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Historias de un cauceo

Una noche soñé que estaba condenado a muerte y mis asesinos me daban la oportunidad de elegir mi último alimento. Me complicaba la decisión, porque son muchos y muy diversos. Al despertar decidí traspasar la inquietud a otros, así que me contacté con los personajes principales del relato “Prefiguración de Sergio Vallejos”, publicado en el libro El Impostor (2016) y los interrogué: 

César Wong (50 años), empresario talquino, de padre chino y madre talquina: “Creo que elegiría una buena churrasca de la 11 Oriente con 9 Sur, una ‘queso palta’, calentita, con ese suave aroma ahumado, tostada”.

Sergio Vallejos (34 años), detective privado, talquino hasta la médula: “Lo mejor antes de morir sería un completo del Ruta 66… como segunda opción, uno del cuarto carrito de la 5 Oriente, de norte a sur, cuando está de turno la Martita, hecho por ella o nada”.

Milena Medina (28 años), estilista venezolana, se declara antichavista: “Cuando llegué a Chile quedé deslumbrada con esa delicia que ustedes hacen con jojoto y ese guisito de carne. Ojo que antes de venirme no veía la carne hacía años. El pastel de choclo, esa sería mi elección”.

Guan-Yin (43 años) guardaespaldas chino, instalado en Talca hace 10 años: “Lo único bueno de esta ciudad es el pollo mariscal de Los Olivares, al lado de las Viejas Cochinas”.

Milena: “¡Agridulce, miéchica!, como dicen ustedes”

A veces no entiendo cómo a algunos no les va a gustar estar saboreando un buen pastel de choclo en una tarde soleada de Corralones o de Teno, con la mazamorra durita y, por supuesto, dulce, porque así también se come por estas zonas, ¡agridulce, miéchica!, como dicen ustedes, con una buena presa de pollo de campo, pollo feliz, como decía la señora Bernarda, mientras molía con fuerza y decisión el choclo en un molinillo, debajo del parrón de su casa en San Clemente, donde conocí este manjar.

Cómo no me va a gustar doblegar la furia de ese pino sabrosísimo, elaborado con una rica posta de vacuno chileno, cortada en cuadros y unas cebollas recién arrancadas de la tierra, el huevo duro de gallina también feliz. Bien calentito el pastel de choclo, servido en una fuente de greda, cocinado en el horno de barro, bien dorado, con una costrita en la mazamorra, remojado con vino tinto, cuchareando el caldito.

Cómo a uno no le va a gustar comerse un buen pastel de choclo en el verano caluroso de Talca o de San Javier, toda transpirada, luchando como un gladiador romano contra una bestia salvaje. Pero qué emocionante es encontrarse con un trutro o una pechuga asada, cuando nos abrimos paso, como en una caja de pandora, hasta descubrir lo que se esconde bajo esa gruesa y amarilla capa de pasta de choclo, con hollejo o sin hollejo, qué importa, si igual queda bueno.

Dicen que lo ideal es que el choclo sea nuevito. Cómo no me va a gustar observar ese pastel de choclo en su plato de greda, brillando bajo el sol de este Maule que me acogió, brillando como un tesoro, como una vasija llena de oro. Pero qué rico es poder devorar un pastel de choclo en un mesón largo, cubierto con el mantel de hule, bajo el parrón o la higuera, metiendo la cuchara en el plato, mezclando la mazamorra con el pino, de manera uniforme, hasta llevarlo a nuestra boca y sentir en todo nuestro cuerpo y mente esa perfecta y profunda sensación de tocar el sol con las manos.

Sergio: “El completo, ese coqueto y glorioso ser”

La realidad es aquello que “se da”, como comerse un completo a media tarde o en la mañana, y encontrarse con ese coqueto y glorioso ser, para morder su corazón y destripar sus intestinos, quizás después de un carrete, en los carritos de la 5 Oriente, o en la Blanquita, también puede ser en el Lulo o la tía Marcela, el Black Dog no anda mal y el Alex collerea solo para valientes, esos que no tienen miedo a mancharse.

Casi siempre mis favoritos son en el Ruta 66. Completos que son tan dignos y queridos, como una señora de campo. Humilde pan suavizado al vapor en un local de la Padre Hurtado o de la San Miguel del Piduco, levantando el ánimo de los asalariados, rompiendo las fronteras de la desigualdad social.

