
¿Qué es?
La Physalis peruviana, conocida en Chile como “golden berry” o uchuva, es una fruta nativa de los Andes latinoamericanos que ha captado la atención de la comunidad científica en reiteradas ocasiones.
¿Cómo funciona?
Rica en antioxidantes, vitaminas y minerales, destaca por sus propiedades antiinflamatorias y su distintivo sabor agridulce.
¿Cómo surgió la investigación?
Entre ellas, la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, las cuales están caracterizadas por provocar episodios crónicos e impredecibles de inflamación en el intestino, con síntomas como diarrea, sangrado rectal y pérdida de peso que afectan significativamente la calidad de vida de quienes las padecen.
¿Cuál es el contexto farmacológico?
Si bien ya existen fármacos tradicionales —como corticosteroides e inmunosupresores— que ayudan con la sintomatología de las EII, estos pueden presentar efectos adversos que comprometen la calidad de vida, lo que impulsa la búsqueda de alternativas complementarias desde la alimentación.
¿Qué comentó una de las investigadoras?
“El tratamiento de origen farmacológico deteriora de manera importante la calidad de vida de estos pacientes. Claramente, el consumo de este fruto no constituye una cura, debe ser pensado como una terapia complementaria para tratar de disminuir la sintomatología y la progresión de la enfermedad”, explica la nutricionista Daniela Moya.
¿Cuál es la novedad?
Parte novedosa de este estudio es su enfoque, ya que en lugar de trabajar solo con los compuestos aislados del fruto, el equipo preparó un extracto obtenido mediante una digestión in vitro con el fin de aproximarse a lo que ocurriría tras el consumo real del fruto.
¿Cómo se llegó a la conclusión?
“Hicimos una digestión artificial en el laboratorio con tres etapas: oral, gástrica e intestinal. Usamos 50 gramos de pulpa de uchuva que fuimos mezclando con enzimas y soluciones digestivas a 37 °C, equivalente a la temperatura corporal. La fase oral se extendió por 2 minutos, mientras que las fases gástrica e intestinal tuvieron una duración de 2 horas cada una, simulando los tiempos digestivos reales”, añade Daniela Moya.
¿Cómo funciona?
Una vez obtenido el extracto digerido, el equipo lo aplicó sobre monocapas de células Caco-2, un modelo celular ampliamente utilizado en investigación intestinal.
“Son células originalmente de cáncer de colon que se diferencian a enterocitos, adoptando todas las características de las células epiteliales del intestino, por lo que resultan ideales como modelo de barrera intestinal”, explica el académico.
¿Cuál es la principal conclusión?
El estudio confirma que la fruta digerida tiene efectos antiinflamatorios, específicamente, logró reducir los niveles de tres marcadores de inflamación: las citoquinas IL-8 e IL-18, y la proteína quimioatrayente de monocitos (células del sistema inmune).
Aunque otras moléculas inflamatorias como el TNF-α y la IL-6 no mostraron cambios, los investigadores consideran positivo haber obtenido resultados en varias de ellas.
¿Cuál es la expectativa?
El equipo de estudio ve un gran potencial en promover el consumo de este fruto en Chile.
“Es fácil de cultivar y resistente, pero poco producido en el país. Promover su cultivo y consumo podría aportar beneficios nutricionales y funcionales”, explica Moya.
Además, sobre el consumo recurrente del fruto la líder del estudio concluye: “En general, mejoraría la calidad de vida y el estado general de los pacientes afectados”, agregó.