Arturo Fontaine en “Y entonces Teresa”, se sumerge en la trágica vida de Teresa Wilms, feminista, pero atrapada por las coordenadas de la vida que le tocó vivir. “Teresa fue castigada como escritora. Pero en su interior no se doblegó”, precisa Fontaine (por Mario Rodríguez Órdenes)

Arturo Fontaine Talavera (Santiago, 1952) es un novelista, poeta y ensayista. Una de las figuras de la nueva narrativa chilena de los años 90’. En “Y entonces Teresa” (Catalonia, 2024) narra la trágica vida de Teresa Wilms (1893 – 1921).
Casada con Gustavo Balmaceda Valdés y con dos hijas, tuvo amores apasionados con “Vicho” Balmaceda (1885 – 1921). Fue encerrada en el convento de La Preciosa Sangre, del cual escapó. Viajó a Buenos Aires acompañada por Vicente Huidobro, y vivió en Madrid y París, donde se suicidó. Tenía 28 años. Publicó libros de poesía.
Esta novela ahonda en ese amor que escandalizó y marcó destinos. La escritora y antropóloga Sonia Montecino ha señalado: “En esta novela habla una época, una mujer y un deseo. Es la trama de una pulsión de ruptura que encuentra cauce en la liberación femenina, pero cuyo corolario es la pérdida y el sacrificio. Metáfora de la rebelión que no produce sino muerte, del amor que languidece en la enfermedad y la adicción, de la literatura femenina y de la maternidad castigada en función de la reproducción de un cierto orden social”.
Arturo Fontaine Talavera (Santiago, 1952) es un novelista, poeta y ensayista, considerado uno de los referentes de la nueva narrativa chilena de los 90’. Y un referente de la intelectualidad chilena. Entre sus libros destacamos “Oír su voz” (1992), “Cuando éramos inmortales” (1998), “La vida doble” (2010) y “La pregunta por el régimen político. Conversaciones chilenas” (2021), textos que profundizan en la sociedad chilena.
Desde el Centro de Estudios Públicos (CEP) durante largos años fue un faro para afianzar el diálogo y comprender lo que sucede en la sociedad chilena. En la actualidad, Fontaine es profesor del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y de la Universidad Adolfo Ibáñez.
Arturo, Teresa Wilms es considerada una precursora del feminismo en Chile. ¿Qué vigencia tienen sus relatos?
“La trágica historia de Teresa Wilms ha sido una fuente de inspiración para el feminismo. Y con razón. El feminismo más radical de esos tiempos lo encarna Belén de Sárraga, conferencista española, uno de los personajes del libro. Teresa, en la novela, argumenta en su favor. De los escritos de Teresa a mí lo que me ha conmovido de veras es su diario”.
Pese a su belleza e inteligencia, no respetar el mundo conservador de la época le significó a Teresa un gran quiebre en su vida. ¿Cómo fue castigada socialmente su relación amorosa, con el primo de su esposo, Vicente “Vicho” Balmaceda?
“Fue encerrada en un convento. El castigo fue por ser una madre adúltera y por las cartas que escribió a su amante. Como se cuenta en la novela esas cartas íntimas causaron gran escándalo. Dice su suegra en la novela que eran cartas ’lascivas’. Teresa fue castigada como escritora. Pero en su interior no se doblegó”.
¿Su encierro en el Convento Preciosa Sangre era un castigo común para las mujeres de la época?
“No, en absoluto. ‘Y entonces Teresa’ cuenta cómo se tomó esa decisión. El cruel castigo fue posible porque ella estaba siendo extorsionada. Ni sus padres ni sus suegros ni, menos, su marido, la acogieron en sus casas. Su única opción real era irse a vivir con Vicho. Por motivos que se narran en la novela ella se resiste a esa idea a la espera del divorcio”.
¿Cuánto tiempo estuvo recluida?
“Algo de seis meses”.
¿Qué circunstancias le permiten escapar?
“Escapa —dejemos a tus lectores con la curiosidad a ver si leen la novela— y viaja a Buenos Aires acompañada del poeta Vicente Huidobro. Eran amigos y siguieron siendo amigos. Nunca hubo un vínculo sentimental entre ellos. Cuando Teresa murió Huidobro escribió páginas impresionantes que dan fe de su admiración por ella”.
¿Volvió a residir en Chile?
“Nunca volvió. Se suicidó a los 28 años en París”.
Arturo, usted conoce esta historia desde muy joven, por conversaciones que sostuvo con su abuela Valentina. ¿Cómo lo impactaron esas conversaciones?