Si todos somos amigos atravesándonos un italiano o uno con americana y bastante mayo casera. En ningún lugar son iguales, pero en todo el radio urbano de Talca son bastante buenos, he estado en varias ciudades de Chile, investigando desde infidelidades, robos, hasta asesinatos entre familiares por la fortuna de la tía solterona y adinerada. El mundo es cruel, realmente feroz, por eso un completo siempre puede darte una esperanza, para seguir poniéndole el hombro al día a día.

César: “Esa churrasca calentita, que me quita el frío y el hastío”

Cómo quisiera estar frente a una majestuosa churrasca talquina, en un invierno frío y nublado, frotando mis manos sobre ese humilde calor del carbón, curtido en la cordillera de la costa, capaz de forjar esa sencilla pero incomparable churrasca talquina, unida con el agua pura de las vertientes de Vilches o el Colorado; la sal marina de Iloca y la manteca de chancho pues, como tiene que ser, y la harina del noble trigo, amasada por las manos creadoras y bondadosas de las mujeres y hombres de estas tierras.

Cocida en ese carbón de espino, en una parrilla. Vuelta tras vuelta, la masa toma forma, color y textura y todos los elementos se materializan en una churrasca noble y apetitosa, que según el comensal, gustará de una churrasca delgada y crujiente, o más bien gorda y esponjosa, y que según el distinguido local donde es adquirida puede llevar entre sus ingredientes pernil, ave mayo, palta, tomate, mantequilla, arrollado, queso, carne mechada y un largo listado que sin ningún problemas puede mandar a la lona hasta al más comilón de la comarca.

Cómo quisiera estar degustando esa churrasca calentita, que me quita el frío y el hastío, que me sirve de bálsamo cuando estoy triste y recompone la confianza de los miles de talquinos condenados inconmensurablemente al trabajo y la rutina diaria. Cómo agradezco cuando entre la neblina y la escarcha se asoma una regia churrasca, conectándome un furioso golpe de energía y de vitalidad, otorgándome alma, humanidad, que me permite caminar con la frente en alto, sin importar lo dura que pueda ser la vida, preocupado solo de seguir saboreando y pensando en esa simple pero grandiosa churrasca con queso y palta que alguna vez comí con regocijo en la 11 Oriente con 9 Sur.

A la manera de los antiguos, griegos y cristianos, glotones milenarios que saboreaban panes y tortillas. Así saboreo una churrasca talquina, esa perfecta comunión, el mejor desayuno por estas tierras, no es más que una amalgama entre lo humano y lo divino, entro lo rural y lo urbano, entre el ser y el no ser. 

Guan-Yin: “Nunca olvidaré la sensación de ese caldito”

Cuando llegué a Talca en el año dos mil seis para proteger los intereses e intimidar a los enemigos de un conocido empresario de la construcción de la época, lo primero que comí fue un pollo mariscal en Los Olivares, ellos me llevaron y bebimos vino blanco y después tinto, me mostraron el río en el que después haríamos desparecer los cadáveres. Nunca olvidaré la sensación de ese caldito, calentito, con un poco de limón, que me trajo calor nuevamente al cuerpo, era un invierno crudo, esa misma madrugada vi la Alameda llena de escarcha, siempre he detestado el invierno y el verano de esta ciudad, solo me gusta el otoño y la primavera, por las flores, que me recuerdan las calles eternas en China, adornadas por los rosados cerezos en Xingyi.

Sobre los entrevistados: Estos cuatro individuos son parte del último relato del libro El Impostor publicado en 2016 por un escritor talquino. El narrador los reunió en una mesa redonda, a la que los invitó a degustar su plato elegido. Además de dialogar sobre la comida, expresaron no saber en qué parte de la ficción estaban, pues solo aparecían cuando alguien los leía, pero la verdad es que nadie lo lee, por lo que concordaron en que se sienten como desempleados o desocupados.

Coincidieron en que no odian al autor del libro, pero sí le reprochan algunas partes con las que no están cómodos. Finalmente, declararon volver pronto a entrar en acción, saben que la pandemia arruinó muchos planes; de todas formas, finalizaron diciendo que el libro está disponible en las bibliotecas públicas, municipales y de las universidades de la ciudad.

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