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“HABLEMOS DE FÚTBOL”: TALENTO VERSUS DISCIPLINA por Ricardo Moya

 

Cada cierto tiempo nos encontramos en conversaciones en las que difícilmente nos pondremos de acuerdo con nuestros amigos: definir qué fue primero, el huevo o la gallina; si es mejor ser vegetariano o carnívoro; si Maradona o Pelé fue el mejor de todos los tiempos; o si son mejores las primeras o las segundas películas con un mismo título. Son espacios de discusión entretenidos y frecuentes, en los que no siempre llegamos a acuerdos, pero sí aceptamos la visión de los otros, ya que entendemos que no somos dueños de la verdad absoluta.

 

En el fútbol, no pocas veces nos encontramos con una discusión similar, quizá una de las más recurrentes: ¿qué es más importante, el talento o la disciplina? ¿El talento nace o se hace? ¿Se puede llegar a ser talentoso solo a base de disciplina? Son preguntas que aparecen en camarines, canchas de barrio, escuelas de fútbol y también en el alto rendimiento.

 

¿Quién no se ha maravillado con niños y jóvenes que convierten, al menos, uno o dos goles por partido, eluden rivales con gambetas soñadas y resuelven jugadas con una naturalidad que sorprende? El talento, entendido como esa facilidad natural para ejecutar acciones técnicas con fluidez y creatividad, suele manifestarse temprano. Es ese jugador que parece hacer todo con menos esfuerzo, que aprende rápido, que resuelve situaciones complejas de manera simple y que destaca aun sin demasiada preparación.

 

Sin embargo, el talento por sí solo no garantiza nada. El fútbol está lleno de historias de jugadores talentosos que se quedaron en el camino por falta de compromiso, constancia o cuidado personal.

 

Por otro lado, la disciplina es la que sostiene el proceso. Es la que permite entrenar cuando no hay ganas, cuidarse cuando nadie está mirando y repetir una y otra vez las acciones hasta perfeccionarlas. La disciplina no siempre te convierte en un jugador brillante, pero sí te acerca a tu mejor versión posible. En muchos casos, futbolistas sin grandes condiciones iniciales han logrado carreras sólidas gracias a su mentalidad, esfuerzo y profesionalismo.

 

En el fútbol moderno, donde el ritmo es alto y las exigencias físicas y tácticas son cada vez mayores, la disciplina se vuelve indispensable. El talento sin disciplina suele ser efímero; la disciplina sin talento puede tener límites, pero suele ser mucho más confiable. Cuando ambas se encuentran, aparece el jugador completo: ese que marca diferencias y se mantiene en el tiempo.

 

Tal vez la pregunta no debería ser qué es más importante, sino cómo lograr que el talento no se desperdicie y que la disciplina potencie las virtudes de cada jugador. Porque, en definitiva, el fútbol no premia solo al que más sabe, sino al que mejor se prepara para competir cada día.

 

Entonces, alguien podrá empezar muy bien una carrera, tal vez ser una promesa a todas luces, incluso un genio deportivo en determinado momento. Pero la experiencia nos dice que todo esto no basta: el esfuerzo, el sacrificio y las ganas de superación diaria son algunos de los factores que marcan la diferencia entre quienes llegan —o no— a convertirse en grandes jugadores de fútbol en el mundo.

 

Ricardo Moya Sánchez

Profesor de Educación Física

Licenciado en Educación Técnico de fútbol amateur

 

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