“La vidriera irrespetuosa”, de Antonio Rojas Gómez, es una cuidada antología del cuento chileno. “No es una antología de los cuentos que más le gustan o han impresionado mejor al antologador”, precisa Rojas (por Mario Rodríguez Órdenes)

Escribir una antología siempre es riesgoso. Hay quejas varias. Que falta este autor; que este otro no merece ser publicado. La larga experiencia de Antonio Rojas Gómez le permite superar esos escollos. En “La vidriera irrespetuosa / Antología de cuentos chilenos de ayer y hoy” (Editorial Forja, 2025) alcanza equilibrio.
Según Cristian Montes Capó, doctor en literatura: “Leer ‘La vidriera irrespetuosa’ deviene experiencia gratificante en varios sentidos. Uno de los principales es, a mi parecer, constatar que hemos incorporado a nuestra subjetividad lectora distintas perspectivas ante determinados temas que definen parte sustancial de la historia humana y de quienes la han hecho posible.
El goce de la lectura se condice aquí con el poder constatar cómo la escritura y los temas que esta inscribe en sus universos ficcionales nos dan cuenta del dinamismo de la literatura y de su capacidad para representar la realidad, los contextos sociales y sus transformaciones”.
Antonio Rojas Gómez nació en Santiago en 1942. Es un destacado escritor y periodista. En su largo currículum fue editor nacional y de redacción en el diario Las Últimas Noticias y crítico literario de El Mercurio de Valparaíso.
En su vasta obra destacamos: El huésped del invierno (novela, 1982), El puñal de piedra (novela, 1986) y El ojo de nadie (novela, 2001).
Entre los numerosos premios obtenidos destacan el Pedro de Oña de novela, Gabriela Mistral de cuento y de novela. Ha sido distinguido como escritor y periodista destacado por la Universidad del Pacífico y por el Consejo Mundial de Educación.
“El ejercicio crítico realizado por Antonio Rojas Gómez, implica un refinado trabajo interpretativo, cuyo campo de acción entra en consonancia con algunas reflexiones de Hans Georg Gadamer, quien en su libro ‘Verdad y método’ establece ciertos pasos que posibilitan acceder a la identidad hermenéutica de una obra literaria. Según el filósofo alemán, cada vez que leemos una obra literaria del pasado accedemos al horizonte histórico (temporal, espacial, cultural, político, etcétera) al que esta pertenece. Al mismo tiempo, el contexto, (temporal, espacial, cultural, político, etcétera) en que nos situamos como lectores, configura a su vez otro horizonte histórico. Sin embargo, según afirma el filósofo alemán, no se trata de dos horizontes históricos sino solo de uno solo. Esto se debe a que en el acto de recepción de un texto el horizonte de la obra se movilizará hacia el horizonte histórico del lector y viceversa, en una circularidad hermenéutica en el que se produce el fenómeno de la comprensión del texto”, precisa Cristián Montés Capó, doctor en literatura y profesor de literatura de la Universidad de Chile.
Antonio, usted ejerce el periodismo desde la década de los 60′. Tiene una fecunda vinculación con diarios y revistas. ¿Cómo fue el proceso de convertirse en escritor?
“Lo cierto, Mario, es que fui escritor antes que periodista. Desde que aprendí las letras a los cinco años, gracias a mi abuela Pilar Marcos, nunca dejé de leer cuanto libro se ponía a mi alcance y de escribir mis propios textos. Fue mucho más tarde cuando opté por el periodismo como una carrera para ganarme la vida de manera más entretenida que otras, como el Derecho o las Ciencias Políticas”.
En sus años de formación en el Instituto Nacional, ¿qué fue clave para afianzar ese camino?
“Para mí fue clave la Academia de Letras Castellanas del Instituto Nacional (ALCIN) de la que tuve el honor de ser secretario bajo la presidencia de mi compañero, el poeta Manuel Silva. Allí recibimos lecciones que no se entregaban en otras aulas, gracias al profesor don Ernesto Boero Lillo”.
¿Tuvo la experiencia de participar en talleres literarios?
“Después, tardíamente, cuando publiqué mi primer libro, a los cuarenta años, conocí a escritores de mi generación: Poli Délano, Fernando Jerez, Roberto Rivera, Francisco Rivas, Ramiro Rivas, y otros con quienes compartí una interesante vida cultural y creativa. Pero nunca fui alumno de ningún taller literario”.
¿Qué lo inclina por el género cuento?
“Siempre, desde niño, fui escritor tanto de cuentos como de novelas, que son también los géneros que más disfruto al leer”.
Entre los escritores chilenos ¿qué cuentistas para usted son una referencia obligada?
“Hay muchos de ayer y de hoy. Cada escritor aporta su propia visión, una manera única de apreciar la vida, que constituye una lección diferente para cada lector atento”.
Antonio, ¿cómo surge la escritura de “La vidriera irrespetuosa”?
“Surge de mis lecturas, al darme cuenta de que muchos autores son impresionados por temas similares que abordan desde su propia vitalidad. Y así, sus cuentos resultan similares pero distintos, porque para cada ser humano la vida es única e irrepetible por muy similares que sean los motivos que desencadenan el quehacer de cada uno. El chispazo inicial brotó mientras leía el cuento de Roberto Rivera ‘Santos de mi devoción’ y capté que era lo mismo que había escrito un siglo antes Rafael Maluenda en ‘La Pachacha’. Entonces comencé a hacer el ejercicio de comparar relatos escritos con muchos años de distancia entre sí, pero con similares detonantes. Lo demás, fue buscar. Pero no todos están al alcance porque las obras de arte no pertenecen a todas las personas a quienes van dirigidas, sino a los descendientes de sus creadores. Creo que ese es un tema sobre el que habría mucho que conversar”.
¿Cómo fue la incorporación de escritores de provincia, del Maule, por ejemplo?
“Todos los escritores son creadores de vida, no importa de donde vengan. Para mí no hay diferencias entre un creador del campo o de la ciudad, del mar o de la cordillera. Lo importante es que sea original y despierte sentimientos en el lector”.
¿Algún relato que le habría gustado incorporar y que simplemente olvidó?
“Hay algunos, pero como ya dije, no están disponibles. Lo que sí conviene expresar es que esta no es una antología de los cuentos que más le gustan o han impresionado mejor al antologador”.
Antonio, ¿cómo cultivó su pasión por la lectura?
“Leyendo”.
También fue crítico de El Mercurio de Valparaíso. ¿Ese ejercicio le sirvió para agudizar el ojo en los relatos?
“Si, todo lo que he hecho en cuanto a escritura, se trate, del periodismo o de la literatura, es un aprendizaje que nunca termina. Así es que sigo aprendiendo cada día”.
Algunos relatos suyos fueron adquiridos por la prestigiosa editorial Gallimard, de Francia. ¿Qué le significó ese reconocimiento?
“Nunca supe si la novela ‘El huésped del invierno’ fue publicada en Francia. Sí recibí un avance muy sustancioso en dinero por el contrato, cosa que en Chile no ocurre. En el momento en que esto sucedió, me sentí muy satisfecho, como cualquier escritor al que una editorial de nivel mundial le muestra interés por alguno de sus libros”.
¿Piensa trabajar en una próxima antología?
“Tengo muy avanzada una antología sobre ochocientos años de poesía en castellano, desde el Mío Cid hasta Pablo Neruda”.









