraba un hombre de su tiempo. Su trabajo se debía exclusivamente al vigor con que emprendía su proyecto y a quienes eran los beneficiarios de este empeño: los conciudadanos, cuyos deseos pueden condensarse en la instrucción del pueblo y el fomento de la industria nacional, según decía, recubriendo ambos empeños con el apoyo de un vasto programa de obras e instrucción pública (por ejemplo, para el Presidente  la construcción de ferrocarriles significaba en las pequeñas provincias ‘mayor valor en la propiedad, fletes rápidos y baratos, frutos mejores, ahorro de brazos y un anillo más unido que viene formando la estructura económica para el movimiento de la riqueza nacional’. Construir, en resumen, un Chile nuevo, en las puertas del siglo XX”.

¿Cómo se fueron juntando las animosidades que condujeron a la guerra civil?

“A comienzos de 1889 trascendió en el ambiente político, plagado de innumerables rumores y habladurías, contextualizado ya por las ondas divisiones del partido liberal, el nombre del ministro de Obras Públicas, Enrique Salvador Sanfuentes, como el posible sucesor presidencial. El origen de dicha suposición emergió en la gira de Balmaceda por Coquimbo, Antofagasta e Iquique ese año. En su larguísimo transcurso, el presidente dio evidentes muestras de aprecio público y al parecer insinuó demasiado favoritismo entre su comitiva política y las autoridades regionales hacia el representante de la cartera. Esto incluso disgustó a uno de los más conspicuos liberales disidentes, Augusto Matte, quien abandonó la comitiva en medio del viaje y regresó solo a la capital. Al parecer el desaire lo generaron los abundantes homenajes a Sanfuentes en regiones y la solícita actitud hacia él de parte de las autoridades locales…Y así se urdieron situaciones hipotéticas y tramas artificiosas: todo en el plácido encierro de los clubs, en las reuniones sociales y de círculo, en el foco mismo de las malicias, ‘de los intereses lastimados, y de ambiciones personales que como vaso roto yacían en fragmentos por el suelo’”.

¿Qué molestaba en Enrique Salvador Sanfuentes?

“El nombre que resonaba en los círculos políticos significó un fastidio mayor para los opositores; ya por lo anticipado en la proposición, ya porque, según algunos, este supuesto favorito carecía de experiencia en los campos de la política, era un advenedizo, un político improvisado o, incluso, por razones tales como presentarse como el dispensador de favores y negocios en representación del Fisco, o estar asociado, durante el viaje presidencial al norte, a las promesas entusiastas hechas por el Presidente  sin consulta del Congreso. En fin. Los amigos de la víspera eran los enemigos del presente y las divisiones del liberalismo trascendían hacia una red de odiosidades. Tanto el clima contra el gobierno como sus consecuencias –acciones tendientes a limitar su influencia electoral– comenzaban a ocupar un lugar importante en las primeras planas; ya en abril de 1889, a raíz de los rumores levantados por la supuesta candidatura, se hablaba de ‘la omnipotencia presidencial’. La oposición, con su búsqueda de limitaciones al poder presidencial, comenzaba a configurar semánticamente en el imaginario político del país una idea: la dictadura”.

Precisa que «a mediados de junio de 1890 estaba diseñado el conflicto». ¿Cuál fue la controversia fundamental que lo gatillo?

“Tanto por las reacciones provocadas por la eliminación a la supuesta candidatura de Sanfuentes y su consiguiente designación en Interior, el rechazo del voto de censura por el presidente y las inseguridades sobre las lealtades al interior del ejército, ya a mediados de junio de 1890 estaba prácticamente diseñado el conflicto que llevaría a la Guerra Civil. La controversia fundamental estuvo marcada por el tira y afloja en las designaciones ministeriales que representaban el poder del presidente versus el congreso. Detrás de eso estaba la dicotomía presidencialista versus la parlamentaria”.

La personalidad del presidente Balmaceda, ¿agudizó el conflicto?

“Ciertamente; era su personalidad, confundida en su cargo, la que no transaba ante las presiones de un enemigo al que subestimaba. Ese fue su pecado: contestar con carcajadas los alardes opositores y creer ciegamente en la marina y el ejército. Envuelto en sus orgullos y ya sin el concurso del Congreso y por ende sin aprobación de las leyes de presupuesto para 1891, estaba decidido a seguir, paso a paso hasta cruzar el umbral del 31 de diciembre de 1890. Y precipitar sus opciones, o en el triunfo o en la más estrepitosa de las tragedias”.

