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La cueca del cabo Arsenio Tolosa, héroe del Batallón Cívico Talca

Fue como si Arsenio le susurrara al oído. “Por aquí, Diego, por aquí…”. Y Diego, el tataranieto, comenzó a seguir los latidos. Descubrió que Arsenio combatió en la Guerra del Pacífico, que bajó corriendo el cerro Sazón en Huamachuco, como lo hacía en los cerros de Huerta de Maule (Rodrigo Contreras Vergara)

Diego en la plaza de Huamachuco donde se ubica el Colegio San Nicolás, en cuyas dependencias se alojó el Batallón Talca.

Arsenio Tolosa fue hijo natural. Su padre no lo reconoció. Nació en la localidad de Huerta de Maule en 1858. Cerca de esas tierras, en El Sauzal, vivía María de la Luz Soto Bernal. Un cerro los separaba.

Diego Rojas Espinoza, tataranieto de Arsenio, en un momento del relato se emociona. Le cuesta seguir hablando. Porque, la verdad, nunca pensó que Arsenio podría cruzarse en su camino. Si no es por un primo, Rodrigo, que comenzó a contarle algunas cosas, jamás se hubiera enterado que existía. Le habló de un quepi, de medallas, de ropa. Cosas que, lamentablemente, se perdieron. Le contó que Arsenio había ido a Perú a combatir en la Guerra del Pacífico.

Así empezó todo. Luego fue uniendo cabos. Pero no solo en plan de recuperar una historia familiar. Siente que hay algo que lo une a Arsenio, como si él quisiera comunicarse, hablarle. Es Arsenio quien lo ha guiado, quien le ha puesto las pistas en el camino.

Diego, recién nacido, fue operado del corazón. Y resulta que, investigando, da con un libro de relatos sobre las apariciones de la Virgen del Carmen. Una de esas historias hace referencia al soldado Arsenio Tolosa y un incidente que vivió en la batalla de Miraflores. En esa ocasión Arsenio es herido en el pecho. Se pensó que la herida era mortal. Pero al abrir el uniforme sus compañeros encontraron que un escapulario de la virgen había desviado el proyectil. Su madre, Magdalena Tolosa, le regaló el escapulario antes de que partiera a la guerra. Entonces, dice Diego, “yo me salvé y él también”.

Diego siempre lleva un escapulario de la Virgen del Carmen. Tenía tres. Uno lo dejó en Perú, en el cerro Sazón, lugar estratégico durante la batalla de Huamachuco, donde participó Arsenio como parte del Batallón Talca. Otro lo dejó en la fosa común donde, supone, descansan los restos de Arsenio junto a los de otros veteranos de la Guerra del Pacífico en el Cementerio Municipal de Talca. En principio sus restos fueron depositados en el primer mausoleo de los veteranos. Pero la estructura cedió en uno de los terremotos que afectó a la ciudad en el siglo XX, siendo trasladados en ese momento a la fosa común.

LOS RASTROS

En la pesquisa sobre Arsenio, Diego recibió la ayuda de Roberto Sagal, familiar de otro veterano del Batallón Talca. También se comunicó con Mauricio Pelayo, otro investigador de la Guerra del Pacífico que le aportó información relevante. El Ejército le entregó el certificado de servicios de Arsenio Tolosa, documento donde se señala que su tatarabuelo ingresó en calidad de soldado a la primera compañía del Batallón Cívico Talca el 4 de julio de 1880. Que participó en las batallas de Chorrillos, Miraflores y Huamachuco, y que el 1 de febrero de 1884 es ascendido a cabo segundo. También que recibió dos medallas de plata, una por participar de la Campaña de Lima y otra por la Batalla de Huamachuco.

Diego se imagina la batalla de Huamachuco. Al Batallón Talca parapetado en el cerro Sazón. A Arsenio armado con su fusil corriendo cerro abajo a enfrentarse a los peruanos. Un cerro que no le era ajeno del todo, que le recordaba quizás cuando debía subir y bajar el monte que separaba Huerta de Maule de El Sauzal para ir a visitar a su amada.

Lo más seguro, piensa Diego, es que Arsenio se enterara en la misa dominical de la muerte heroica de Arturo Prat, motivándose a enrolarse en el Ejército junto a otros jóvenes de Huerta de Maule. Lo observa en la Estación de Talca asomado en una ventana del tren que lo lleva a la guerra, despidiéndose de su madre y de una enamorada María de la Luz.

Habló con Arsenio en el mismo cerro Sazón, hasta donde viajó guiado por los susurros del tatarabuelo. Tenía que conocer el lugar donde Arsenio se ganó su medalla. Atisbar, muy levemente, lo que debe haber sentido, el temor tal vez a la muerte, el valor que asoma en medio de la guerra.

DESPUÉS DE LA GUERRA 

El regreso debió ser una fiesta, piensa Diego. Lo primero que hizo Arsenio al volver fue casarse con María de la Luz. Iniciar una vida familiar bajo los honores y fanfarria del héroe que vuelve sano y salvo. ¿Sano y salvo? Arsenio volvió como héroe, sí, pero las cosas no salieron como esperaba. Sin un oficio estable, se dedicó -cree su familiar- a labores agrícolas. Debió tener estudios básicos, saber leer y escribir, ya que era requisito para ascender de soldado raso a cabo segundo.

Fue difícil la vida de Arsenio tras regresar de la guerra. Se fue un tiempo a San Carlos. Ahí se metió en problemas y fue detenido por un delito menor, según pudo corroborar Diego en registros de la época. Este antecedente explicaría, asegura su tataranieto, que el nombre de Arsenio Tolosa desapareciera de informes oficiales sobre homenajes y reconocimientos al Batallón Talca.

Las cosas siguieron mal. La familia, esposa y seis hijos, debe haber pasado penurias. Una nota del diario La Mañana, a inicios de la década del 20 del siglo pasado, da cuenta de la precaria situación económica de algunos veteranos de la guerra, entre ellos, Arsenio.

Arsenio Tolosa murió en 1924 a los 64 años. Su esposa hizo los trámites para recibir la pensión de viudez. De esa gestión se pudo rescatar la fotografía de María de la Luz que acompaña esta crónica. No hay imágenes de Arsenio. Tampoco sobrevivieron los recuerdos de la guerra. Lo más probable es que su nombre se hubiera perdido entre los restos de los veteranos enterrados en la fosa común del cementerio. Pero el destino, no cualquier destino, sino el de Diego, dijo otra cosa.

Diego Rojas es ingeniero comercial. La historia no fue una de sus asignaturas especialmente preferidas. Arsenio se fue abriendo paso hasta colarse en rimas y canciones, en cuecas y rock. Porque Diego es, además, músico y a través de sus canciones sigue charlando con Arsenio. Le hizo una cueca (ver recuadro), le escribió unas décimas. Sigue rezando sin ser católico practicante, pidiéndole que lo acompañe, que siga susurrándole el camino.

GALERÍA DE FOTOS

Diego Rojas se inspiró en la vida de su tatarabuelo, Arsenio Tolosa, para componer la cueca “Que lindo que es mi nombre”.
Fotografía de María de la Luz, quien tras fallecer Arsenio, realizó los trámites para recibir la pensión de viudez.
El libro sobre la Virgen del Carmen, donde se relata la historia de Arsenio y el escapulario que le salvó la vida.
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