“Todo empezó para mí cuando mi abuela me contaba esta historia. Ella era prima del marido de Teresa, amiga suya y había pololeado —diríamos hoy— con Vicho (antes de Teresa). De joven había sido amiga de Jorge Cuevas, «Cuevitas», y de Joaquín Edwards Bello, que era muy amigo de su hermano. Gozaba recordando esos años. Yo la oía y sentía su entusiasmo al revivir ese tiempo pasado. Yo no tenía 18 todavía. Los personajes de la novela brotaron de los relatos que le oí entonces”.
¿Qué tiempo necesitó para que se fuera convirtiendo en novela?
“Mucho. Demasiado. En algún momento me puse a escribir. Escribo experimentando, tanteando. Quería que estuviera contada desde lo que oí y contada a mi manera. En la novela se combinan varios narradores. Era una necesidad que surgía de la trama. Por ejemplo: quería hablar desde el interior de Teresa enamoradísima y también desde el interior del marido engañado y humillado. Quería dar con un lenguaje y un ritmo de fraseo, una cierta musicalidad, que evocara una época perdida”.
¿Qué importancia tuvieron las conversaciones sostenidas con Olga Balmaceda Valdés, hermana menor del marido de Teresa?
“Ella fue una de las primeras mujeres periodistas. Obtuvo el premio Lenka Franulic. Fue testigo de momentos cruciales: cuando se descubre el adulterio, Teresa se aloja en su dormitorio y pasa a ser su confidente. Mis conversaciones con ella fueron muy clarificadoras. Cuando, muchos años después, empecé a escribir tenía en la memoria su relato. Y en esta novela me propuse no alterar los hechos mismos. Imaginé las escenas de esta ficción a partir de ellos, buscando explicaciones, considerando conjeturas, experimentando con posibilidades que pudieran dar sentido. Fue un ejercicio de creación con los materiales de la realidad”.
¿Cómo fue la experiencia de la revisión de la prensa de la época, en la Biblioteca Nacional?
“No se puede intentar comprender lo que pasó sin imaginar el contexto histórico en el que se movían los personajes y que condicionaba su conducta. Además, Vicho llega a Iquique —donde viven Teresa y Gustavo, su marido— como parte del equipo de campaña del candidato a senador Arturo Alessandri. Es una campaña muy turbulenta, hay mucha corrupción en Iquique de tiempos del salitre. Surgen las mancomunales que originan el movimiento sindical, operan grupos anarquistas y grupos ultraconservadores que se disputan la calle. Se produce incluso un crimen político. Aparece el feminismo. Y estamos en la Primera Guerra Mundial. Una batalla naval clave para el control de los mares se libra en Chile, cerca del puerto de Coronel. Así, la época entra en la novela. Hay también momentos de humor: por ejemplo, los avisos de los diarios de ese tiempo que reproduje en la novela. Son muy divertidos leídos hoy. A la vez, son reveladores. Entonces, por un lado, estamos en un mundo que se fue y nos es ajeno, y, por otra, nos reconocemos en esos seres humanos”.
¿Por qué fuero tan importantes para la escritura del libro, los escritos de Joaquín Edwards Bello?
“Es el gran cronista de esos años. Sus retratos me ayudaron mucho a ir delineando a varios personajes de la novela: Vicho, Adèle, Cuevitas… Y su imagen de Vicho era muy parecida a lo que de él me decía mi abuela. Eso me dio más convicción para narrar esta historia que, al fin, es una historia de amor. Algunos parecen creer que este tipo de amor arrasador lo inventó el romanticismo. Pero ya está en Safo, siete siglos antes de Cristo y en el Cantar de los Cantares. ¿Qué nos dice hoy un amor así? Porque esa es la cuestión”.
Por la ausencia de sus hijas, ¿considera que Teresa fue una mujer muy sola?
“Sí. Sufrió horrores por la separación de sus dos hijitas. Pero en París, durante un tiempo, las veía con regularidad. Sus suegros con las niñitas estaban allá. El suegro tenía un puesto diplomático. Eso no duró mucho”.
¿No hubo algún entorno que la cobijara?
“Era una mujer de extraordinario carisma, inteligencia y talento. Su belleza era acojonante. En Madrid fue amiga de Valle Inclán y otros escritores. En París también tuvo amigos artistas. Publicó varios libros. Pero la tristeza la carcomía por dentro. Y no digo más porque no quiero estropear la lectura de la novela”.
Habiendo tenido algunos intentos anteriores de suicidio. ¿Tiene antecedentes si tuvo algún tratamiento?
“No, no sé que haya sido tratada formalmente. Esto ocurre a comienzos del siglo pasado”.
¿Qué opinión tiene del filme Teresa de Tatiana Gabiola?
“Es un buen film. Blanca Lewin hace un buen papel como Teresa. Y contribuyó a poner su vida en el radar”.
Arturo, por último, ¿en qué proyecto trabaja ahora?
“Dejemos esta respuesta pendiente. Prefiero no hablar de lo que estoy escribiendo. Me inhibe”.