La política del gobierno de Balmaceda, ¿era un peligro para los intereses de John North, el llamado Rey del Salitre?

“Hay varias razones, pero también mitos, que empujan a pensar en el financiamiento de John North al bando congresista durante la Guerra Civil. Es muy comentado por ejemplo su encuentro con Balmaceda en la visita que hizo a Chile durante 1889. Se ha repetido hasta el cansancio junto a una gran cantidad de presunciones que fue una reunión cuando menos tensa. Ya en los años 30 Roberto Hernández afirmaba: ‘Se dice que Balmaceda recibió al Rey del Salitre con fría cortesía, y en todo caso rehusó el obsequio de un par de magníficos tipos de reproductores –caballos– que aquel le había traído de Inglaterra. Balmaceda le rogó destinarlos para la Quintal Normal; y ahí quedó la pareja de soberbios troncos’. Los regalos de North -que además incluían el cabrestante (y no el mascarón de proa como comúnmente se dice) de la Esmeralda, rescatado de las aguas de Iquique y finamente restaurado- a los que tanto se ha aludido y se sigue aludiendo incluso como intento de soborno del inglés al presidente, según los testimonios de la prensa no fueron un intento de pago indebidos sino obsequios que se traían directamente al Estado. (Opinamos que es cierto que la maleabilidad del mito puede brindarnos en este sentido muchas lecturas)”.

¿Y lo que se refiere a la fría cortesía de Balmaceda con North?

“En cuanto a ‘la fría cortesía’ esta queda desmentida, no tan solo por varios diarios de la época que dieron por exitoso el encuentro, sino por lo poco probable que un hombre con las grandes simpatías de Balmaceda hiciera algún mínimo desaire a una visita extranjera tan importante como lo era North en esos momentos”.

Emiliano, ¿qué consecuencias dejó la Guerra Civil de 1891?

“Sostenemos que las profundas divisiones generadas por la Guerra Civil, al contrario de lo que afirman algunos, no se borraron en poco tiempo. Esta es una posición que conlleva hondos matices, y que ha sido tratada constantemente solo en términos generales en varios trabajos. El amplio contexto posterior es juzgado de modo muy somero en base únicamente a la inclusión del Partido Liberal Democrático o Partido Balmacedista en el sistema político, fundado apenas dos años después de terminada la Guerra Civil y con abundante representación parlamentaria ya tras los comicios de marzo de 1894. En este sentido, se ha hablado de rencores que quedaron olvidados. Sostenemos que no. Como en la última transición a la democracia en la década del 90, la autorregulación del sistema político dio prueba de su funcionamiento, quizás más apresuradamente en el caso del 91, ya que las relaciones íntimas y de parentescos que cruzaban al vecindario político chileno lo demandaron con más imperiosa prontitud. Además, el juego político tradicional que muchos revolucionarios tuvieron el ingenuo proyecto de purgar de la política con el triunfo sobre Balmaceda, pronto resurgió sin variaciones debido a la próxima realización de elecciones presidenciales (1896) en abierta competencia entre partidos y sin intervención gubernativa…”.

¿Qué explica la ferocidad alcanzada en Con Con y Placilla?

“Es algo en la personalidad chilena; la guerra civil saca lo peor de nosotros; y es que ese sentimiento radica en el hecho de conocernos unos a otros y nuestras almas, lo que nos daña y destruye. La guerra civil fue más sangrienta que la Guerra del Pacífico ya que dentro de las comunidades que estrechamente sostienen vínculos de hermandad o de vecindario como la chilena, hay rencores ocultos. Lo que se conoce como violencia íntima y que trasciende a la política o las aparentes causas del conflicto. Hay deseos que juegan su papel en todo. Venganzas inmisericordes que ocupan un repertorio de recursos brutales”.

Escribe: «Esta historia de guerra es como todas las historias de guerra desgarradora e infame. Está llena de traiciones, veleidades y muertos». Esa fórmula de resolver los conflictos a través de la violencia, ¿acaso no la podemos resolver?

“No. Como dije, siempre Chile será un país dividido por las circunstancias y el rencor por la sangre caída. Eso siempre reflotará en circunstancias de convulsión”.

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