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LA COMUNICACIÓN TECNOLÓGICA VERSUS LA HUMANA por Rodolfo Schmal 

Sin duda que la tecnología, los portentosos avances tecnológicos que estamos viviendo están cambiando la forma en que nos relacionamos y ocupamos nuestro tiempo.

Pero para muchos adultos mayores, la velocidad de los cambios es tal que superar la velocidad con que son capaces de adaptarse a tales cambios. Les complica enormemente mantenerse en la cresta de la ola tecnológica. E imperceptiblemente van quedando atrás, como quien está en una carrera que no pueden seguir por más pino que le pongan.

También está el caso de quienes se resisten a incursionar en el ámbito tecnológico para no perder el contacto humano, desdeñando las ventajas que su uso podría entrañar. Prefieren ir al banco, hacer colas o esperar con tickets en mano su turno, para efectuar pagos de cuentas o depósitos a terceros, antes que ocupar la alternativa de acceder a los servicios bancarios vía internet.

Lo hacen para socializar, para encontrarse con otros, para conversar sobre el tiempo, lo que está pasando, para sentirse vivo, para interactuar tocando, viendo, sintiendo, seguir pisando tierra, no depender de la tecnología, no volverse loco cuando internet se caiga cuando menos debe caerse. Porque la ley de Murphy está siempre ahí, presente, al acecho, lista para cumplirse en el momento menos oportuno.

Se dice que se pierde tiempo, en el traslado, en las esperas. Es cierto, pero el tiempo, para un adulto mayor no suele ser un recurso escaso, sino todo lo contrario, y eso se agradece. Salir de casa, aprovechar de encontrarse con alguien para tomarse un café conversado, no tiene precio.

Atrae poder hacerlo todo en casa con un solo click. Sin duda. Vitrinear por internet para comprar lo que se quiere, comparar calidades, precios en la tranquilidad de la casa. Pero también están quienes prefieren salir de compras, vitrinear físicamente, realmente, no virtualmente, para poder mirar y tocar lo que se quiere, así como encontrarse con alguien.

Con la pandemia tuvimos que aislarnos, conectarnos virtualmente y hacer pedidos por internet. Las ventas por internet se dispararon, menguando las ventas en tiendas físicas. Si bien la pandemia quedó atrás, el comercio virtual llegó para quedarse, aun cuando unos más que otros, somos esencialmente seres sociales.

En qué terminará todo esto. No lo sé, pero sospecho que al final del día convivirán pacíficamente. No creo que desaparezcan los bancos físicos ni las tiendas físicas, tal como no desapareció la radio cuando apareció la televisión, ni el libro cuando apareció el libro electrónico (e-book), ni los medios de comunicación impresos cuando surgieron los digitales, ni las cafeterías cuando aparecieron las cafeteras caseras. La necesidad de estar acompañados, de estar con otros, de relacionarnos humanamente, de vernos, saludarnos, querernos físicamente sigue presente, quizás con más fuerza que nunca.

Personalmente, mientras mis capacidades me lo permitan, seguiré usando los dos canales, el real y el virtual. Cada uno tiene sus ventajas y desventajas, que cada uno de nosotros sabrá sopesar en base a sus propias características.

Rodolfo Schmal S.

Ingeniero Civil Industrial U. de Chile

Magister en Informática de la U. Politécnica de Madrid-España

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