9 C
Talca
InicioCrónicaEntrevista: “Uno tiene frente a sus ojos un panorama desgarrador”

Entrevista: “Uno tiene frente a sus ojos un panorama desgarrador”

Desolador documento, “Sumario sobre vejámenes inferidos a indígenas de Tierra del Fuego (1895 – 1904)” muestra en grado extremo la crueldad de la naturaleza humana. “Su lectura me conmovió profundamente”, precisa la doctora en historia Leonor Riesco (por Mario Rodríguez Órdenes)

“Los hechos que ocurrieron y los daños que se causaron son irreversibles”, argumenta Leonor Riesco respecto a los vejámenes inferidos a indígenas de Tierra del Fuego.

En el Archivo Histórico Nacional de Chile, en Santiago, se encuentra un desolador Sumario sobre vejámenes inferidos a indígenas de Tierra del Fuego (1895 – 1904). Muestra una brutal práctica genocida contra el pueblo Selk’nam, por años silenciada o tergiversada. Solo la rigurosidad y el coraje de algunos investigadores mostró la vida y el ocaso del pueblo Selk’nam.

Es el caso de la antropóloga Anne Chapman, que dedicó su vida a comprender ese mundo y en 1986 escribió “Los selk’nam: la vida de los onas”. Recientemente la doctora en historia, Leonor Riesco Tagle, en virtud de un proyecto de la Subdirección del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, tuvo acceso a este estremecedor documento.

La pieza documental está bajo el resguardo del Archivo Nacional de Chile y es de acceso abierto, estando también digitalizado para un conocimiento masivo desde cualquier parte del mundo.

Leonor, ¿cómo le impactó la lectura de este documento?

“Su lectura me conmovió profundamente, tanto por las circunstancias en que fue instruido el Sumario, como por la crudeza del relato de los testigos. Si a esto se añade la lectura de los periódicos de la época y las descripciones que contienen de estos hechos, uno tiene frente a sus ojos un panorama desgarrador. A pesar de esto, también vi en el Sumario una oportunidad. Es una valiosa fuente histórica que probablemente no muchos conocen, y que nos puede ayudar a llenar los vacíos y comprender más a cabalidad este lamentable episodio de la historia fueguina”.

Hechos similares contra los Selk’nam son de larga data. ¿Por qué la acusación divulgada en un diario capitalino causó tanta conmoción en 1895?

“Efectivamente, ya a fines de la década de 1870 se sabe de encuentros armados entre hombres ‘blancos’ y los habitantes originarios de Tierra del Fuego, desencadenados con la abrupta ocupación del Estado chileno en esa época. La prensa local ya llevaba algún tiempo denunciando estos abusos y matanzas; sin embargo, las noticias no llegaban a la capital porque el oficial de correos de Punta Arenas intervenía la correspondencia –hecho que también queda relatado en el Sumario-. Una de esas noticias pudo sortear el control y llegar a Santiago. Con la publicación de los anónimos en El Chileno, los rumores que llegaban como ecos difusos, casi míticos, de esas lejanas tierras australes tomaron cuerpo: ésta fue la primera acusación que se hizo en un diario capitalino de manera directa, sobre hechos concretos y responsabilizando a autoridades puntuales, el gobernador de Magallanes y su supuesta connivencia con Leoncio Rodríguez, su pariente y Ministro de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, y con otros empresarios importantes de la región”.

¿Qué explica que haya sido tan nefasta la colonización en la Isla Grande de Tierra del Fuego sobre los Selk’nam?

