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ESCOGIENDO AL MENOS MALO por Juan Carlos Pérez de La Maza

Es posible que el Lector haya vist¿, al menos unos pasajes, del debate sostenido entre los dos candidatos a la Presidencia norteamericana. De ser así, probablemente su opinión no debiera diferir mucho de la mía y de la de los millones de personas que observaron el enfrentamiento entre el actual Mandatario, Joe Biden, y su predecesor Donald Trump.

El debate en cuestión debiera ser definido por lo que no fue: un contraste de ideas, una exposición de propuestas y una discusión sólidamente argumentada. Poco de eso pudo observarse la noche del jueves último. Si el Lector y los millones de espectadores de todo el mundo esperaban algo así, probablemente quedaron decepcionados. Claro que el desencanto debe haber sido mayor todavía entre los que votan, esos millones de ciudadanos norteamericanos que, en noviembre, habrán de decidir quién les gobernará por los próximos 4 años.

¿A quién escogería Ud., si fuera un hipotético votante norteamericano? A la luz del debate comentado, ¿alguno de los candidatos consiguió encantarle o, al menos, atraerle tibiamente? ¿Hubo alguna declaración, alguna idea o propuesta de esas que motivan el apoyo e impulsan a marcar la preferencia electoral? ¿Sintió Ud. respecto de alguno de los contendientes un momento de empatía, de adhesión o de apoyo? ¿El debate le provocó alguna envidia, le motivó a comentar “eso es lo que necesitamos acá”? Le confieso que, al menos a mí y a muchos a lo largo y ancho del mundo, el debate sólo provocó desazón y una tremenda aprensión ante aquel que estará al mando de la primera potencia mundial y cuyas decisiones superarán largamente la esfera local, influyendo en el devenir internacional. Lo visto el jueves fue, sobre todo, una pugna entre personas que se guardan un particular encono. Trump, por haber sido derrotado (con buenas o malas artes) por Biden.  Y este, por tener que soportar del primero la crítica implacable y las acusaciones (con razones o sin ellas) constantes de estar haciendo un mal gobierno.

¿Cuáles fueron los temas principales del debate? Habría que distinguir entre lo debatido explícitamente, de lo que se pudo inferir del lenguaje no verbal, de la actitud y de la apariencia de cada contendiente. Destacó en el debate la polémica respecto de los inmigrantes, la manera en que se enfrentó la oleada migratoria proveniente del sur bajo la anterior administración y la forma en que se está llevando hoy día el tema. Para los Estados Unidos la inmigración es un asunto medular. No sólo por ser un país construido por inmigrantes, sino por ser hoy el principal foco de atracción migratoria del continente y de buena parte del mundo. Para el público norteamericano el tema es particularmente sensible por su impacto en el empleo, en los índices de delincuencia y en el sistema de seguridad social. Para nosotros un asunto pertinente.

Otro de los temas debatidos, con mucha pasión y poco estudio, fue el grave problema de la droga, flagelo que no es nuevo, pero sí creciente en ciertos sectores de la población estadounidense. No obstante, la discusión, más casuística que fundamental, careció de propuestas estructuradas y se limitó a acusaciones mutuas de ineficiencia. Algo similar a lo ocurrido con uno de los asuntos más primordiales en cualquier intercambio entre aspirantes a la primera magistratura: la economía. Es posible que al Lector, igual que a muchos, este acápite en particular le pareció como una de esas discusiones infantiles que, a veces, presenciamos. Mientras uno afirmaba haber logrado la mejor situación económica del país en toda su Historia, el otro señalaba exactamente lo contrario. Sin argumentos, sin cifras de respaldo y con el mero apoyo de la afirmación voluntariosa. Cuando uno aseveraba ser el mejor, el otro retrucaba “eres el peor”. Con ese nivel de argumentación y madurez.

Pocas veces la ciudadanía norteamericana se ha visto en un trance tan difícil como este. Al final, pareciera que el centro del debate no fue la argumentación o las ideas, sino la idoneidad moral de uno frente al estado de salud del otro. Mientras uno miente y hace trampas, el otro zigzaguea, se confunde y extravía. Lo triste para los norteamericanos y para el mundo entero, es que uno de ellos ganará. Cuando se debe elegir entre uno malo y otro peor, la democracia es la primera derrotada. Peor la esperanza es la última.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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