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¿HUBO TORTA? por Juan Carlos Pérez de La Maza

Vamos a dejar para las próximas semanas el análisis del cambio de Gabinete. Hoy preferimos analizar el primer aniversario de Gabriel Boric y sus amigos en La Moneda.

En aquellos países, como el nuestro, en que el mandato gubernamental es de 4 años, sin reelección inmediata, es posible distinguir claramente cuatro etapas, que coinciden con cada uno de esos años: De instalación, de realización, de consolidación y de proyección. Algunos gobernantes consideran esos años demasiado breves, inasibles casi. El tiempo de gobierno, a algunos, se les hace nada, pasa demasiado rápido. Pero a otros, los de la vereda opuesta, esos años se les hacen interminables, casi eternos, y sólo quieren que la espera termine pronto.

Nuestro actual Mandatario acaba de cumplir su primer año, el de la instalación. Dado el perfil del Presidente, y el de sus equipos, este año de instalación era más fundamental que en casos de Mandatarios con experiencia y equipos que también la tenían. Es que la escasez de práctica gubernamental no se puede suplir con estudios académicos ni con buenas ideas. Por eso, cuando Boric fue electo, el más joven en ocupar La Moneda, muchos esperábamos que se rodeara de equipos fogueados en las lides del poder, que aportaran ese conocimiento empírico que sirviera de sustrato a los aires refundacionales que traía el nuevo Gobierno. Pero no fue así. El equipo ministerial y la plana mayor de la administración que Boric designó, estuvo plagado de debutantes, caras nuevas, de jóvenes con muchas ganas y escasa experiencia. Salvo un par de excepciones, nombrados más por compromiso que por convicción, el equipo fue descrito como una suerte de grupo de alumnos en práctica. El problema es que a La Moneda no se va a aprender.

Esta etapa de instalación se inició, incluso, antes del 11 de marzo de 2022. Su comienzo fue en enero, cuando el Presidente electo se instaló en lo que llamaron “La Moneda chica”, un inmueble que muy pronto se transformó en una especie de lugar de peregrinaje al que acudían todos aquellos necesitados de algún favor presidencial. O, también, devotos que querían una selfie con aquel que, decían, iba a “cambiarlo todo”. La popularidad, y las expectativas que generaba el Mandatario electo, eran igual de elevadas. Hasta que se instaló. Hace 365 días. Hoy, la aprobación presidencial, al igual que las expectativas, son menos de la mitad de lo que fueron. A sólo un año de iniciado el mandato. ¿Qué pasó en esa etapa de instalación, que concluyó ayer?

Pasaron muchas cosas y la mayoría de ellas evidencian esa falta de experiencia que señalábamos. Tal vez el símbolo de esa inexperiencia, combinada con voluntarismo e imprudencia, fue la frustrada visita que quiso hacer la Ministra del Interior, Izkia Siches, al “territorio autónomo” de Temucuicui. Creyendo que sería recibida con abrazos, el “Wallmapu” como estilaba decir la Ministra, la recibió con balazos. Más tarde protagonizaría otra serie de desaciertos, ligerezas e irreflexiones, como acusar al gobierno precedente de haber traído de regreso al país a migrantes expulsados.  Sin embargo, en esta etapa de instalación la actual administración evidenció, amén de inexperiencia, tozudez, obstinación y … falta de experiencia. Como haber apoyado, porfiadamente, el trabajo y el fruto de la infausta Convención constitucional, lo cual le propinó la mayor derrota electoral de una administración en las últimas décadas. O, en otro caso, haber decidido, contra toda prudencia y mesura, indultar a más de una docena de delincuentes condenados por los Tribunales, que le valió una desaprobación record y un tirón de orejas de la Corte Suprema. Este ha sido, dicen, el mayor error de Boric. Hasta ahora.

Lo único bueno, más bien esperanzador, es que esta etapa de instalación ya se acabó. Y, a partir de mañana, se inicia la de realizaciones, de obras concretas, tangibles. No discursos, poesía, ni promesas. Por eso, sólo cabe esperar que la instalación haya producido la experiencia y la madurez tan necesaria, para colmar alguna de las abundantes expectativas que, sin mucho asidero, este gobierno desató, hace justo un año. ¿Hubo torta? No lo sé, pero sospecho que los ánimos no están para pasteles.

Juan Carlos Pérez de La Maza *

Licenciado en Historia

Egresado de Derecho

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