“A mi entender, el primer factor y el más decidor, fue la ausencia prácticamente absoluta de la autoridad central en la provincia de Magallanes y, sobre todo, en Tierra del Fuego. Su interés se circunscribió únicamente a la cuestión de límites con el país vecino, dejando en manos de la gobernación local todas las demás gestiones relativas a la inmigración y ocupación territorial. La figura del gobernador fue reuniendo amplias facultades sin existir un contrapeso. En Magallanes tampoco existía un juzgado (fue creado recién en 1892), por lo que las cuestiones se zanjaban a merced de la voluntad del gobernador y los litigantes, o bien debían iniciar un proceso en Valparaíso, bajo cuya jurisdicción se hallaba la provincia. La presencia policial en la isla grande fue inexistente, lo que, sumado a la falta de un sistema judicial, aseguró la impunidad prácticamente ante cualquier delito. Por otro lado, las garantías que aseguraba la Constitución sobre la propiedad privada y la igualdad de los chilenos ante la ley omitieron sin ningún escrúpulo a los primeros habitantes del archipiélago e isla grande de Tierra del Fuego, quedando éstos sin amparo ante los nuevos colonos. La ambición de los aventureros, buscadores de oro, comerciantes y estancieros no conoció límites”.

Leonor, los testimonios contenidos en el sumario ponen de manifiesto la mentalidad occidental hegemónica. Desde esta perspectiva ¿cómo se consideraba a los selk’nam?

“Existía un consenso indiscutido sobre la ‘barbaridad’ de los indígenas de estas tierras, lo que suponía una condición inferior a la del hombre ‘blanco’ y civilizado. Los fueguinos en general –selk’nam incluidos- fueron objeto de curiosidad científica, principalmente por su complexión, y en nombre de la ciencia fueron llevados a Europa para exhibirlos y analizarlos como objeto de estudio. Siempre desde esta concepción de superioridad frente a ellos, hubo viajeros itinerantes, mineros y aventureros ávidos de riquezas que los persiguieron y mataron a sangre fría en Tierra del Fuego por el simple hecho de estorbar en sus caminos. Otros inmigrantes, como los estancieros y los que tuvieron un proyecto de permanencia más definitiva en el territorio, manifestaron una indiferencia absoluta sobre su destino y propiciaron su desplazamiento forzado hacia el interior de la isla. Muchos de ellos fueron cómplices de las persecuciones y matanzas que llevaron a cabo sus empleados. También hubo quienes quisieron resguardarlos de esta fatalidad, llevándolos a reducciones o misiones (las anglicanas en Ushuaia y las católicas en Río Grande y Dawson) para evangelizarlos y enseñarles las usanzas de la cultura occidental. En este caso, si bien el propósito era caritativo, la convivencia implicó el contagio de enfermedades –principalmente tuberculosis, pulmonía y tos convulsiva- nuevas para el organismo selk’nam e imposibles de soportar”.

¿Quiénes eran los selk’nam que aparecen en el sumario de 1895 – 1904?

“Se trató de un grupo de 165 selk’nam compuesto por hombres, mujeres y niños de distintas edades que merodeaban la zona en busca de comida”.

¿De qué cargos se les acusaba?

“No hubo cargos judiciales contra los selk’nam sino contra sus captores, que eran empleados del empresario y ganadero Moritz Braun. Y los argumentos que estos últimos dieron para justificar la aprehensión de los selk’nam, fue que se hallaban en los terrenos de la estancia San Sebastián (de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego) cortando el alambrado de las cercas para robar ovejas”.

¿Por qué no fueron llevados a la colonia que tenían los salesianos en Dawson, como era habitual y se prefirió llevarlos a Punta Arenas?

“Por decisión del gobernador de Magallanes, Manuel Señoret. Éste sostenía que la mejor solución era repartir a los pequeños indígenas entre las familias de Punta Arenas, para que aprendieran desde temprano las usanzas de la cultura occidental mediante la convivencia. A los mayores les esperaba un destino mucho menos afortunado: el trabajo forzoso o bien la muerte. Tal como señaló en 1894 El Magallanes (periódico fundado por el mismo gobernador), no quedaba más que hacer ‘una campaña de exterminio contra los indios adultos’, pues ya tenían sus costumbres ‘bárbaras’ demasiado arraigadas. Hubo muchos rumores que apuntaban a su hostilidad contra los salesianos y que habría motivado esta decisión. Él mismo indicó en su periódico en 1894: ‘hay circunstancias en que la Cruz no produce efecto; adóptese, pues, la espada y el rifle, pero es preciso concluir con esto’; y dos años más tarde acusó en su Memoria que las misiones no servían más que para incentivar la ‘vida monacal’”.

¿Cuál era la concepción de los salesianos que permitía proteger a los selk’nam?

“El principio cardinal fue, como en otras misiones religiosas, el de la evangelización. Educar a los indígenas en la religión cristiana e inculcarles los valores que ésta, como parte de la civilización occidental, predicaba y estimaba positivos. Pero también los movió el deseo de proteger a todas las comunidades indígenas (no solo selk’nam) que habitaban la gran isla y el archipiélago del peligro evidente que corrían con los inmigrantes que se iban instalando y cercando los terrenos para sus estancias ganaderas”.

¿Cómo se registró lo que habían vivido los selk’nan mencionados en el Sumario, siendo que no hablaban español?

“Ésta es una de las situaciones más increíbles del proceso sumarial: siendo las víctimas de los hechos que ahora se investigaban, los selk’nam llevados a Punta Arenas jamás fueron interrogados. La comisión encargada de repartir a los pequeños indígenas entre algunas familias de la ciudad, aseguraron tener una comunicación fluida con los padres de éstos, gracias a la mediación de Covadonga (o ‘la Chonga’), una selk’nam que había sido educada desde su infancia en la casa del colono Rudolf Stubenrauch. Pero su trabajo fue extrajudicial, pues en todo el curso del sumario no se le llamó a ella ni a ningún otro intérprete de la lengua selk’nam, sino solamente para los declarantes de habla anglosajona. Pese a la insistencia del párroco, el salesiano Maggiorino Borgatello, quien incluso presentó a dos selk’nam que conocían bien el español y que podían ayudar con la traducción, el gobernador y el juez de letras hicieron caso omiso. La vivencia de los selk’nam sólo quedó registrada por la versión de unos pocos testigos que declararon en su defensa”.

¿Quiénes fueron sus principales defensores durante el sumario?

“Hubo religiosos y civiles que los defendieron, aunque en un número bastante pequeño. Algunos lo hicieron de forma anónima, como la publicación en El Chileno que dio origen al proceso sumarial. Otros fueron vecinos de Punta Arenas que declararon como testigos ante el juez letrado de la provincia, Waldo Seguel, y acusaron los abusos que habían visto con sus propios ojos. Por último, los salesianos, y en particular Maggiorino Borgatello y José Fagnano”.

¿Cómo reaccionó la sociedad civil de la zona?

“Las declaraciones del sumario revelan una divergencia bien evidente en la postura de los habitantes de la provincia. Muchos vecinos de Punta Arenas se vieron beneficiados con la repartición de pequeños selk’nam para el servicio doméstico, y no manifestaron ningún escrúpulo a la hora de admitirlo en sus testificaciones. Incluso hubo quienes expresaron su molestia ante el juez, diciendo que la distribución había sido arbitraria y que había beneficiado solamente al círculo íntimo del gobernador, mientras que el resto de los vecinos habían sido excluidos de tal ‘premio’. Varios más hicieron hincapié en el escándalo moral que había provocado el gobernador al traer a los indígenas a vivir a la ciudad, pues se paseaban semidesnudos y muchos de ellos embriagados de alcohol. Tampoco faltó quien se aprovechó de la situación para abusar de las mujeres selk’nam en plena vía pública. Otros alzaron la voz indignados e hicieron cuanto pudieron para que estos abusos, permitidos e incluso propiciados por la autoridad local y otros funcionarios, llegaran a oídos de las autoridades del Parlamento y el gobierno central”.

¿En qué terminó el sumario y por qué hubo tanta demora en conocerse el veredicto?

“El sumario se cerró en 1904 con el sobreseimiento definitivo de los cinco principales inculpados (Alexander Cameron, Kenneth McLeod, Matías Madzen, Gregorio Prado y Jacob Nielsen). La resolución se había tomado en 1897, pero por una razón inexplicable, la sentencia definitiva fue dada siete años más tarde. El juez reconoció los atropellos cometidos contra los selk’nam, pero al mismo tiempo los excusó como resultado de una falta de presencia policial en la isla y de un sistema judicial insuficiente. En general, todas las acusaciones que fueron surgiendo en torno a estos abusos, persecuciones y matanzas, toparon con el mismo inconveniente: la falta de evidencias. Todo era de oídas, rumores imposibles de comprobar fehacientemente ante el juzgado. Moritz Braun, empleador de los cinco inculpados, compareció ante el juez en dos ocasiones, pero no hubo pruebas que confirmaran su participación en esos hechos o en otros delitos de esta índole. Sus argumentos para demostrar su inocencia fueron la orden dada por el gobernador Manuel Señoret en 1895 para no llevar a los capturados a la misión salesiana sino a Punta Arenas; y los registros de los salesianos sobre las remesas de selk’nam que Braun enviaba desde marzo de ese año a Dawson, cumpliendo con el acuerdo pactado entre la congregación pía y la Sociedad Explotadora. Una de las cosas más insólitas de todo este proceso sumarial, es que el gobernador Señoret nunca fue llamado a testificar, aun cuando la voz pública lo señalaba como el primer responsable. Su voz aparece únicamente a través de una epístola, en la que se excusaba de no poder acceder a la solicitud salesiana de conseguir intérpretes, porque, según él, no había nadie calificado en la ciudad para realizar esa labor”.

¿Hubo condenas contra los autores de los vejámenes?, ¿qué resolvió el juez?

“No hubo condenas porque la sentencia definitiva sobreseyó el caso sin declarar culpables”.

¿Cuál fue el destino de los selk’ nam involucrados?

“Los menores fueron repartidos entre los vecinos de Punta Arenas. Se estima que había cerca de 24 infantes menores de un año y 46 niños de entre uno y quince años. Otros fueron destinados a trabajos en los aserraderos, y muchos fueron muriendo por las enfermedades y las pésimas condiciones en que los abandonaron en un galpón en la ciudad. Sólo un pequeño grupo fue remitido a la misión salesiana en Dawson, ante las presiones contra la medida del gobernador”.

¿Qué impone al Chile de hoy el genocidio contra los selk’ nam?

“Una deuda social e histórica. Los hechos que ocurrieron y los daños que se causaron son irreversibles. Pero podemos contribuir con humildad y desde nuestro lugar en la sociedad con algunos actos concretos. Por ejemplo, enseñando a nuestros niños y jóvenes la historia de Tierra del Fuego, las etnias y las culturas que fueron conformando su identidad, y los lamentables sucesos que propiciaron su extinción. Para hacer juicios objetivos de los sucesos históricos, debemos conocerlos y sobre todo comprenderlos dentro de su contexto, con sociedades y mentalidades distintas a las nuestras. Esto mismo nos lleva a una segunda acción concreta, y que tiene que ver con nuestra relación como sociedad y nuestra postura ante los procesos migratorios. Puede decirse que el encuentro entre distintas culturas siempre, históricamente, ha producido ciertas incomodidades y ha precisado ciertos ajustes. La clave está en cómo los manejamos. Ése es nuestro desafío hoy”.

GALERÍA DE FOTOS

El sumario está bajo el resguardo del Archivo Nacional de Chile y es de acceso abierto.

Con la publicación de los anónimos en El Chileno, los rumores que llegaban como ecos difusos, casi míticos, de esas lejanas tierras australes tomaron cuerpo.
Mantente Informado
17,144FansMe gusta
7,426SeguidoresSeguir
2,501SeguidoresSeguir
1,130SuscriptoresSuscribirte
Noticias Relacionadas